Tata

La mesa de la estancia y el freno de mano a Elsa

Recuerdo patente una anécdota muy cortita pero sumamente ilustrativa de las pulseadas en el living de la familia.

Un día, mi bisabuela Brígida se encontraba almorzando con todos nosotros en el comedor de la estancia. Es la única vez que recuerdo que ella haya ido. En general, íbamos nosotros a verla a ella. Pero ese día, por alguna razón, la habían llevado. Allí estaban también Tata junto a Elsa.

En medio de la comida, Elsa empezó de pronto a alabarme de forma exagerada, una actitud que a mí siempre me olía mal. Muchas veces pensé que ella intentaba congraciarse de contrabando conmigo, porque en su mente calculaba que yo la iba a apoyar si había problemas o discusiones con el resto de la familia.

Yo leía eso entre líneas y no decía nada pero tampoco creía en lo más mínimo esas cosas maravillosas que ella decía sobre mí. Tal vez también intentaba congraciarse con mi madre, mi abuelo, mi bisabuela e incluso con mi padre.

Pero en ese momento, mientras almorzábamos y Elsa continuaba intentando alabarme, la abuela Brígida se plantó firme, la miró con total autoridad que tenía por su posición de matriarca, y le soltó sin anestesia que me iba a echar a perder, parándole el carro de un solo zarpazo.

Mi bisabuela hablaba mucho pero lo poco que decía demostraba su sabiduría de la vida y todos se paraban con respeto y un poco de miedo cuando ella marcaba qué era lo que había que hacer.

Aquello "parada de carro" a Elsa me resultó sumamente divertido y la dejó completamente muda, congelada y sin argumentos en medio de la conversación de la mesa.

¡Esa anécdota es una muestra perfecta del carácter inquebrantable de la matriarca!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.