Susan
Sin duda alguna, voy a terminar volviéndome completamente loca.
No sé qué hacer.
Al principio era lindo el modo en que Derek me cuidaba. Incluso me parecía adorable que estuviera pendiente de mí a cada instante. Pero después empezó a volverse incómodo, especialmente cuando tuvo que ayudarme a cambiarme de ropa.
Después del tercer día decidí que ya había tenido suficiente vergüenza y empecé a usar prendas más ligeras que no necesitaran demasiada ayuda. Para mi alivio, tres días después ya podía hacerlo completamente sola.
Siempre he odiado depender de los demás y ahora dependo de Derek para casi todo.
Dependo de él para que se encargue de mi trabajo mientras me recupero. Dependo de él para las tareas que todavía no puedo hacer. Dependo de sus manos, de su paciencia y de esa maldita costumbre que tiene de aparecer cada vez que necesito algo, incluso antes de que yo sea capaz de pedirlo y lo peor no es depender de él.
Lo peor es que me gusta.
No sé qué me está pasando últimamente. Quizás sea el calor. Estamos a punto de llegar al verano y, de alguna manera, siento que mi cuerpo está ardiendo día y noche. Ningún baño de agua fría consigue calmarme. Ni siquiera dormir sirve para escapar de esa sensación.
Porque cuando cierro los ojos, aparece él.
Derek.
Su sonrisa, su voz, sus manos ayudándome. La manera en que me mira cuando cree que no estoy prestando atención y entonces vienen los sueños.
Esos malditos sueños que definitivamente tengo que olvidar.
No sabía que mi propia mente podía ser tan pervertida hasta que empecé a soñar con mi mejor amigo de maneras que jamás debería imaginar.
Lo peor es despertar y encontrarlo ahí. Tan cerca, dormido en el sofá, preparándome el desayuno, preguntándome si necesito algo o sonriéndome como si no tuviera idea de lo difícil que está siendo para mí fingir que todo sigue igual.
Porque ya no puedo mirarlo como antes.
Antes podía abrazarlo sin pensar en nada. Ahora, cuando sus brazos me rodean, tengo que concentrarme en respirar y recordar que debo soltarlo antes de que mi corazón termine confesando por mí lo que llevo demasiado tiempo escondiendo.
Antes podía quedarme a solas con él durante horas, ahora cada vez que se acerca siento que mi cuerpo se pone en alerta. Quiero tocarlo, abrazarlo, apoyar la cabeza sobre su pecho y quedarme ahí.
Quiero besarlo.
Dios.
Quiero besarlo tanto que resulta ridículo y esa es precisamente la parte que más miedo me da porque ya no se trata solamente de que Derek sea guapo. Siempre lo ha sido. Tampoco es culpa del verano, del calor o de mis hormonas.
Soy yo.
Yo soy el problema.
Porque llevo demasiado tiempo enamorada de mi mejor amigo y, por primera vez, estar tan cerca de él me está haciendo imposible seguir fingiendo que no siento nada.
Cada vez que me cuida, quiero decirle que lo amo, cuando me mira, quiero acercarme y besarlo. Cada vez que se preocupa por mí, tengo que morderme la lengua para no preguntarle si alguna vez podría verme como algo más.
Pero no puedo hacerlo, no puedo arriesgar nuestra amistad así que sonrío, hago broma o me burlo de él y finjo que no pasa nada mientras por dentro estoy librando una batalla campal porque lo único que quiero hacer cuando Derek se acerca es lanzarme sobre él, besarlo y confesarle de una vez por todas que estoy completamente enamorada de él.
El problema es que todavía no tengo el valor suficiente para descubrir qué pasaría después.
—¿A dónde vas? —pregunta al verme salir de la habitación.
Hoy es sábado y toca ser niñera.
—Iré a la casa de los Walson.
Ni siquiera levanto la mirada para verlo. Sé que, con solo mencionar ese apellido, es suficiente para que su expresión cambie.
—Creí que ya habían conseguido a alguien que cuidara a sus hijos —gruñe molesto—. ¿Por qué no lo hace el mayor? Tiene edad suficiente para hacerse cargo de sus hermanos.
—Porque sabes muy bien que no lo haría —respondo mientras guardo el móvil en el bolso—. La señora Walson dice que Aaron no tiene paciencia con sus hermanos. Además, hoy estará de fiesta, como siempre.
—Iré contigo.
—No es necesario que me ayudes―Levanto la mirada para enfrentarlo—La señora Walson ha dejado hasta la cena preparada. Solo estaré ahí para supervisar que no se metan en problemas y se vayan a la cama temprano.
No es muy frecuente que cuide a los hijos de los Walson. Solo lo hago cuando ella y su esposo tienen que salir y necesitan a alguien que se quede con los niños durante unas horas. Casi siempre regresan antes de las doce. Al señor Walson no le gusta trasnochar; dice que eso desgasta el cuerpo y la mente.
Derek abre la puerta y se hace a un lado para que pueda pasar.
Sé perfectamente que no me dejará pedir un vehículo y tengo la sospecha de que terminará esperando en el coche hasta que salga de trabajar.
Suelto un suspiro.
Con Derek es difícil ganar cuando se trata de estas cosas. Llegamos a la casa de los Walson y me quedo mirando la entrada antes de bajar.
—De verdad, no tienes que esperar. Te enviaré un mensaje para que puedas recogerme si eso te hace sentir más tranquilo.
—No te preocupes. Tengo suficiente música para entretenerme en el coche.
Se acomoda en el asiento como si acabara de anunciarme que piensa pasar allí las próximas cinco horas.
Resoplo antes de bajar.
No es la primera vez que se queda esperando por mí.
En fin, ya no puedo hacer nada.
Camino hasta la puerta y apenas toco el timbre cuando la señora Walson abre.
—Querida, qué bien te ves.
Me saluda con un beso en la mejilla.
—Y usted se ve muy hermosa. Se nota que va a ser el centro de atención de esa cena.
Ella sonríe, complacida.