Derek
Sentía que había dejado de respirar, no podía creer lo que estaba pasando.
Susan y yo nos estábamos besando.
No sé cuántas veces me lo había imaginado y, sin duda alguna, es mejor de lo que imaginé.
Al principio Susan se queda quieta, en shock, como si procesara lo que estamos haciendo, y cuando pienso que me va a empujar y darme una bofetada, empieza a corresponder.
Nos dejamos llevar, besándonos como si tuviéramos experiencia, como si lleváramos tiempo haciéndolo, hasta que me doy cuenta de que debo detenerme o terminaré perdiendo el control y no puedo hacer eso. Es nuestro primer beso y conozco a esta mujer como la palma de mi mano; sé que, si sigo, terminará huyendo asustada.
Me separo a regañadientes y me quedo observando su rostro. Sus labios hinchados me hacen sentir orgulloso. Ella mantiene los ojos cerrados hasta que sus párpados se abren lentamente y me observa con las mejillas sonrojadas.
—Derek, yo…
—Shh. No digas nada —pego nuestras frentes—. Déjame disfrutarlo un poco más.
—¿Disfrutarlo? —pregunta divertida.
Eso es bueno, quiere decir que no está enojada por haberla besado.
—No sabes cuánto tiempo llevo deseando hacer esto.
—Hablas… ¿hablas en serio?
—Sabes que jamás bromearía con algo así —me separo y paso un mechón de cabello por detrás de su oreja—. ¿Acaso no ha sido obvio?
—La verdad es que nunca me hubiese imaginado que querías besarme —susurra un poco tímida, bajando la cabeza.
—No solo he querido besarte todo este tiempo, también he querido hacer muchas cosas —se separa más, luciendo un poco molesta, cruzando los brazos—. No hablo de sexo —sonrío—. Bueno, no del todo —me da un pequeño golpe en el hombro y me quejo de forma exagerada—. Hablo de querer algo contigo.
—¿De verdad? —sus ojos se iluminan.
—¿Crees que estaría paseando perros o cortando césped mientras soy devorado con la mirada de una anciana? —suelta una carcajada—. No solo la anciana, también por ti.
—¡Eso es mentira! —vuelve a golpearme.
—Siempre he estado detrás de ti, pero parece que tú nunca te has dado cuenta.
—La verdad es que… tú también me gustas.
—Lo sé.
—Eres un arrogante.
—Lo sé —me cubro cuando intenta golpearme de nuevo y no hago más que reír—. Es broma, si hubiese sabido que te gusto hace mucho, me hubiese lanzado sobre ti.
—Parece que hemos perdido mucho tiempo.
—No creo, esto ha servido para darme cuenta y no tener dudas sobre mis sentimientos hacia ti.
—¿Me quieres?
—No sabes cuánto —me acerco robándole un beso—. Lo quiero todo contigo, que seas mi novia, mi esposa, y algún día tengamos muchos hijos que…
—¡Un momento! —me empuja y empieza a abanicarse con las manos—. Vamos con calma, ¿esposa? ¿hijos? —ambos reímos.
—Todo a su debido tiempo —digo, agarrando su mano para besar el dorso—. En cuanto termines la universidad estarás embarazada.
—¡Derek! —empiezo a reír a carcajadas cuando intenta golpearme de nuevo.
Le robo otro beso antes de bajar del coche y corro a abrirle la puerta. Como el caballero que soy, la ayudo a bajar tomando su mano y me inclino haciendo una pequeña reverencia.
Susan se ríe y ella no sabe cómo adoro verla sonreír.
Con las manos entrelazadas caminamos al elevador, esperamos y subimos a nuestro departamento. Luego nos sentamos en el sofá y ella apoya su cabeza sobre mi pecho mientras paso el brazo por sus hombros.
—¿Qué va a pasar ahora?
—Seremos novios.
—Ni siquiera me lo has pedido —bufa, rodando los ojos.
—No tengo que pedirlo, ya aceptaste tu destino.
—¿Cuándo acepté eso?
—Cuando dejaste que te besara.
—Te estás pasando —me señala con el dedo y me acerco para morderlo, pero ella logra esquivarlo y me pellizca el estómago.
—Estás muy agresiva el día de hoy.
—Y tú muy alborotado —se pone de pie y me mira sobre su hombro—. Quizás un baño con agua fría te ayude.
—¿No vas a dormir conmigo esta noche? —me pongo de pie haciendo un ridículo puchero.
Hemos dormido juntos varias veces, aunque nunca hemos hecho nada, y no pienso hacerlo esta noche. Aún es pronto, pero sí quiero dormir abrazado a su cuerpo.
—No somos novios aún, no hasta que me lo pidas.
—¿Quieres ser mi novia?
—No —se ríe y se da la vuelta para ir a su habitación.
—¿Cómo qué no? Me dijiste que te pidiera ser mi novia.
—Esa no es la forma de pedirlo.
—¿Entonces?
—Eso te lo dejo de tarea.
Sonríe y cierra la puerta en mi cara.
¿Ahora qué voy a hacer?
Bueno, si ella quiere una propuesta romántica, se la daré y no descansaré hasta que diga que sí.