Todo fue un error

Capítulo 12

Susan

Cuando salgo de mi primera clase, Derek ya está esperándome frente al salón.

Está apoyado contra la pared con los brazos cruzados y esa expresión tranquila que siempre lleva cuando está seguro de que tiene todo bajo control.

—¿Qué haces aquí?

—Esperarte.

—¿No tenías clases?

—Sí.

—¿Y?

—Las terminé.

Lo miro con sospecha.

—¿Tan rápido?

—No.

—Entonces faltaste.

—No exactamente.

—Derek.

Sonríe.

—Vamos. Tienes otra clase.

No puedo evitar reír mientras caminamos juntos por el campus. Al principio pensé que simplemente quería acompañarme un rato, pero cuando llegamos al siguiente edificio descubro que realmente piensa quedarse conmigo y no solo durante esa clase.

Cuando salgo, vuelve a estar allí.

Después me acompaña a la siguiente y cuando termina esa, otra vez lo encuentro esperándome.

—¿No tienes nada mejor que hacer? —pregunto mientras caminamos hacia el siguiente edificio.

—No.

—Mentiroso.

—Estoy ocupado.

—¿Haciendo qué?

—Cuidando a mi futura novia.

Me detengo.

—¿Futura?

Derek me mira con una sonrisa.

—Sí.

—Todavía no he aceptado.

—Ya lo harás.

—Tienes mucha confianza.

—Te conozco.

—Eso no significa que puedas dar mi respuesta por adelantado.

—Entonces seguiré preguntando.

Y lo hace.

A la hora del almuerzo nos sentamos juntos en una de las mesas del campus. Derek prácticamente se encarga de que coma todo, porque desde que me fracturé el brazo parece haber decidido que también es responsable de mi alimentación.

Mientras termino mi jugo, él me observa con una sonrisa.

—Entonces...

—No.

Ni siquiera lo dejo terminar.

—Ni siquiera he preguntado.

—Pero sé qué vas a decir.

—¿Y qué voy a decir?

—¿Quieres ser mi novia?

Sonríe.

—Exactamente.

—La respuesta sigue siendo la misma.

—¿No?

—Todavía te falta esforzarte.

Derek deja escapar un suspiro exagerado.

—¿Cuánto más tengo que hacer?

—No sé.

—Te preparé el desayuno.

—Sí.

—Te acompañé a todas tus clases.

—También.

—Te compré tu almuerzo.

—Eso fue muy bonito.

—Y todavía no dices que sí.

Me encojo de hombros.

—Tendrás que ser más creativo.

—Está bien.

Su sonrisa me hace sospechar que acaba de tener una idea.

—¿Qué estás pensando?

—Nada.

—Derek...

—Come.

No consigo sacarle nada más.

Durante el resto del día continúa acompañándome de una clase a otra. Cada vez que salgo, está allí esperándome, y aunque intento convencerme de que debería estar estudiando o haciendo algo más productivo, una parte de mí disfruta demasiado de tenerlo a mi lado.

No recuerdo haber sido tan feliz.

Cuando finalmente entro a mi última clase, Derek se despide de mí en la puerta.

—Nos vemos cuando salgas.

—¿Seguro?

—Seguro.

—¿Y dónde vas a estar?

—Es una sorpresa.

Entrecierro los ojos.

—Eso no me gusta.

—Confía en mí.

—Eso dices siempre antes de hacer alguna locura.

Se ríe.

—Nos vemos después.

La clase parece eterna.

Intento concentrarme, pero no dejo de pensar en qué estará planeando. Después de todo lo que ha hecho durante el día, ya no sé qué más puede inventarse.

Cuando finalmente termina la clase, guardo mis cosas y salgo del salón.

—Derek...

Miro hacia ambos lados.

No está.

Camino por el pasillo esperando encontrarlo apoyado contra alguna pared, como ha hecho durante todo el día.

Nada.

Salgo al campus, tampoco está.

Frunzo el ceño.

—¿Dónde se metió?

Saco el teléfono y estoy a punto de llamarlo cuando escucho música.

Me detengo.

Una melodía conocida comienza a sonar por los altavoces. Mi canción favorita y mi corazón da un salto. Me giro lentamente y me quedo completamente inmóvil.

Derek está al otro lado del campus, pero esta vez no está solo.

Tiene un enorme ramo de flores entre los brazos y, junto a él, un oso de peluche prácticamente de su tamaño, pero eso no es lo que hace que mis ojos se llenen de lágrimas.

Es la enorme pancarta que sostiene detrás de él.

¿QUIERES SER MI NOVIA?

Me llevo una mano a la boca.

No puedo creerlo.

Los estudiantes comienzan a detenerse. Algunos sacan sus teléfonos y empiezan a grabar. Otros sonríen mientras miran la escena y escucho varios suspiros emocionados a mi alrededor.

Derek me encuentra con la mirada y sonríe.

Esa sonrisa.

La que tiene esos malditos hoyuelos que tantas veces me han hecho perder la cabeza. Entonces levanta un poco el ramo y hace un gesto con la cabeza hacia mí.

Las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas.

No necesito pensarlo.

Corro hacia él. Derek apenas tiene tiempo de reaccionar antes de que me lance a sus brazos haciendo que me rodee con fuerza mientras yo escondo el rostro contra su cuello.

—Sí —susurro entre lágrimas.

Él se aparta un poco para mirarme.

—¿Sí?

Asiento.

—Sí, quiero ser tu novia.

Su sonrisa se hace todavía más grande.

—Por fin.

Me río entre lágrimas y, antes de que pueda decir algo más, lo beso. Esta vez no hay dudas, no hay miedo, ni hay secretos.

Solo estamos nosotros.

La multitud estalla en gritos y aplausos, algunos silban, otros gritan felicitaciones y varios continúan grabando mientras Derek me sostiene entre sus brazos.

Cuando finalmente nos separamos, ambos estamos sonriendo.

—¿Estás feliz? —pregunta.




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