Todo fue un error

Capítulo 11

Susan

No podía creer que me había besado con Derek y que él tuviera sentimientos hacia mí.

Era como un sueño hecho realidad.

Después de tantos meses guardando lo que sentía, de preguntarme una y otra vez qué pasaría si algún día descubriera que yo también era algo más que su mejor amiga, finalmente había ocurrido. Derek me había besado, me había dicho que me quería y, lo más importante, había dejado claro que quería que estuviéramos juntos.

Aunque, para ser completamente sincera, había una pequeña cosa que todavía me hacía gracia. Anoche, después de besarme, Derek había decidido por su cuenta que yo era su novia.

Como si bastara con decirlo.

Por supuesto, le había recordado que para mí no funcionaba así que si quería que fuera su novia, tendría que pedírmelo correctamente.

Me levanté temprano, me di una ducha y me arreglé para ir a clases. Durante todo el tiempo tuve una sonrisa imposible de esconder, porque cada vez que recordaba el beso de la noche anterior sentía que el corazón comenzaba a latirme con fuerza.

Cuando salí de mi habitación, me detuve al ver el comedor.

La mesa estaba llena de comida.

Me acerqué lentamente y descubrí un desayuno que parecía preparado especialmente para mí. Había tocino, huevos, pan tostado, frutas, jugo y hasta panqueques, prácticamente todo lo que me gustaba comer por las mañanas.

—¿Qué es todo esto? —pregunto mientras sonrío.

Entonces miro mi plato y no puedo evitar soltar una carcajada. Sobre los panqueques, utilizando pequeños trozos de fruta, alguien había formado unas palabras.

¿Quieres ser mi novia?

Me llevo una mano a la boca mientras intento contener la risa.

—No puede ser.

—Buenos días.

Levanto la mirada y encuentro a Derek entrando al comedor con una taza de café en una mano.

Lleva el cabello ligeramente desordenado y todavía tiene esa expresión de recién levantado aunque ya bañado que, por alguna razón, consigue que se vea todavía más guapo.

—Buenos días —respondo mientras señalo mi plato—. ¿Qué es esto?

—Creo que la pregunta está bastante clara.

—¿De verdad?

—Sí.

—Porque yo recuerdo que anoche alguien decidió que ya era su novia sin preguntarme.

Derek sonríe y deja su taza sobre la mesa antes de sentarse frente a mí.

—Te lo pregunté.

—No.

—Sí.

—Dijiste que eras mi novio.

—Y tú dijiste que eras mi novia.

—No exactamente.

—Susan...

—Te dije que no era tu novia porque todavía no me lo habías pedido formalmente.

Derek niega con la cabeza mientras intenta contener la sonrisa.

—Eres complicada.

—No. Solo me gustan las cosas bien hechas―Señalo nuevamente el plato—Aunque debo admitir que esto es un intento bastante bueno.

—¿Intento?

—Sí.

—¿Y qué tengo que hacer para que aceptes?

Me cruzo de brazos y finjo pensarlo.

—No sé.

—Susan.

—Tendrás que esforzarte un poco más.

—Te preparé tu desayuno favorito.

—Muy lindo.

—Me levanté temprano.

—Eso sí es grave.

Suelta una carcajada y yo termino riéndome también.

Durante unos segundos nos quedamos mirándonos, disfrutando de algo que hasta ayer parecía imposible. Derek toma un trozo de tocino de mi plato.

—¡Oye!

—¿Qué?

—Ese es mi desayuno.

—Es nuestro desayuno.

—No, tú preparaste esto para mí.

—Precisamente por eso puedo comerlo.

—Eso no tiene ningún sentido.

—A mí sí me parece lógico.

Intento quitarle el tocino de la mano, pero él se lo lleva a la boca antes de que pueda alcanzarlo.

—¡Derek!

—Estaba delicioso.

—Eres un ladrón.

—Y tú eres demasiado lenta.

Sacudo la cabeza mientras me río y tomo un poco de jugo. No puedo dejar de observarlo mientras desayunamos, porque todo se siente diferente esta mañana, aunque en realidad seguimos siendo nosotros. Seguimos molestándonos, discutiendo por tonterías y robándonos comida, pero ahora existe algo más entre nosotros que hace que cada mirada tenga un significado diferente.

Después de terminar de desayunar, Derek recoge algunos platos antes de que pueda detenerlo y se prepara para llevarme a la universidad.

—¿Lista?

—Sí.

Toma mi bolso antes de que pueda protestar y se lo coloca sobre el hombro.

—Derek, puedo llevarlo.

—Ya sé.

—Entonces devuélvemelo.

—No.

—Tengo dos manos.

—Una está ocupada sosteniendo tu orgullo.

Lo miro indignada.

—Mi orgullo está perfectamente bien.

—Claro.

Salimos del departamento entre risas y caminamos hacia la universidad tomados de la mano. El trayecto parece mucho más corto de lo habitual, probablemente porque paso casi todo el tiempo hablando con él y disfrutando de la sensación de tenerlo a mi lado de una manera completamente diferente.

Cuando llegamos al edificio donde tengo clases, Derek se detiene y me entrega mi bolso.

—Nos vemos después.

—Está bien.

Se acerca y me da un beso en la frente, como ha hecho tantas veces, pero ahora ese pequeño gesto provoca que mi corazón vuelva a acelerarse.

—Y no olvides que todavía estoy esperando tu respuesta —dice con una sonrisa.

Lo miro fingiendo seriedad.

—Todavía lo estoy pensando.

—¿En serio?

—Quizá.

—Susan...

Me río y empiezo a caminar hacia la entrada.

—Nos vemos, Derek.

—Nos vemos, preciosa.

Me giro una última vez y lo encuentro observándome con una sonrisa antes de regresar sus pasos para ir a sus clases. Entro al edificio sintiendo que podría caminar sobre las nubes.

No recuerdo la última vez que había estado tan feliz.

Durante meses había amado a Derek en silencio, convencida de que algún día tendría que acostumbrarme a verlo enamorarse de otra mujer mientras yo fingía que no me dolía. Había pensado que tendría que conformarme con ser su mejor amiga y guardar para mí todo aquello que sentía, pero ahora todo era diferente.




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