Susan
No había dejado de estar nerviosa desde que salimos del apartamento.
Intentaba concentrarme en el camino, pero era imposible. Cada pocos minutos mi mente regresaba a la misma pregunta: ¿habría quedado todo como lo imaginé?
Había pasado días organizándolo todo a escondidas. Había hablado con la prima de Derek, le había enviado fotografías de cómo quería que quedara la habitación y le había explicado hasta el último detalle. Las luces, las velas, las flores, los pétalos sobre la cama y la pequeña cena que nos esperaba en el balcón.
Quería que todo fuera perfecto.
Pero ahora que estábamos a pocos kilómetros de la cabaña, empezaba a preguntarme si había sido una buena idea.
¿Y si Derek se sorprendía demasiado?
¿Y si pensaba que estaba apresurándome?
¿Y si no era el momento?
Miro de reojo a mi novio, que conduce tranquilamente mientras tararea una canción que suena en la radio. Parece completamente ajeno al torbellino que tengo dentro de la cabeza.
—¿Estás bien?
La pregunta consigue que vuelva la mirada hacia él.
—Sí.
—Llevas casi todo el camino mirando por la ventana.
—Estoy cansada.
Derek me observa durante unos segundos antes de volver la mirada hacia la carretera.
—¿Segura?
—Sí, estoy bien.
Sonrío intentando parecer convincente, pero siento que las manos comienzan a sudarme.
Por supuesto que estoy bien.
Solo estoy a punto de pasar mi primera noche especial con el hombre que amo y llevo horas pensando en cómo voy a decirle que quiero entregarme completamente a él.
¿Cómo se supone que voy a estar tranquila?
Cuando finalmente veo la cabaña entre los árboles, mi corazón comienza a latir todavía más rápido.
Derek estaciona frente a la entrada y apaga el motor.
—Llegamos.
Respiro profundamente antes de bajar del vehículo.
Intento comportarme con normalidad mientras saco mis cosas y camino junto a él hasta la puerta, pero siento que mis manos tiemblan. Por suerte, apenas entramos, todo parece completamente normal. La sala está igual que siempre, la cocina está limpia y no hay ninguna señal de la sorpresa que me espera arriba.
Perfecto.
Derek deja las maletas junto a las escaleras.
—Voy a preparar algo para comer.
—No.
La respuesta me sale demasiado rápido y se gira y me mira confundido.
—¿No?
—Quiero decir... no hace falta.
—¿Por qué?
—Porque ya pedí algo.
Sus cejas se levantan.
—¿Pediste comida?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Antes de salir.
—No recuerdo que me lo dijeras.
—Porque quería sorprenderte.
Me sonríe, aunque todavía parece confundido.
—Últimamente estás llena de sorpresas.
Siento que las mejillas me arden.
—Voy a cambiarme.
—Está bien. Yo esperaré aquí y cuando llegue la comida...
—No subas.
Derek se queda mirándome.
—¿Qué?
—No subas a la habitación.
—¿Por qué?
—Porque quiero cambiarme tranquila.
Me observa durante unos segundos, como si intentara descubrir qué estoy tramando.
—Está bien.
Sonrío.
—Gracias.
Me doy la vuelta y prácticamente corro escaleras arriba. Cuando abro la puerta de la habitación, me quedo inmóvil.
La decoración es todavía más hermosa de lo que había imaginado.
Las luces cálidas rodean la habitación y varias velas están distribuidas cuidadosamente alrededor. Hay flores por todas partes y los pétalos de rosas cubren parte de la cama y el suelo, creando un ambiente tan romántico que por un momento simplemente me quedo contemplándolo.
—Dios mío...
La prima de Derek había hecho un trabajo maravilloso, incluso había conseguido que todo se viera mucho mejor que en las fotografías que me había enviado.
Me apresuro a cerrar la puerta y voy hasta mi maleta para sacar el vestido que escogí especialmente para esta noche.
Mientras me cambio, siento que los nervios regresan con más fuerza, me miro en el espejo y por un momento intento convencerme de que puedo hacerlo, que estoy preparada y no tengo nada que temer.
Cuando termino, enciendo las velas y las luces y que había pedido colocar y acomodo algunos de los pétalos que se habían movido durante la preparación. Después camino hasta el balcón para comprobar que todo esté listo.
La mesa está exactamente como la imaginé, dos lugares preparados para una cena romántica, velas encendidas, flores y una pequeña luz que ilumina suavemente el espacio.
Todo está listo, solo falta él.
Tomo aire y finalmente bajo la mirada hacia mi teléfono.
Es hora.
Le escribo para avisarle que puede subir. No pasan ni dos minutos antes de escuchar sus pasos por las escaleras haciendo que mi corazón comienza a golpearme el pecho.
La puerta se abre y Derek entra y se queda completamente inmóvil. Sus ojos recorren la habitación sin decir una palabra.
Mira las luces, las velas, las flores, los pétalos y finalmente me mira a mí.
—Susan...
Sonrío nerviosamente mientras camino hacia él con una rosa entre las manos.
—Gracias.
Él frunce ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
—Por todo.
Me detengo frente a él y tomo una de sus manos.
—Por haber estado conmigo todos estos años. Por acompañarme cuando lo he necesitado, por cuidarme, por hacerme reír cuando estoy triste y por conseguir que incluso los días más difíciles sean un poco mejores―Derek no aparta los ojos de mí—No sé qué hice para merecerte, pero sí sé que estoy profundamente enamorada de ti.
Su expresión cambia y sus ojos se llenan de lágrimas y por un instante parece no saber qué decir.
—Susan...