Susan
—¿Qué haces?
Me sobresalto al escuchar la voz de Derek detrás de mí y cierro rápidamente la tapa de la computadora.
—Nada.
Me giro con una sonrisa nerviosa y lo encuentro observándome con una expresión divertida.
—¿Nada? —pregunta mientras se acerca y me abraza por detrás, apoyando el mentón sobre mi hombro—. ¿Entonces por qué cerraste la computadora como si estuvieras escondiendo un secreto de Estado?
—Porque estaba haciendo algo privado.
—¿Cuándo me vas a mostrar tus escritos?
La pregunta consigue que vuelva a ponerme nerviosa.
—Nunca―Sonrío y me doy la vuelta dentro de sus brazos para quedar frente a él—Lo siento, pero todavía no me siento capacitada para mostrarle a nadie lo que escribo.
Derek frunce ligeramente el ceño.
—No sé por qué te preocupas tanto. Estoy seguro de que deben ser buenos.
—Tú no sabes nada. Ni siquiera los has leído.
—Precisamente por eso quiero hacerlo.
—Pues tendrás que seguir esperando.
Derek sonríe y me acaricia suavemente el cabello.
—Si no me dejas leerlos, al menos deberías intentar enviarlos a alguna editorial.
—¡¿Estás loco?!
Mi reacción hace que se ría.
—Si no dejo que tú los leas, mucho menos voy a permitir que una editorial los lea.
—¿Y qué tiene de malo intentarlo?
—¿Y si no les gustan?
—Entonces sigues intentando con otra editorial.
Bajo la mirada.
—No es tan fácil.
Derek levanta mi mentón para obligarme a mirarlo.
—¿Acaso no sabes lo que pasó con la autora de Harry Potter? Muchas editoriales rechazaron su historia antes de que una decidiera creer en ella. Y mira todo lo que consiguió después.
—Lo sé.
Suspiro mientras juego distraídamente con el borde de su camisa.
—Solo que todavía no me siento preparada para hacerlo.
—Entonces esperaremos hasta que estés preparada.
Lo miro sorprendida.
—¿No vas a insistir?
—Puedo insistir todo lo que quiera, pero al final eres tú quien tiene que decidir cuándo hacerlo.
Sonrío.
—Gracias.
—Aunque eso no significa que vaya a dejar de recordártelo.
Suelto una pequeña carcajada.
—Ya me parecía demasiado bueno para ser verdad.
Derek me abraza un poco más fuerte y me mira directamente a los ojos.
—Sé que lo harás.
—¿Qué cosa?
—Vas a publicar tus historias.
Niego con la cabeza.
—No estés tan seguro.
—Lo estoy.
—¿Y si no soy buena?
—Lo serás.
—Derek...
—Y algún día te convertirás en una gran escritora.
Sonrío mientras niego con la cabeza.
—Qué cosas dices. Ni siquiera sabes lo que escribo.
—No —admite con una sonrisa—. No sé lo que escribes―Se inclina un poco y me da un pequeño toque en la punta de la nariz—Pero te conozco a ti―Su mirada se vuelve más tierna—Y sé que todo lo que haces lo haces con el corazón. Por eso estoy seguro de que será maravilloso.
Siento un pequeño nudo en la garganta.
Quizá todavía no estoy preparada para mostrarle al mundo mis historias y necesito un poco más de tiempo para creer que realmente puedo hacerlo.
Pero tener a Derek a mi lado diciéndome que cree en mí hace que, por primera vez, esa posibilidad no parezca tan imposible.