Todo fue un error

Capítulo 13

Susan

Realmente las cosas no han cambiado demasiado desde que pasamos de ser mejores amigos a novios, porque, para ser sincera, Derek y yo siempre nos hemos comportado como si fuéramos una pareja. Él continúa acompañándome a clases, me lleva y recoge cuando tengo que trabajar, comemos juntos casi todos los días y, cuando llegamos al departamento, terminamos acostados en el sofá, abrazados mientras vemos alguna película que casi nunca conseguimos terminar porque suelo quedarme dormida entre sus brazos.

La única diferencia es que ahora podemos besarnos.

Ya no tenemos que conformarnos con los besos en la frente que Derek me daba desde siempre. Ahora puede acercarse en cualquier momento, robarme un beso y dejarme completamente distraída durante varios minutos.

Y debo admitir que le encanta hacerlo.

—¿Qué tal cinco? —pregunta mientras deposita un beso sobre mi frente, después otro sobre mis párpados y finalmente uno en la punta de mi nariz.

—Estás loco —respondo con la voz adormilada—. Dos.

—Ya te dije que dos sería un problema.

Abro los ojos para mirarlo.

—¿Por qué?

—Porque se la pasarían discutiendo entre ellos. En cambio, si tenemos cinco, cuando terminen de pelear entre ellos ya estarán tan cansados que no tendrán fuerzas para seguir.

Suelto una carcajada y niego con la cabeza.

No sé en qué momento pasamos de hablar sobre nuestras próximas vacaciones a discutir cuántos hijos queremos tener. Lo único que sé es que llevamos tres meses juntos y han sido los tres meses más felices de mi vida.

Aunque no todo ha sido perfecto.

Tenemos nuestras discusiones, como cualquier pareja, especialmente porque mi novio puede ser bastante posesivo y celoso. Derek todavía no soporta que ningún hombre se acerque demasiado a mí y, aunque intento hacerle entender que no puede salir corriendo detrás de cada persona que me habla, algunas veces resulta imposible hacerlo entrar en razón.

—Claro, como tú eres quien va a parirlos, seguro tendremos cinco —murmuro con sarcasmo.

—Sería bueno que llegaran de dos en dos.

Levanto la mirada.

—¿Qué?

—Sí. He escuchado que algunas parejas tienen gemelos o mellizos.

—De verdad estás loco―Lo empujo suavemente en el hombro y vuelvo a acomodarme en el sofá—Aunque podría existir una posibilidad.

Derek se incorpora de inmediato.

—¿Cómo?

—Mi abuela era gemela, así que quizá esos genes...―No alcanzo a terminar porque Derek me levanta de repente y me coloca sobre su hombro—¡¿Qué crees que haces?!

Me río mientras él comienza a caminar conmigo.

—Vamos a comprobar si llevas esos genes.

—¡Derek!

Me lleva hasta la habitación y me deja caer sobre la cama. Antes de que pueda protestar, se sube sobre mí y me mira con una sonrisa que hace que mi corazón vuelva a acelerarse.

Pero, en lugar de besarme como espero, comienza a hacerme cosquillas.

—¡Derek! —grito entre risas—. ¡Detente!

Intento apartarlo, pero es imposible. Continúa hasta que finalmente se detiene y se queda mirándome.

Durante unos segundos ninguno dice nada, su expresión cambia y sus ojos se quedan fijos en los míos.

—¿Qué pasa? —pregunto divertida.

Derek acaricia suavemente mi mejilla.

—Te amo.

Mi sonrisa se vuelve más pequeña, pero mi corazón se llena de una felicidad que todavía me cuesta creer que sea real.

—Yo también te amo.

Se inclina y me besa.

Rodeo su cuello con mis brazos y correspondo al beso, sintiendo cómo poco a poco deja de ser un simple juego entre nosotros. Sus labios se vuelven más intensos y mis manos se aferran a él mientras mi corazón comienza a latir cada vez más rápido.

Durante los últimos meses hemos aprendido a conocernos de una manera diferente. Ya no existe aquella barrera que nos obligaba a fingir que entre nosotros no podía haber nada más que amistad, y ahora puedo sentir perfectamente cuánto me desea y yo lo deseo de la misma manera.

El beso se vuelve más profundo y, por un instante, creo que finalmente vamos a dar el siguiente paso, pero, de repente, Derek se aparta.

Lo miro confundida mientras se levanta de la cama.

—¿Dónde vas?

—Tenemos que alistar las maletas. Hay mucho que empacar.

Y antes de que pueda decir algo más, desaparece dentro del baño.

Me quedo mirando la puerta cerrada.

—Sí, claro.

Siempre es lo mismo.

No sé qué pasa con mi novio. Cada vez que las cosas empiezan a subir de tono y creo que finalmente vamos a dar el siguiente paso, él encuentra alguna excusa y termina encerrándose en el baño para darse una ducha fría y la verdad es que no entiendo por qué.

Quiero más que besos, quiero entregarme a Derek.

Quiero hacer el amor con él porque sé que es el hombre indicado para mí y porque lo amo con todo mi corazón. No tengo miedo de lo que pueda pasar entre nosotros; al contrario, deseo que ocurra, pero cada vez que intento acercarme un poco más, él se detiene y eso comienza a hacerme pensar que quizá hay algo que no me está diciendo.

Por eso he decidido que este fin de semana será diferente.

La familia de Derek tiene una cabaña junto al lago, a unas horas de aquí, y durante las vacaciones solemos ir para disfrutar unos días alejados de la universidad. Algunas veces vamos con su familia, pero también hemos tenido la oportunidad de quedarnos solos, y esos son mis momentos favoritos.

Nos bañamos en el lago o en la piscina, tomamos el sol, paseamos en el bote, pescamos y, cuando llega el atardecer, caminamos por la orilla tomados de la mano mientras hablamos de cualquier cosa.

Esta vez iremos solos y he decidido que seré yo quien prepare nuestra noche especial.

Le pedí a una prima de Derek, que está en otra de las cabañas cercanas, que me ayudara a preparar todo sin que él se enterara. Quiero luces, velas, flores y globos; quiero que cuando lleguemos todo esté perfectamente preparado y que Derek comprenda que esta vez no estoy dispuesta a dejar que vuelva a escaparse al baño.




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