Susan
—Por fin esos mocosos infernales se fueron a dormir.
Golpeo el brazo de Derek.
—No digas eso. Son unos niños.
—Los dos menores, porque el de en medio...
Hace una mueca de desprecio.
—Eres muy infantil.
Paso por su lado y continúo recogiendo los regueros que dejaron los niños.
—Él fue quien empezó —bufa—. Dizque Aaron se va a casar contigo. Primero lo mato antes de que te ponga un dedo encima.
—¿Puedes calmarte?―Le lanzo una de las prendas de los niños—Además, si tanto te molesta, pudiste quedarte en el coche. No sé por qué te invité a quedarte.
Me doy la vuelta, un poco furiosa y con las ganas de llorar que llevo conteniendo desde hace rato, pero apenas doy un par de pasos, siento sus brazos rodeándome por detrás.
Mi cuerpo se tensa.
Derek apoya el rostro cerca de mi hombro y deposita un suave beso sobre él.
—Lo siento —susurra despacio.
Cierro los ojos durante un instante, ese pequeño gesto debería ser insignificante, pero no lo es.
No para mí.
Últimamente, cualquier contacto suyo consigue hacer que mi corazón se comporte como si quisiera escapar de mi pecho.
—No puedo creer que te hayas igualado con una criatura de diez años.
—Pero él fue quien empezó.
Me giro entre sus brazos y le doy un pequeño golpe en la frente.
—Basta―Digo—Y tú eres el adulto. Se supone que debes comportarte mejor.
Derek hace un puchero.
—No prometí eso.
Ruedo los ojos y niego con la cabeza.
—Ayúdame a limpiar. Los Walson no tardan en llegar. Ya me enviaron un mensaje diciendo que vienen en camino.
—Como mande, mi capitán.
Hace un saludo militar exagerado antes de ponerse manos a la obra.
No puedo evitar sonreír mientras lo observo recoger los platos sucios y colocarlos en el lavavajillas. Definitivamente, Derek es un caso perdido y lo peor de todo es que...
Me encanta.
—¿Qué hace él aquí?
Levanto la mirada y me encuentro con Aaron observando a Derek con furia.
—Él...
—Estoy con ella. ¿Algún problema? —interviene Derek.
—Fuera de mi casa. No eres bienvenido aquí.
—Me iré en cuanto Susan se vaya —Derek sonríe—. Conmigo.
—Eres...
—¡Basta los dos!
Me pongo en medio, pero de inmediato Derek me toma de la cintura y me jala hacia atrás, resguardándome detrás de él.
—Aaron, tu madre dio autorización para que Derek me acompañara a cuidar a tus hermanos.
—Él no es nada tuyo para que esté pegado a ti como una garrapata.
Aprieto los labios.
—Es mi novio―Lo miro con seriedad—Así que puede estar pegado a mí como quiera.
La expresión de Aaron cambia por completo.
—¿Qué?
Puedo ver el dolor en sus ojos y, por un instante, me siento culpable.
—¿Son novios? —pregunta.
—Lo somos―Esta vez es Derek quien responde y sonríe mientras pasa un brazo por mis hombros y me acerca a él—Así que te aconsejo que te alejes de mi chica. Ella y tú nunca se van a casar.
Le doy un codazo en las costillas y ruedo los ojos.
—¿Qué? —Aaron lo mira confundido.
—¡Basta los dos! —me aparto del agarre de Derek y continúo recogiendo las prendas—. No te preocupes, Aaron. Derek y yo ya casi nos vamos. Tus padres no tardarán en llegar.
Y, como si los hubiera mandado a llamar, escuchamos un coche estacionándose en el garaje.
Aaron resopla molesto antes de subir las escaleras y un segundo después, escuchamos cómo azota la puerta.
Dios, espero que no haya despertado a los niños.
Me masajeo las sienes justo cuando escuchamos abrirse la puerta principal. Por suerte, los señores Walson entran en la casa y toda la tensión desaparece. Después de despedirnos, salimos y subimos al vehículo de Derek.
El trayecto transcurre en silencio.
Durante todo el camino intento encontrar la manera de hablar con él. No sé cómo explicarle que lo de ser novios se me escapó, que solo lo dije para hacer callar a Aaron y que...
Bueno.
Que quizá no me disgustó tanto decirlo. Derek estaciona en el parqueadero subterráneo de su edificio y apaga el motor.
Me quedo mirando mis manos.
—Derek, yo...
He pasado todo el camino pensando en cómo tener esta conversación, pero antes de que pueda continuar, él se desprende del cinturón de seguridad y se gira hacia mí.
Mi corazón comienza a latir con fuerza.
Derek levanta una mano y me toma suavemente del mentón y me mira directamente a los ojos.
No dice nada, solo espera.
Como si estuviera preguntándome sin palabras si puede hacerlo. Mi respiración se vuelve irregular sabiendo exactamente lo que quiere y, aunque una parte de mí está aterrada por lo que pueda significar después, otra lleva demasiado tiempo esperando este momento.
Asiento lentamente.
Cierro los ojos y siento sus labios sobre los míos. Por un instante, todo lo demás desaparece y ese beso que, en el fondo, llevo demasiado tiempo deseando.