Susan
—¡Estás haciendo trampa! —grita Dorian.
—No, tú estás haciendo trampa —responde Derek con una sonrisa mientras muestra sus cartas.
—Los dos están haciendo trampa —los señalo mientras la pequeña asiente con la cabeza.
Definitivamente fue una mala idea pedirle a Derek que entrara a la casa. Desde que los Walson se fueron, es un niño más al que he tenido que cuidar.
Como cosa rara, se la pasa discutiendo con Dorian, el hijo del medio de la familia. Se llevan tan mal como él y el mayor.
—¡Me quitó todo el dinero! —se queja el niño.
—Quién te manda a no saber jugar.
Aprieto el puente de mi nariz antes de pellizcar a Derek en el brazo.
—Devuelve su dinero. Solo estábamos jugando.
—¿Por qué? Él fue quien quiso apostar dinero. Es igual de perdedor que...―Vuelvo a pellizcarlo antes de que pueda terminar la frase—¡¿Por qué me maltratas?!
—Devuélveselo.
Derek gruñe, pero termina entregándole al niño el dinero que le había ganado con la apuesta. Dorian le saca la lengua antes de salir corriendo para guardar sus ahorros.
Sacudo la cabeza.
Debería haberlo dejado en el coche.
—¿Son novios? —pregunta de pronto la pequeña Stefany, de siete años.
Abro la boca para responder, pero Derek se me adelanta.
—Sí.
Lo dice con una sonrisa tan tranquila que por un momento me quedo mirándolo.
—¿Se van a casar?
—Sí.
—¿Van a tener muchos hijos?
—Sí, muchos hijos. Le ganaremos a tus padres.
Abro los ojos como platos y golpeo su hombro.
—¿Qué crees que estás haciendo?
—Respondiendo sus preguntas.
Sonríe con absoluta tranquilidad antes de meterse varios bocadillos en la boca.
—¡Derek!
—¿Qué?
—¡No somos novios!
Las palabras salen demasiado rápido.
Los tres niños nos miran, Derek también y, por alguna razón, siento que soy yo la que acaba de decir algo incorrecto.
—Todavía no —responde él después de tragar.
Casi me atraganto.
—¡Derek!
Él se ríe mientras yo ruedo los ojos y me pongo de pie para comenzar a recoger un poco el desorden. Escucho los pasos de Dylan regresando con otro juego de mesa.
Dios.
No.
Más juegos de mesa, no.
—¿Apostamos?
—No —respondemos Derek y yo al mismo tiempo.
Nos miramos durante un segundo.
—Nada de apuestas —digo, intentando recuperar el control de la situación—. Y no creo que podamos terminar ese juego porque ya deben irse a dormir.
Los niños hacen pucheros y, para mi desgracia, esta vez es Derek quien le saca la lengua a Dylan, burlándose de él como si tuviera cinco años.
—Basta —respiro hondo, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no golpearlo.
—Mi hermano Aaron se va a casar con tu novia.
La sonrisa de Derek desaparece de inmediato y se pone de pie tan rápido que hasta yo doy un pequeño salto.
—¿Qué dijiste?
Dylan cruza los brazos y sonríe con orgullo.
Para ser un niño de diez años, tiene una maldad impresionante en los ojos. Y, por la forma en que mira a Derek, estoy bastante segura de que sabe exactamente dónde ha metido el dedo.
—Derek...
—¿Tu hermano qué? —pregunta él, ignorándome por completo.
—Aaron se va a casar con Susan.
Derek da un paso hacia él.
Antes de que se le olvide que está discutiendo con una criatura y termine comportándose como un cavernícola territorial, me interpongo entre los dos.
—¡Basta los dos!―Miro a Dylan y señalo las escaleras—Ve a cepillarte los dientes. Ya es hora de dormir.
—Pero...
—Ahora.
El niño resopla y comienza a caminar hacia las escaleras.
Derek le muestra los dientes en un gruñido, Dylan se detiene, se gira y hace exactamente lo mismo.
Me masajeo las sienes.
Esto no puede estar pasándome.
Estoy cuidando a tres niños y, de alguna manera, Derek es el que más trabajo me está dando.