—Me gusta pasar tiempo contigo.
—Gracias, a mí también me gusta pasar tiempo conmigo.
Le empiezo a hacer cosquillas.
¿Cómo me va a decir eso?
—Ya, ya, para. Está bien, también me gusta pasar tiempo contigo.
—Gracias.
—Patricia me ha dicho que quiere pasar dos semanas en las islas Cook.
—Pero no te gusta nadar.
—Lo sé, pero me hace ilusión ir. La ubicación de las sirenas de Mako fue ahí. ¿Podemos ir, por favor?
Hace ojitos como el Gato con Botas.
Definitivamente, estoy pasando mucho tiempo con Aurora.
Pero me gusta.
—Sí, iremos. Podemos alquilar una casa con jacuzzi.
Se lanza a abrazarme.
—Por eso te quiero.
— Por eso te quiero
Un silencio sepulcral se hizo en la habitación.
—Entonces, ¿de verdad me quieres?
—Sí. En estas semanas que hemos pasado juntos, mis sentimientos por ti han crecido.
—Si puedo decir algo, es que me enamoré de ti cuando fuimos a comer a ese restaurante peruano; otro poco cuando me obligaste a ver tus películas de Barbie; otro poco cuando pasamos tiempo con los perritos…
—Y yo me enamoré de ti un poco más después de pasar tiempo con tu familia. La forma en que cuidas a tus hermanas y a tu madre es admirable. Y la forma en que me quieres… Gracias por preocuparte por mí.
—Me gusta preocuparme por ti, aunque eso volvió loca a tu doctora.
—Sí, la pobre no pensó que te pusieras tan preguntón.
—Me alegra haberlo hecho. Ahora sé que, para tener nuestros hijos, la mejor opción es la inseminación y que van a estar monitorizándote más veces de lo normal.
—Sí, lo bueno es que ya no tengo que tomar pastillas; solo debo ponerme la inyección una vez al año. Eso sí, la doctora nos dijo que tenemos que esperar unas semanas antes de cualquier embarazo. Es mi primera inyección.
A Aurora le han quitado la medicación y, a cambio, le van a poner una inyección de forma anual. Le van a hacer un control cada dos semanas, por precaución, aunque nos ha dicho el doctor que, si el hígado no ha rechazado su cuerpo hasta ahora, menos ahora lo va a hacer.
Casi salta de alegría. Después de llegar a casa, se puso a tirar las dos cajas que tenía y borró sus alarmas.
La inyección no ha tenido ningún efecto secundario.
— Lo sé— beso su frente— hay que dormir mañana empezamos hacer las maletas
— Si, hasta mañana cariño, hasta mañana Dylan y Dino
Los perritos que estaban dormidos juntos paran sus orejitas
— Descansa
Al día siguiente por la mañana
— Buenos días Dino— sobo su cabeza— Buenos días Dylan— lame mi mano— No despierten a su mamá voy a traer el desayuno a la cama
Los dos me siguen, su mamá sigue profundamente dormida
— Buenos días nana
— Buenos días señor
— Nana, puedes preparar dos jugos de naranja y pan de platano, por favor.
— Enseguida señor
Yo voy lavando las uvas, para subirlas. Es la fruta favorita de mi mujer.
— Buenos días amor— sobo su espalda
— Buenos días— bosteza— Veo uvas
— Te las traje hasta que preparen el desayuno
— Pues muchas gracias— me da un beso— ¿Que quieres ir viendo? Creo que me apetece ver Jurassic World
Le fascinan mirar dinosaurios pero odia mirar las peliculas de miedo.
— De acuerdo, pero después iremos a pasear por el parque
— Señor el desayuno está listo— nos habla desde el telefonillo
— Ahora bajo
— ¿Quieres que te ayude?
— No, lo subo y asi podemos mirar la pelicula desayunando
— Está bien
Bajo los perritos siguiendome
— Aqui tiene señor, a los perritos les voy a dar un poco de pollito
Los dos perritos se le quedan mirando a nana mientras mueven sus cola
— Ok, dales un poco de agua por favor
— Si señor
Subo las escaleras con cuidado
— El desayuno está servido madame
— Apresurate— da unas palmadas en mi lado de la cama
— Tu jugo y tu pan— le paso su desayuno mientras da play
Comemos mirando la pelicula. Después nos cambiamos para ir al parque
— Nana, anda preparando choclo y las alitas, ya cuando lleguemos se corta el queso
— Si señora
El choclo con queso y las alitas a la barbacoa es lo mejor, Aurora me conto que ella con su mamá siempre comían eso cuando su padre se iba a trabajar a las afueras.
Pasemos con los perros, Aurora con Dylan y yo con Dino.
— Vamos por un chocolate caliente— dice mientras pasamos por un cafeteria
— Si vamos
Nos sentamos en afuera, donde hay unas mesas que pertenecen al local
— Ponles agua mientras yo voy pidiendo los chocolates
Les pongo agua a los dos con sus vasos reutilizables
Veo a una mujer acercandose
Es Maria, la hija mayor de los Zaragoza.
Cuando estudiabamos en Royal Russell School paraba pegada a mi. Creía que seguia en España, sus padres se tuvieron que ir por unos supuestos fraudes que sufrieron.
— Hola Lorenzo
Los perros empiezan a ladrar.
Lo sé perritos a mi tampoco me cae bien.
— Hola Maria, ¿como estás?
— Bien ¿estás solo?
— No, mi mujer a entrado a pedir chocolate caliente para los dos.
Su cara pasa a palida cuando dijo mi mujer
— No sabia que te habías casado— trata de desimular sus muecas
— Todavía no
— Amor, casi no hubo cola y... ¿Tu quién eres?— llega con los dos chocolate