CÓdigo CrisÁlida: El Veneno De TÚ Amor

CAPÍTULO XVI: EL PRECIO DE LA SIMETRÍA

A doce mil metros de altura, cruzando el Atlántico Norte en un jet corporativo sin insignias registradas, la cabina principal estaba transformada en un quirófano de alta tecnología.

​Paolo Sanguinetti permanecía sentado frente a una hilera de monitores táctiles. Su brazo derecho, gravemente quemado durante el escape del yate, estaba envuelto en una manga médica transparente por la que circulaba una solución densa de color plata. Los nanobots de última generación trabajaban a velocidad acelerada, regenerando los tejidos quemados y cerrando las heridas sin dejar una sola cicatriz.

​A su lado, Sir Richard Croft terminaba de redactar un documento en una tableta con cifrado militar.

​—El Consejo de Seguridad ha aprobado la transferencia del presupuesto confidencial a las cuentas en las Islas Caimán —dijo Croft sin levantar la vista—. Tienes tres meses para entregar los primeros cincuenta ejemplares de la unidad 'Crisálida-4'. Si fallas, Paolo, la protección diplomática se acaba y te entregaremos a las autoridades internacionales.

​Paolo no respondió. Sus ojos fijos en la pantalla central observaban una simulación tridimensional del mapa de Sudamérica. Una red de líneas finas convergía lentamente en un punto específico de las montañas del norte de Colombia.

​—El dinero y el Consejo no me interesan, Richard —dijo Paolo con voz fría y serena—. Mi única prioridad es completar el vínculo.

​—Esa chica casi destruye tu imperio, arruinó tres años de contratos de defensa y filtró los expedientes de Leeds a la prensa —replicó Croft con desprecio—. Deberías haber ordenado su eliminación en el momento en que pisó el mar del Norte.

​Paolo se levantó lentamente de su asiento. La manga médica de su brazo derecho se abrió, revelando una piel completamente restaurada, suave y sin marcas, pero con una leve luminiscencia sintética que desapareció en cuestión de segundos.

​—Kimberly no es una amenaza, Richard; es la única mente que ha demostrado estar a la altura de esta evolución —dijo Paolo, caminando hacia la ventanilla del avión—. Su resistencia, su capacidad para sobrecargar su propia bioelectricidad para romper la frecuencia de control... eso demuestra que el prototipo que lleva en su sangre es perfecto. Ella no es un sujeto de prueba. Es mi igual.

​—Es una fugitiva que te odia —sentenció Croft.

​—El odio es solo una reacción química temporal ante la falta de comprensión —sonrió Paolo, mientras la luz del sol al amanecer iluminaba sus facciones—. Cuando el pulso maestro se active desde la nueva estación orbital, su mente dejará de luchar. Y entenderá que todo lo que he hecho, lo he hecho por nosotros.




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