CÓdigo CrisÁlida: El Veneno De TÚ Amor

CAPÍTULO XX: EL SANTUARIO DE LA LUNA NEGRA

Tres horas después, la camioneta avanzaba a luces apagadas por una carretera secundaria en las afueras de Santa Marta, acercándose a la costa del Caribe. El calor del trópico y la humedad del mar sustituyeron el frío de la sierra, pero dentro del vehículo la tensión era insoportable.

​Elena usaba un kit de primeros auxilios manual para limpiar las heridas de Kimberly. El cuerpo de la joven estaba exhausto; la sobrecarga bioeléctrica había dejado marcas rojas en su piel, similares a fracturas de cristal, donde los vasos sanguíneos más superficiales habían sufrido el impacto térmico.

​—Tu sistema sobrevivió milagrosamente a la descarga —dijo Elena, examinando la muestra de sangre que acababa de extraer con una jeringa tradicional—. Pero destruiste la poca capacidad de autorregulación que le quedaba a los nanobots. Si Paolo activa la estación orbital Aetheria Prime, la señal satelital no necesitará un transmisor terrestre. Utilizará ondas de baja frecuencia para enviar la orden de ensamblaje masivo.

​—¿Qué significa eso? —preguntó Kimberly, manteniendo las manos firmes sobre el volante.

​—Significa que en cuarenta y ocho horas, todas las unidades inactivas en tu médula se reactivarán al mismo tiempo a escala global —explicó Elena con la voz entrecortada—. No solo en ti, Kimberly. En los cientos de voluntarios y civiles a los que Aetheria inoculó de forma encubierta en los hospitales de Europa y Latinoamérica bajo la excusa de la vacuna contra el virus sintético. Paolo no está buscando salvarte a ti únicamente; está a punto de presionar el botón para tomar el control biológico de miles de personas.

​Kimberly miró por la ventana el reflejo de la luna sobre el mar Caribe. El paisaje tropical, tan lejano de la sofisticación fría de Londres y de la majestuosidad aristocrática de la Toscana, le recordaba quién era antes de conocer a Paolo Sanguinetti: una mujer decidida a entender la verdad, sin importar cuán profunda fuera la mentira.

​—¿Dónde está el centro de enlace de la estación orbital en esta región? —preguntó Kimberly.

​Elena abrió un mapa topográfico impreso sobre sus rodillas.

​—En las coordenadas de una antigua base militar abandonada en la península de la Guajira. Aetheria compró los derechos del terreno a través de una empresa fantasma hace tres años. Allí está el transmisor de uplink directo hacia el satélite Aetheria Prime.

​Kimberly aceleró el vehículo hacia el norte, donde la selva se convertía en desierto y el mar se encontraba con el cielo nocturno.

​—Entonces no vamos a seguir huyendo —dijo Kimberly, sintiendo cómo el pulso en sus venas se estabilizaba en una fría y definitiva determinación—. Vamos a destruir ese transmisor antes de que el mundo se despierte mañana convertido en el jardín privado de mi esposo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.