CÓdigo CrisÁlida: El Veneno De TÚ Amor

CAPÍTULO XXII: MENTE CUÁNTICA

Superar el cerrojo de seguridad exterior fue cuestión de minutos. Los sensores de movimiento del complejo, diseñados para detectar intromisiones humanas mediante cambios de temperatura corporal, fueron incapaces de identificar a Kimberly con claridad: la nanotecnología en su sistema alteraba su firma térmica de forma no lineal, permitiéndole deslizarse entre las sombras como un fantasma digital.

​Se abrió paso a través de los pasillos subterráneos de concreto, eliminando en silencio a dos guardias con descargas bioeléctricas puntuales impulsadas por su propia sangre. Cada vez que utilizaba esa energía, sentía un desgaste feroz en sus facultades conscientes; su visión perdía color por momentos y recuerdos de su infancia en Colombia se mezclaban con algoritmos y ecuaciones de frecuencia que no eran suyas. El virus de Paolo estaba devorando los últimos reductos de su identidad humana.

​Al cruzar las puertas pesadas del nivel inferior, irrumpió en el interior del gran domo geodésico.

​El lugar era monumental. En el centro, una estructura cilíndrica de vidrio blindado e iluminación blanca contenía el transceptor maestro: un pilar de luz pulsante de diez metros de altura que apuntaba directamente hacia la abertura superior del domo, enfocado al espacio exterior.

​Al pie de la consola de control, esperándola en la penumbra, no había científicos ni mercenarios.

​Solo estaba Paolo.

​Vestía una camisa blanca de puños arremangados y un chaleco táctico ligero. La quemadura de su rostro, tratada con su propia tecnología, lucía como una marca plateada sobre su piel. Sostenía en la mano un pequeño detonador remoto.

​—Llegas con tres minutos de margen, Kimberly —dijo Paolo con una voz tranquila que resonó en la inmensidad del domo—. Siempre tan puntual. Igual que en Cambridge.

​—Apaga el transmisor, Paolo —dijo Kimberly, avanzando a pasos lentos por la pasarela de metal que conducía al núcleo. Su voz era grave, distorsionada levemente por la resonancia electromagnética de sus cuerdas vocales—. Esto no es el futuro de la humanidad. Es la destrucción de todo lo que nos hace libres.

​—¿Libres? —Paolo dejó escapar una risa amarga y desprovista de emoción—. La libertad humana es una ilusión que solo produce guerras, pandemias y miseria. Yo les estoy dando orden, Kimberly. Les estoy dando la simetría perfecta de un único pensamiento sin conflicto.

​Paolo presionó un comando en el panel holográfico.

​De inmediato, el transceptor emitió un zumbido ensordecedor. Una columna de energía violeta atravesó la abertura del domo disparada hacia la estratosfera.

​SINCRONIZACIÓN SATELITAL: 94 %

CONEXIÓN CON EL NODO MAESTRO HUÉSPED: EN PROCESO

​Kimberly cayó de rodillas de inmediato. Un dolor devastador le atravesó el cráneo, como si le estuvieran clavando agujas incandescentes directamente en el cerebro. La voz de Paolo dejó de escucharse a través del aire y comenzó a resonar dentro de sus propios pensamientos con la fuerza de un comando absoluto.

​—Siente el enlace, mi amor... —resonó la mente de Paolo en la suya—. Deja de luchar. Rendirse no es morir, es despertar.




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