Del otro lado del pasillo

El nuevo vecino

Pria, ,una joven encantadora (pelo largo marron
claro ,con suaves ondas en las puntas vestido largo de flores y
zapatos bajos, sonrisa tenue, mejillas rojas y mirada de grandes
ojos marrones ). Volvía de su atelier después de un día largo de
trabajo . El lugar era mucho más que su trabajo. Lo administraba
junto a Roma, su amiga de la infancia, y allí compartían el
espacio con otros artistas. Pria pasaba buena parte de sus días
entre arcilla, pinceles y lienzos. Esculpía, pintaba y, sobre todo,
disfrutaba creando. Cuando llegó a su edificio, algo llamó su
atención. Había algunas cajas frente al departamento de al lado.
-¿Nuevos vecinos? -murmuró. Suspiró profundo y siguió hasta su
departamento " 6A " . Los anteriores habían sido dos jóvenes que
parecían creer que el edificio entero quería escuchar sus fiestas.
Y conversaciones -Espero que estos sean un poquito más
tranquilos... dijo en voz baja mientras abría su puerta .
A la mañana siguiente, unos ruidos provenientes del departamento
vecino la despertaron. Se escucharon algunos golpes y, de fondo, ladridos. Pria abrió los ojos, miró el techo y decidió no
darle importancia. Se duchó, se vistió y salió rumbo al trabajo
como cada dia . Pero cuando cerró la puerta de su departamento,
vio que la puerta del vecino estaba entreabierta. Antes de que
pudiera siquiera preguntarse qué estaba pasando, un hermoso
Golden Retriever salió trotando hacia ella, moviendo alegremente
la cola. Pria sonrió. -Hola, pequeño... El perro se acercó sin
miedo.
-¡Qué hermoso sos! Se agachó y comenzó a acariciarlo. De
repente, una voz firme salió desde el interior del departamento.-¡Tomás! ¡Adentro! El perro dejó de mover la cola
inmediatamente. Obedeció. Pria levantó la mirada. Un hombre
apareció en la puerta. Era atractivo, aunque su aspecto estaba
lejos de ser prolijo. Llevaba una barba de varios días y el cabello
algo despeinado. Pria sonrió y extendió la mano. -Hola. Soy Pria,
tu vecina. El hombre no respondió. Ni siquiera hizo el gesto de
tomarle la mano. Simplemente retrocedió y cerró la puerta. Pria
quedó inmóvil unos segundos. -Bueno... Miró la puerta. -Qué
simpático! Exclamó Y se marchó, bastante disgustada.
Esa noche, después de volver del atelier, Pria se cambió de ropa y
entró en su pequeño espacio de trabajo. Frente a ella había un
bloque de arcilla. Comenzó a modelarlo. Sus manos trabajaban
casi automáticamente. Primero el rostro. Después la barba. El
cabello desordenado. Los labios serios. Y, sin darse cuenta,
terminó creando una figura inspirada en el hombre que había
conocido esa mañana.
Pria la observó. -Definitivamente estoy loca. Sonrió para sí
misma. Salió de la habitacion , apago la luz y se fue a acostar .

Durante el día siguiente en el trabajo , se descubrió
pensando varias veces en él. En su voz. En sus lentes... Su
cabello desordenado y su barba de dias ... En la forma en que
había recorrido con los dedos el panel del ascensor. —Ni siquiera
sé cómo se llama... —murmuró ¿Porque pienso en Èl?
Se quedó unos segundos en silencio. Entonces se le ocurrió
—Voy a cambiar eso hoy mismo. !!!
Al regresar a casa, Pria se cambió de ropa. Se ató el pelo en un rodete rápido y tomó la bolsa de papel madera con algunas cosas dulces que había comprado camino a casa, en la panadería de la esquina.

No era una gran excusa.
Pero serviría.
Quería conocer a su vecino de verdad.

Respiró profundo frente al espejo del recibidor.

—Vamos, Pria, vos podés.

Salió al pasillo y caminó hasta la puerta de al lado. El corazón le latía un poco más rápido de lo normal.
Tocó el timbre y esperó.

Unos segundos después, la puerta se abrió.

Era él.

Pria sonrió, esta vez con más ternura que la vez anterior.

—Buenas tardes. Soy tu vecina. Me llamo Pria. Quería decirte que, si alguna vez necesitás cualquier cosa, estoy a tu disposición, acá, del otro lado del pasillo.

Tomás se asomó contento por detrás, moviendo la cola sin parar, como si la reconociera.

El hombre permaneció completamente serio. No se movió.

—Bien.

Pria quedó mirando la puerta. Parpadeó un par de veces .... Miró la bolsa que llevaba en la mano, volvió a mirar la puerta. —¿Qué hice mal?
Se rascó la cabeza, confundida.
—Bueno... luego lo intento nuevamente.
Y regresó a su departamento.
Pasaron los días. Pero su vecino no dio ninguna señal.
Pria apenas escuchaba, de vez en cuando, los ladridos de Tomás. Y algunas noches, desde el otro lado de la pared, música clásica . Nada más.
Poco a poco, Pria empezó a resignarse.
Quizás aquel hombre simplemente no quería relacionarse con nadie. Y estaba
bien.

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