Habían pasado algunos días tranquilos.
Pria se había concentrado de lleno en el trabajo. En el atelier estaban preparando una gran exposición y había varios posibles compradores interesados en sus obras.
Sin embargo, por más ocupada que estuviera, había alguien que aparecía constantemente en sus pensamientos.
Dante.
Desde aquella noche en la que había encontrado la fotografía y el anillo, tenía demasiadas preguntas.
¿Quién era Lara?
¿Qué había pasado entre ellos?
¿Por qué Dante había dejado de verla?
Y, sobre todo...
¿Por qué en aquella fotografía podía ver?
Pria sabía que tarde o temprano tendría que preguntárselo.
Pero no quería presionarlo.
Si Dante todavía no estaba preparado para hablar, ella iba a esperar.
Aunque la fotografía volvía a su cabeza una y otra vez.
Esa tarde, después de pasar horas trabajando, Pria tomó un lienzo.
Pria es artista y cuando no puede expresar algo hablando, lo iva a expresar pintando.
Asi que preparó las pinturas, tomó los pinceles y comenzó .
No sabía exactamente qué quería expresar.
Solo necesitaba sacar de su cabeza aquella imagen.
Pasaron las horas.
Cuando finalmente se alejó del lienzo, se quedó observándolo en silencio.
Había pintado la fotografía.
Dante.
Más joven.
Sin sus anteojos oscuros.
Abrazando a una mujer hermosa.
Lara.
-¿Quiénes son?
La voz de Roma la hizo girar.
Pria había olvidado que su amiga todavía estaba allí.
-¿Qué hacés todavía acá? -preguntó, sorprendida.
-Vine a despedirme y te encontré completamente perdida frente a este cuadro.
Roma se acercó.
Miró la pintura durante unos segundos.
-¿Quién es ella?
Pria dejó escapar un suspiro.
-Se llama Lara.
-¿Y cómo sabés?
Pria dudó.
Finalmente decidió contarle.
-La encontré en el departamento de Dante.
Roma abrió los ojos.
-¿En su departamento?
-Sí.
Pria le contó todo.
La fotografía.
La fecha.
El anillo.
La imagen de Dante junto a aquella mujer.
Y también que él había mencionado su nombre mientras dormía.
Roma permaneció en silencio unos segundos.
-¿O sea que Dante es casado?
Pria bajó la mirada.
-No lo sé, amiga... no lo sé.
-Entonces... ¿quién es Lara?
Pria volvió a mirar el cuadro.
-Eso es justamente lo que no sé.
Roma la observó.
-Bueno... habrá que averiguarlo.
Pria asintió lentamente.
Sabía que tenía razón.
Pero todavía no sabía cómo.
Esa noche, como ya era costumbre, Pria y Dante cenaron juntos.
Hablaron.
Se rieron.
Por un rato, todo parecía normal.
El Dante que Pria conocía estaba ahí.
El hombre dulce que había comenzado a aparecer detrás de aquella personalidad fría y distante.
Cuando terminaron, se despidieron.
Dante regresó a su departamento junto a Tomás.
Pria cerró la puerta y se preparó para dormir.
Todo parecía tranquilo.
Hasta que Dante volvió a tener una pesadilla.
Se despertó sobresaltado.
Estaba empapado en sudor.
Respiraba con dificultad y sentía una fuerte presión en el pecho.
Se incorporó lentamente y llevó una mano hasta su rostro.
-Otra vez...
Tomás se acercó a la cama y soltó un pequeño quejido.
Dante se levantó.
Caminó hasta la cocina.
Sus manos temblaban.
Abrió una de las puertas del mueble.
La botella estaba ahí.
La tomó.
La sostuvo durante unos segundos.
Tomás volvió a quejarse.
Dante cerró los ojos fuerte
Durante unos segundos pareció debatirse consigo mismo.
Finalmente dejó la botella sobre la mesada.
-No...
Respiró profundamente.
Y en lugar de quedarse solo con aquello que lo atormentaba, salió de su departamento.
Caminó hasta la puerta de Pria.
Levantó la mano.
Dudó.
Finalmente golpeó.
Pria se despertó sobresaltada.
Se puso una bata y caminó hasta la puerta.
Cuando abrió, se encontró con Dante.
Tenía los ojos húmedos.
Una lágrima recorrió su rostro.
-¿Dante?
Él apenas pudo hablar.
-No quiero estar solo...
Pria sintió que el corazón se le partía.
-Pasá.
Dante entró lentamente y se dejó caer sobre el sofá.
Apoyó los codos sobre las rodillas y escondió el rostro entre las manos.
Pria se sentó a su lado.
-¿Qué pasó?
Dante negó con la cabeza.
-El dolor no se va, Pria...
Ella no dijo nada.
-Las pesadillas vuelven... -continuó él con la voz quebrada-. No puedo...
Pria lo abrazó.
Y esta vez Dante no se apartó.
Se aferró a ella.
Como si fuera lo único que podía mantenerlo de pie.
-Es mi culpa...
Pria cerró los ojos.
-Dante...
-¡Es mi culpa!
La frase salió entre lágrimas.
Dante lloró durante varios minutos.
Pria simplemente permaneció a su lado, abrazándolo.
Sin preguntas.
Sin exigir respuestas.
Solo acompañándolo.
Cuando finalmente se calmó un poco, Pria tomó su rostro entre las manos.
-Vení. Tenés que descansar.
Lo ayudó a levantarse y lo llevó hasta su habitación.
Dante se acostó.
Pria se acomodó a su lado y comenzó a acariciarle lentamente el cabello.
-Dormí -susurró-. Yo te voy a cuidar.
Dante cerró los ojos.
Poco a poco, su respiración comenzó a tranquilizarse.
Y por primera vez en mucho tiempo...
se quedó dormido sin luchar contra sus pesadillas.
Pria permaneció despierta, mirándolo.
Sabía que todavía había demasiadas cosas que no entendía.
Lara.
La fotografía.
El anillo.
La culpa que parecía perseguirlo.
Pero también había entendido algo esa noche.
Quizás ella no podía salvarlo de su pasado.
Pero podía quedarse mientras él aprendía a enfrentarlo.