Del otro lado del pasillo

Sentimientos

La mañana llegó demasiado rápido.

Pria se levantó con cuidado para no despertar a Dante y fue hasta la cocina a preparar el desayuno.

Poco después, regresó con una bandeja y la llevó hasta la cama.

Se sentó a su lado y lo despertó suavemente.

-Dante... despertá.

Él abrió los ojos lentamente.

-Buen día...

-Buen día. Te traje el desayuno.

Dante se incorporó y comenzó a desayunar.

Durante unos minutos, ninguno de los dos dijo una palabra.

Pria no se animaba a romper el silencio.

Había demasiadas cosas dando vueltas en su cabeza.

Cuando terminaron, dejó la bandeja a un lado y volvió a acurrucarse junto a él.

Dante la rodeó con sus brazos.

Se quedaron así.

Abrazados.

En silencio.

Hasta que él habló.

-Ahora tengo miedo de que me dejes.

Pria levantó la mirada.

-¿Por qué lo haría?

Dante no respondió.

Entonces ella intentó romper aquella atmósfera tensa con una pequeña sonrisa.

-Ya me echaste una vez... y no te funcionó.

Dante soltó una pequeña sonrisa, pero desapareció rápidamente.

-Porque no soy una buena persona, Pria. Te lo advertí.

Pria se incorporó un poco y lo miró casi enojada.

-¡No sos una mala persona!

Dante suspiró.

-Sí lo soy.

-¡No! Y no quiero que vuelvas a decir eso.

Él bajó la cabeza.

-Si lo soy...

Pria lo observó durante unos segundos.

Esta vez no quería discutir con él.

Quería entenderlo.

-Dime, Dante... hablame, por favor.

Él permaneció en silencio.

-Contame de Lara.

Dante se incorporó de golpe.

-¿Cómo sabés de ella?

Pria se sorprendió por su reacción.

-Vi la foto en tu mesa... y vos la nombraste mientras estabas borracho.

Dante bajó la mirada.

Pria se apresuró a aclarar:

-Perdón... no quise herirte. No debí mencionarlo así.

Dante negó lentamente con la cabeza.

-Vos no me lastimás, Pria...

Levantó una mano y buscó la de ella.

-Jamás lo harás.

Pria sintió un nudo en la garganta.

-Yo no quiero lastimarte. Dijo Dante

Apretó suavemente su mano.

-No podría cargar con esa culpa también.

Dante permaneció en silencio.

Entonces habló, casi en un susurro.

-La única forma en que me lastimarías... sería si te alejaras Dante

Pria lo miró fijamente.

-¿Como antes?

Pria asintió.

-Como antes, si

Pria tomó su mano y la llevó lentamente hasta su pecho.

La apoyó sobre su corazón.

-¿No lo sentís?

Dante frunció ligeramente el ceño.

-¿De qué?

Pria sonrió, emocionada.

-De esto.

Dante permaneció inmóvil, sintiendo los latidos bajo su mano.

Pria respiró profundamente.

Ya no quería esconderlo.

-¿No te das cuenta de que me estoy enamorando de vos?

Dante cerró los ojos.

La emoción le quebró la voz.

Levantó ambas manos y tomó suavemente el rostro de Pria.

Sus dedos recorrieron sus mejillas.

-Y yo... -susurró.

Una lágrima escapó de sus ojos.

-Yo también me estoy enamorando de vos, Pria.

Ella sonrió entre lágrimas.

Y por unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

No hacía falta.

Por primera vez, los dos habían dicho en voz alta aquello que hasta entonces solo se habían atrevido a sentir.




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