Del otro lado del pasillo

Corazón roto

Pria cerró la puerta. Apoyó la espalda contra
ella y, lentamente, se dejó caer hasta quedar sentada en el piso.
Las lágrimas comenzaron a caer. No podía creer que Lucio
hubiera aparecido. Después de todo ese tiempo. Después de
todo lo que había sufrido. Cerró los ojos. Y los recuerdos
volvieron. Como si nunca se hubieran ido. Pria había pasado
demasiadas noches sola. Esperándolo. Cuando intentaba hablar con él, cuando le decía que algo le dolía o le reclamaba sus ausencias, siempre recibía las mismas respuestas.
—Estás loca, Pria.!!! Gritaba
—Dejá de ser tan tóxica.
—Trabajo todo el día y cuando llego a casa, lo unico que recibo de vos son los problemas.y reclamos.
Siempre había una excusa nueva, para sus llegadas tarde.
El la hacia sentir culpable , hasta de su propia soledad.
Hasta aquella noche de su aniversario. Pria había preparado la cena con cuidado, pensando cada detalle.
Puso la mesa.
Encendió velas.
Preparó su comida favorita. Después se cambió, se puso eñ vestido azul que a Lucio siempre le gusto, se peinó y
maquillo , se miró al espejo sonrio feliz ,antes de sentarse a
esperar.
Quería que esa noche fuera especial. Miró el reloj. Una
hora.
Después otra.
Las velas comenzaron a consumirse.
La comida se enfrió.
Y Lucio no llegaba. Pria intentó llamarlo. Nada.
Pasaron las horas.
La noche se convirtió en madrugada. Y la madrugada comenzó a convertirse en día.
Cuando finalmente entendió Pria que él no iba a
volver, se quedó sentada en silencio. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
Se levantó.
Fue hasta el dormitorio. Sacó una valija y comenzó a guardar sus cosas.
No dejó una carta.
No hizo una escena.
Simplemente se fue.
Llamó a un remis y esperó en la
puerta de la casa.
Cuando subió al auto, sintió que estaba dejando atrás una vida entera.
Pero entonces lo vio. A través de
la ventanilla. Lucio acababa de llegar.
Bajó de un auto. Y antes de entrar, se inclinó hacia la mujer que conducía la besó apasionadamente.
Pria sintió que el mundo se detenía.
Entonces escuchó, aunque apenas podía creer lo que estaba viendo:
—Nos vemos más tarde en la oficina, amor.
Eso fue suficiente algo dentro de Pria se rompió definitivamente.
El auto comenzó a avanzar. Ella no volvió la cabeza.
Esa fue la última vez que vio a Lucio. Hasta hoy.
Pria abrió los ojos. Seguía sentada en el piso de su
departamento. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
Habían pasado meses. Meses en los que había conseguido
volver a sentirse ella misma. Había seguido adelante. Había
aprendido a estar sola. Y ahora que finalmente estaba bien...
Lucio había vuelto.
Y había vuelto como si nada hubiera pasado.
Como si nunca hubiera roto su corazón. Como si aquellos meses
no hubieran existido.

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