Pria miró la mesa.
La cena estaba lista.
Sacó la comida del horno y la colocó sobre la mesa.
Inspiró profundamente.
—Huele delicioso.
Sonrió.
—Espero que llegue pronto porque tengo hambre.
Miró hacia la puerta.
Pasaron unos minutos.
Nada.
Volvió a mirar el reloj.
Después la puerta.
Nada.
—Lo voy a buscar.
Negó con la cabeza.
—Hombres... todo lo hacen difícil.
Salió de su departamento.
Caminó hasta la puerta de Dante.
Tocó.
Esperó.
Nada.
Volvió a tocar.
—¿Dante?
Silencio.
—¿Dante, estás bien?
Pria apoyó el oído contra la puerta.
Entonces escuchó a Tomás.
—¡Sé que estás ahí! ¡Escucho a Tomás!
Finalmente, la puerta se abrió.
Pria lo vio.
Y se quedó helada.
Dante estaba completamente devastado.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Vete —dijo él.
Intentó cerrar la puerta.
—¿Qué?
Pria reaccionó rápidamente y pasó por debajo de su brazo antes de que pudiera cerrarla.
—No.
Entró.
—¿Qué pasó?
—Nada. Andate.
Dante señaló la puerta.
—Vete.
Pria negó con la cabeza.
—No me voy.
—Pria...
—No te voy a dejar así.
Dante bajó la mirada.
—Podés echarme, gritarme... lo que quieras. Pero no me voy a ir.
Pria se acercó.
—Hablá conmigo, por favor.
—Vete.
—No.
Dante apretó los labios.
—No debés estar conmigo.
Pria lo miró sin entender.
—¿Qué?
—Te lo digo por tu bien.
—No entiendo.
La voz de Pria comenzó a quebrarse.
—¿Qué hice mal?
Dante levantó la voz.
—¡No sos vos! ¡No todo es sobre vos!
Pria quedó inmóvil.
Dante respiró con dificultad.
—Soy yo.
Se pasó una mano por el rostro.
—No debés estar conmigo.
—¿Por qué?
Dante cerró los ojos.
Durante unos segundos pareció luchar contra algo dentro de él.
Finalmente, la miró.
—Porque soy un asesino.
Pria quedó paralizada.
—¿Qué...?
Dante negó con la cabeza.
—No quiero lastimarte.
—Dante...
—Vete.
—No.
—¡Vete, Pria!
Ella se acercó.
—No sé qué te pasó, pero no tenés que enfrentarlo solo.
Dante retrocedió.
—No entendés.
—Entonces explicámelo.
—No puedo.
—¿Por qué?
Dante apretó los puños.
—Porque si te quedás conmigo, algún día voy a destruirte.
Pria negó con la cabeza.
—Eso no lo podés decidir por mí.
Dante la miró.
Durante un segundo pareció querer acercarse.
Pero finalmente tomó su brazo.
—Vete.
—Dante...
—Por favor.
La voz de Dante se quebró.
—Vete.
La acompañó hasta la puerta.
Pria intentó mirarlo una última vez.
—No quiero que te vayas así...
Dante abrió la puerta.
—No vuelvas.
Y la sacó de su departamento.
La puerta se cerró con fuerza.
Pria quedó atónita.
Parada frente a aquella puerta cerrada.
No entendía nada.
Hacía apenas unas horas había despertado junto a él.
Habían reído.
Se habían besado.
Él había acariciado su cabello.
Y ahora...
Dante acababa de decirle que era un asesino.
Pria bajó lentamente la mirada.
Una sola pregunta daba vueltas en su cabeza.
¿Qué le había pasado a Dante?