Del otro lado del pasillo

Nosotros

Pria llegó a casa.

Pero antes de subir, hizo una parada.

Necesitaba algo.

Algo dulce.

Algo que pudiera compartir.

Tomó el ascensor, subió hasta su piso y caminó decidida por el pasillo.

Se detuvo frente a la puerta de Dante.

Tocó.

Esperó.

Unos segundos después, la puerta se abrió.

Dante apareció despeinado y con cara de sueño.

-¿Qué querés? -preguntó, medio dormido.

Pria sonrió.

-Pasar quiero.

-¿Qué?

Antes de que pudiera reaccionar, Pria hizo un movimiento rápido y entró.

Dante cerró la puerta detrás de ella.

-¿Qué querés? -preguntó nuevamente.

Pria levantó una bolsa.

-Traje helado para los dos.

Tomás apareció inmediatamente, moviendo la cola y ladrando de felicidad.

-Y para vos unas galletas de perro -dijo Pria agachándose para acariciarlo-. Sos un chico muy bueno.!!!

Tomás respondió moviendo todavía más rápido la cola.

Pria fue hasta la cocina, tomó dos vasos y sirvió el helado.

Cuando regresó, Dante estaba sentado en el sillón.

Ella le entregó uno y se sentó a su lado.

Dante probó una cucharada.

-¿Qué pasó? ¿Te dejaron plantada?

Pria soltó una sonrisa.

-No.

Lo miró.

-Yo lo planté.

Dante levantó la cabeza.

-Eso me habría gustado verlo.

Pria soltó una carcajada.

Durante unos minutos compartieron el helado en silencio.

Pria miraba alrededor.

Intentaba descubrir algo.

Una fotografía.

Un cuadro.

Algún objeto que le contara quién era Dante.

Pero no quería preguntar.

No quería hacerlo sentir diferente.

-Estás muy callada -dijo él.

Pria sonrió.

-Y vos no sos muy de la decoración, ¿no?

Dante giró la cabeza hacia ella.

-¿Para qué? Me da igual de qué color es una pared o si las cortinas combinan.

Se encogió de hombros.

-Bueno... para una artista plástica como yo es raro no ver nada.

Pria comenzó a imaginar el espacio.

-Mi cabeza funciona así. Pondría un cuadro ahí... una mesita acá... un jarrón alto con hojas...

Señaló hacia otro lugar.

-Y ahí pondría una figura de yeso.

Dante sonrió.

-¿Y qué más?

-Ahí me verías a mí cayéndome, tropezando y rompiendo tu figura de yeso.

-Buen punto.

Los dos rieron.

El silencio volvió.

Pero esta vez era diferente.

Más íntimo.

Dante dejó el vaso sobre la mesa.

-Me gustaría conocer tus obras.

Pria lo miró.

-¿Sí?

-Debés hacer cosas increíbles.

Entonces buscó su mano.

La tomó.

Sus dedos recorrieron lentamente la palma de Pria, como si quisiera reconocerla de otra manera.

Pria se quedó quieta.

-Podrías venir a mi atelier -dijo suavemente-. Te haria un recorrido exclusivo .

Por unos segundos ninguno dijo nada.

El silencio había cambiado.

Ya no era cómodo.

Era intenso.

Pria podía sentir la cercanía de Dante aunque apenas estaban separados por unos centímetros.

Él la miró.

Ella sostuvo su mirada.

-¿Qué? -preguntó Pria suavemente.

-Nada.

-Me estás mirando.

-Sí.

-¿Por qué?

Dante sonrió apenas.

-Porque estás acá.

Pria bajó la mirada, intentando esconder la sonrisa que se le escapaba.

-¿Y eso te sorprende?

-Un poco.

-¿Por qué?

Dante tardó en responder.

-Porque pensé que después de esta noche no ibas a venir.

Pria volvió a mirarlo.

-¿Después de qué?

-Después de ir a verlo.

Ella entendió inmediatamente.

-¿Estabas esperando que volviera llorando?

-No.

-¿Entonces?

Dante se encogió de hombros.

-No sabía qué esperar.

Pria respiró lentamente.

-No pasó nada.

Dante la observó.

-¿Nada?

-Nada que yo quisiera repetir.

La expresión de Dante cambió.

Pria sintió que el corazón comenzaba a latirle más rápido.

-¿Y ahora? -preguntó él.

-Ahora estoy acá.

Dante bajó la mirada hacia sus manos.

-Sí.

Pria sonrió.

-¿Eso es todo lo que vas a decir?

-Estoy tratando de portarme bien.

Ella soltó una pequeña risa.

-¿Y te está costando?

Dante levantó los ojos hacia ella.

-Mucho.

El aire pareció detenerse.

Pria dejó de sonreír.

Dante estaba cada vez más cerca.

No la tocaba.

Pero podía sentir su respiración.

-Dante...

-Decime que me aleje.

Pria lo miró durante unos segundos.

Podía hacerlo.

Podía levantarse.

Podía volver a su departamento.

Pero no se movió.

-No quiero que te alejes. le dijo suave

Dante cerró los ojos un instante, como si necesitara recuperar el control.

levantó una mano y rozó suavemente la mejilla de Pria.

Ella se estremeció.

-¿Puedo? -preguntó él.

Pria asintió.

Los dedos de Dante recorrieron lentamente su rostro.

Su mentón.

La curva de su mejilla.

Sus pómulos.

Hasta llegar a sus labios.

Pria cerró los ojos.

Dante se detuvo.

Ella abrió los ojos nuevamente.

Sus rostros estaban tan cerca que apenas quedaba espacio entre ellos.

Pria miró sus labios.

Después sus ojos.

Y volvió a bajar la mirada.

Dante respiró profundamente.

-Pria...

Ella levantó una mano y la apoyó sobre su pecho.

Podía sentir el latido acelerado de su corazón.

Sonrió.

-También estás nervioso? Pregunto

-Mucho más de lo que imaginás.

Pria acercó lentamente su rostro.

Sus labios quedaron a centímetros.

Ninguno se atrevía a dar el último paso.

Hasta que ella, casi sin pensarlo, tomó uno de los dedos de Dante entre sus labios y lo besó suavemente.

Dante se quedó inmóvil.

Y esta vez fue él quien cerró la distancia.

El beso comenzó lento.

Suave.

Casi como una pregunta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.