Después de que Don Manuel entro al despacho con los demas, continue con mi trabajo. Debía tomar en cuenta lo mal que se sentía mi jefe para reaccionar de esa forma, además de que se había disculpado. No, no iba a renunciar, tampoco estaba en condiciones de hacer algo así.
Limpiando las ventanas cristalinas que daban hacia el jardín medite en lo profundamente heridos que estaban todos aquí.
Pero lo que mas me despertaba intriga era ¿porque el señor estaba tan aferrado a que su hija seguía viva? Yo también tuve mi rayo de esperanza sobre mis padres, lo entiendo.
Lamentablemente la información que pude obtener fue que habían muerto, a pesar de no tener nombres ni cuerpos tuve que conformarme con ello.
Pero en cuanto a su hija ¿no tuvo un entierro? ¿Que huecos hay en esa historia que hace a Don Manuel pensar que sigue viva?
Las cuestiones en esta familia me parecían bastante oscuras, así que valia mas no centrarme en ellas.
Salí con las bolsas de basura en mano, caminando por el pasillo floreado y elegante que Francis se esforzaba en mantener.
Salude a Enrique mientras me habría la verja automática y me dirigí a los contenedores de afuera.
Entonces pude percatarme de que había una limusina estacionada no muy lejos de la acera, una que no era la de la familia Salvatierra.
Y se empezó a acercar a los contenedores en cuanto arroje la basura.
Di la vuelta rápidamente y con esperanza de que Enrique me viera, acelere el paso, pero el estaba mas entretenido con un crucigrama y la limusina no tardó en ponerse a la par de mi.
—oye—me dijo alguien tras el vidrio del asiento de atrás que apenas bajaron— espera, no te haré nada, tranquila
¿que tan tonta seria de confiar en algo asi? La voz de esta persona sonaba adulta, grave y lenta. Parecía que a pesar de querer llamar mi atención, no quería que alguien más lo escuchara. Ignorando lo que dijo continué caminando
— ¿Manuel sigue ocupado? ¿Ha terminado de hablar con Alejandro?— preguntó con una curiosidad contenida.
La sorpresa me hizo detenerme, al parecer no estaba hablando con algún secuestrador, esta persona conocía a mi jefe.
—Eh… si gusta ver a Don Manuel puedo decirle a el guardia que quiere pasar
pero la voz misteriosa soltó una risa áspera.
—no te molestes, no soy bienvenido aquí
entonces bajo la ventana completamente.
Me tope con el rostro de un hombre de entre cuarenta y cinco y cincuenta años, con el cabello oscuro, aunque un poco canoso de las sienes pero cuidadosamente peinado. A pesar de su edad tenía unos rasgos firmes y atractivos, unos que me parecían familiares de algún lugar. Y unos ojos azules fijos en mi, fríos, su expresión severa bastaba para imponer presencia.
—tu eres la mucama de la familia ¿no es así?
—si señor…
—ya veo…—parecía sopesar las palabras que decía, cuidando las preguntas que me hacia
— pero entonces cuéntame ¿ellos han estado bien? ¿Como la ha pasado Manuel? ¿Y que hay de su querida esposa?—pregunto, eso ultimo en un tono mas insinuante.
¿quien era este tipo? ¿Porque era tan sospechoso? Lo que sabia era que, fuera el motivo que fuera, si no lo querían dentro de su casa debía ser por razones de verdadero peso ¿quien era yo para venir a pasarle información de aquella gente que ya bastante debía tener?
—estan bien— Mentí— si me lo permite debo volver a trabajar—conteste mientras me direccionaba de nuevo a la verja.
Pero parece que mi forma de desviar todo esto habia sido muy obvia, o al menos el no se la había creído.
—¿tambien tu les tomaste cariño?— me dijo desde el auto— tu, ese mayordomo, el jardinero, incluso ese tipo que lee su crucigrama y ni siquiera se preocupa por ti—señaló a Enrique con la cabeza— tanta lealtad, parecieran una completa familia, que lastima que es algo que los Salvatierra nunca serán ¿no te parece?
¿Cómo podía decir algo tan desagradable? Pero no era momento de plantarle cara, grite el nombre de Enrique para llamar su atención y este enseguida me abrió la verja. Antes de dar el primer paso dentro, me grito unas ultimas palabras.
—¡adiós Sofia!
¿Como sabia mi nombre?
Caminando por el pasillo vi a Francis, recortando los arbustos que se acomodaban en las ventanas
—¡Francis!
El levanto la vista rápidamente, pero volvió a seguir con su trabajo
—oh sofia, ahora es mal momento —contesto—Arnold parece un tirano, si me ve hablando contigo nos costará caro a los dos, no se que le paso que está tan malhumorado.
Puede que yo si
—solo quería saber ¿quien es el tipo de la limusina?
—¿que limusina?
—la que está estacionada allá, un poco despues de los contenedores
Francis levanto la vista, y vio la limusina, desconcertado
—me pregunto por el señor y la señora, tambien sabia mi nombre, dijo que el no era bienveni…
—Sofia—me interrumpió—metete ya a la casa, antes de que Arnold se enteré siquiera que estuviste afuera, luego hablamos.
lo mire confundida.
—¿pero que pasa?
—luego te explico, entra ya, rapido.
Nunca pensé en la autoridad que tenia Arnold en esa casa hasta ahora, incluso Francis tenia miedo de hacerlo enojar.
Camine en dirección a la puerta, pero antes Francis me dijo por ultima vez:
—No vuelvas a hablar con ese hombre, Sofia.
—Está bien—respondí, no quise cuestionar nada en ese momento.
Entre confundida por lo ocurrido, cualquier duda que tuviera parecía no poder ser atendida aun. Con muchas preguntas y ninguna respuesta, seguí con las cosas que tenía que hacer, concentrándome en ellas,
Volví a aspirar la dichosa alfombra, siendo que no tenia mucho trabajo después de que se me prohibiera subir y fui a la cocina buscando algo que hacer.
Mientras limpiaba las sillas sentada en el suelo, escuche pasos acercarse a la cocina de nuevo
Al levantar la vista mire a Arnold tomando una jarra y llenándola de agua, supuse que para llevarla al despacho