No, no, no— se negaba rotundamente Valentina caminando en círculos por la alfombra roja en el centro del despacho— no me puedes pedir algo así papá
Don Manuel sentado en su escritorio, recargando los codos y frotándose la frente con una mano se veía exasperado, solo él sabía el monstruo terco que tiene de hija.
—No se trata si la situación nos gusta a alguno de nosotros Valentina, tengo que cuidar a tu madre y tu sabias que tarde o temprano tenías que aprender a llevar la empresa.
— Y me enseñarías tu— exclamó notablemente furiosa—sabes que estoy estudiando, tengo cosas que hacer, trabajos, diseños, las clases—explicaba contando con los dedos frente a su padre— ¡no tengo tiempo de hacer esto papá!
Había un pasillo con bastante falta de luz por el que tenía que pasar para llegar al centro del despacho donde estaban todos.
Debía pasar a dejar la jarra en el escritorio, pero Valentina no dejaba de caminar y de hacer ademanes, me daba miedo tropezar y tirar la jarra. Estaban tan metidos en el asunto que ni siquiera se daban cuenta de que yo estaba ahí, en la penumbra, viendo todo el escenario.
Pero no solo yo, Alejandro también parado, recargado en los libreros que estaban pegados a la pared ordenados por color y tamaño de mayor a menor, sospechaba que por obra de Arnold.
El también los miraba, el berrinche de Valentina y la exasperación de Don Manuel, pero se mantenía callado al margen del conflicto. Parecía estar acostumbrado a este tipo de cosas.
—Aprenderás de dónde sacar tiempo, ya no puedo dejarte que huyas de esto— contestó su padre, esta vez subiendo más la voz.
—Está bien, como digas—dijo ella, conteniendo el enojo o al menos eso parecía— pero solo si me enseñas tu.
—¡No! — soltó él en un grito—¿crees que no sé lo que haces? No habrán mas negociaciones, te he dado tiempo, has dejado que esto se alargue y ya no puedes posponerlo más.
—¡porque no quiero trabajar con él!— contesto ella mientras apuntaba a Alejandro que aún parecía imperturbable
—Jacob es copropietario de la empresa, sabes que tienes que trabajar con Alejandro algún día quieras o no
—pero…
—siempre que te quise enseñar ponías excusas para no hacerlo, pues aquí están las consecuencias, él va a enseñarte lo necesario mientras yo no esté.
Pero Valentina miraba a Don Manuel de forma retadora, maquinando algo en su cabeza. No iba a rendirse, estaba dispuesta a pelear y negociaría lo que fuera con tal de no obedecer a su padre.
—correcto, tienes razón —acepto, conteniendo notablemente la rabia que sentía— le di demasiadas vueltas al asunto y necesitas que aprenda, así que cuando puedas asumir de nuevo el mando dejaré que me enseñes sin protestar, lo prometo.
Don Manuel soltó un suspiro, entrelazando las manos pareciendo más cuidadoso con lo que diría.
—Ya no solo se trata de que aprendas, tu madre está muy mal y lo sabes— explicó —quiero estar más cerca de ella.
Alejandro estaba allí, escuchando todo como si no fuera novedad ¿entonces él lo sabía? Al parecer estaba más enterado de lo que pasaba en esa casa de lo que yo pensé.
—Contrata una enfermera, pon a la criada que lo haga—replicó, supongo que refiriéndose a mi
—No voy a contratar a personas que cuiden de alguien que deberíamos estar cuidando nosotros, no puedo seguir dejando sola a tu madre con esto. En cuanto a la “mucama”—pronunció haciendo hincapié— no voy a arriesgarme a que la vea y explote otra vez
—entonces despídela y consigue otra
— Ella no tiene que ver en esto— hablo Alejandro de repente, era lo primero que decía desde que entré— es la primera que aguanta tu actitud malcriada, despidiéndola solo complicas mas las cosas para tu padre.
—ah claro, tienes que defenderla o no tendrás a quien verle las piernas cada que vengas.
Al instante de escuchar eso me ruborice, esta vez no sabia como interrumpirlos sin que vieran que escuche eso.
—debe ser molesto que ella sí pueda usar vestido y tu no ¿cierto?—respondió provocándola, con una mueca de malicia.
—se consigue una criada en cualquier lugar—dijo ella dirigiéndose a su padre de nuevo, pretendiendo ignorar el comentario de Alejandro— si tan mal pone a mi madre, sácala de aquí, es lo mas obvio
—Le vuelves a llamar criada una vez más y dejaré de mantener la boca cerrada—amenazó Alejandro subiendo la voz— la única razón por la que aceptó esto es por respeto a tu padre, pero no te debo ningún favor ni a ti ni a nadie de esta casa así que acomoda tus prioridades y elige a tu familia—le advirtió con tono lento y contenido—porque te necesitan y yo no voy a tolerar tu actitud altanera cuando estés trabajando conmigo.
volteo rápidamente hacia Don Manuel, quien observaba la escena como si esperara esta pelea— ella no ha hecho más que cumplir con su trabajo, pero ustedes no son personas fáciles y ella ha aguantado suficiente de parte de todos— le dijo enfatizando lo ultimo— lo mínimo que puede hacer por ella es dejarla en paz.
Ella no va a ser despedida—aclaró Don Manuel, dirigiéndose a su hija — tu madre es la que está mal, no ella, no puedo ocultarle a cada persona que le de un atisbo de esperanza, necesita que la cuidemos—insistió
—¿a ti porque se te ocurrió aceptar esto? ¿enserio piensas que podríamos trabajar juntos?—le recriminó ella a Alejandro— ¿Te recuerdo el trato prenupcial que se canceló?
—dios me libre de casarme contigo
¿De que están hablando? ¿Estuvieron a punto de casarse?
—míranos—se dirigió a su padre de nuevo— ni siquiera podemos entablar esta conversación. Además ¿cuánto tardará en ser un problema de poderes? El querrá mi obediencia y si, se que soy la dueña del sitio también, pero habrán muchas cosas que estaremos en desacuerdo
Alejandro frunció él sueño al notar algo en sus palabras
—tú no vas a dar órdenes ¿entiendes eso verdad?
Ella lo miró con desconcierto.