Ha pasado casi un año desde la primera vez que intenté usar magia.
Aquel día, después de unos cuantos intentos, terminé quedándome dormido en el suelo. Ahora puedo levantar un vaso en el aire sin problemas usando Viento Susurrante.
Así que he progresado.
Y bastante, además.
Tampoco se me da mal Bola de Agua. Al principio, el agua apenas recorría unos metros antes de deshacerse. Ahora puedo lanzarla hasta la mitad del jardín.
Claro que todavía no es lo bastante poderosa como para hacerle mucho daño a alguien, pero al menos soy un poco más peligroso que un globo lleno de agua.
Creo.
Durante todo este tiempo, el lugar donde más horas he pasado ha sido la biblioteca.
En realidad, terminé de leer Introducción a la magia hace bastante. Tampoco era un libro muy largo.
Pero, por alguna razón, este sigue siendo el lugar más cómodo de toda la casa.
Es tranquilo.
Nadie aparece de repente para levantarme en brazos.
Especialmente mamá.
Ya entendí que me quiere, pero a veces creo que me quiere un poquito demasiado.
Papá, en cambio, pasa gran parte del día fuera de casa.
Todavía no sé exactamente a qué se dedica, pero algunas veces he visto manchas de sangre en su espada cuando regresa. Además, siempre trae carne u otros alimentos.
Supongo que sale de caza.
Lo realmente extraño es que casi nunca se separa de su espada. Incluso dentro de casa suele llevarla colgada de la cintura.
Y cuando tiene tiempo libre en el jardín, no deja de entrenar.
Repite los mismos movimientos una y otra vez.
A veces decenas de veces.
Otras, cientos.
Todavía no entiendo por qué alguien querría pasarse la vida blandiendo una espada en un mundo donde existe la magia, pero está claro que papá se toma el asunto muy en serio.
Mamá es todo lo contrario.
Como sabe que me gustan los libros, siempre le pide a papá que me compre nuevos libros ilustrados.
Él pone mala cara cada vez que tiene que pagarlos, pero termina comprándolos de todos modos.
Creo que ya está bastante claro quién tiene la última palabra en esta casa.
Aunque, pensándolo bien, yo tampoco soy tan diferente de papá.
Practico los mismos hechizos todos los días.
Especialmente Viento Susurrante.
Sin embargo, durante los últimos meses ha comenzado a suceder algo extraño.
Al principio, cuando utilizaba magia, solo sentía aquella peculiar sensación de alivio en mi interior.
Ahora también siento otras cosas.
No sé muy bien cómo explicarlo.
A veces me doy cuenta de que alguien camina detrás de mí antes de escuchar sus pasos.
Otras veces, justo antes de que algo se caiga de una mesa, siento que va a suceder incluso antes de verlo.
Es como si mi percepción no dependiera únicamente de mis ojos.
Por un instante, algunas cosas que ocurren a mi alrededor parecen llegar directamente a mi mente.
El problema es que la sensación no es nada agradable.
Cada vez que sucede, comienza un pitido agudo dentro de mis oídos.
A veces dura unos segundos.
Otras veces, más.
Al principio me asustaba, pero con el tiempo empecé a pensar que podía estar relacionado con el maná.
Tal vez, por usar magia constantemente, estaba empezando a percibirlo.
No recuerdo haber leído nada parecido en el libro, pero ¿qué otra cosa podría ser?
Hoy volvió a suceder mientras practicaba Viento Susurrante en mi habitación.
Había levantado ligeramente el vaso del suelo. Justo cuando intentaba elevarlo un poco más, aquel sonido agudo comenzó a resonar dentro de mis oídos.
Piiii...
Ah.
Otra vez.
Pero esta vez era diferente.
Había algo detrás de mí.
No.
Alguien.
Bajé lentamente el vaso hasta el suelo y me di la vuelta.
Mamá estaba de pie junto a la puerta, mirándome.
Tenía un libro en la mano.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Su mirada pasó de mí al vaso que estaba en el suelo y luego al libro de magia que había dejado abierto.
No conseguí entender su expresión.
¿Sorpresa?
No.
Por un instante me pareció ver algo diferente.
¿Miedo?
Mi corazón comenzó a latir más deprisa.
¿Por qué se había asustado?
¿Acaso no debía utilizar magia?
¿O era extraño que pudiera hacerlo a mi edad?
¿Pensaba que yo era...?
¿Que había algo raro en mí?
—Lucas... ¿Estás leyendo lo que pone en este libro?
Su voz sonaba normal, pero por alguna razón sentí un nudo en la garganta.
—Sí.
Esperé un momento y bajé la cabeza.
—Lo siento.
Mamá frunció el ceño.
—¿Desde cuándo haces esto?
—Desde hace bastante tiempo.
—¿Y por qué no nos lo dijiste?
Abrí la boca para responder, pero no salió nada.
¿Por qué no se lo había dicho?
Tal vez tenía miedo de que se enfadaran porque había tomado el libro a escondidas.
O quizá pensaba que me considerarían extraño si descubrían que podía utilizar magia con solo tres años.
Puede que...
No lo sé.
Cuando te acostumbras a esconder algo, llega un momento en el que contarlo se siente extraño.
—Yo... no lo sé.
Mamá me observó durante unos segundos.
Ahora sí que se va a enfadar.
Tal vez se lo cuente a papá.
Quizá me prohíban entrar en la biblioteca para siempre.
O puede que...
De repente, se acercó y me levantó en brazos.
¿Eh?
—Ay, mi pequeño tontito...
Me abrazó un poco más fuerte.
—¿Por qué íbamos a enfadarnos contigo por algo así?
No dije nada.
Me quedé quieto entre sus brazos.
—Estás aprendiendo a leer por tu cuenta y ahora resulta que también has aprendido magia. Estoy muy orgullosa de ti. Pero no vuelvas a escondernos cosas así, ¿de acuerdo?
Asentí ligeramente.
Cuando mamá me dejó en el suelo, volvía a sonreír.
Aquella extraña expresión que había visto en su rostro también había desaparecido.