La oscuridad tras el silencio

Capítulo 6: Advertencia

A la mañana siguiente, el ambiente en casa de Gareth era mucho más relajado que la noche anterior.

Al menos nadie estaba hablando de amigos muertos, Humanos Superiores o antiguos símbolos cuyo significado nadie conocía.

Para mí, aquello ya era un gran avance.

Gareth había dejado sobre la pequeña mesa pan, queso y algunos trozos de carne seca. Mi padre desayunaba tranquilamente, como si la noche anterior no hubiéramos pasado horas hablando de asuntos bastante serios.

Yo no conseguía hacer lo mismo.

Seguía pensando en el cuaderno de Aren.

Magia silenciosa.

Percepciones extrañas.

Voces que no podía explicar.

Y las preguntas que mi madre me había hecho unos días atrás.

¿Te mareas? ¿Sientes dolor? ¿Te ha pasado algo más que no puedas explicar?

En aquel momento no les había dado demasiada importancia.

Ahora, sin embargo, había una pregunta que destacaba por encima de todas las demás.

¿Cómo sabía mi madre esas cosas?

—Si sigues poniendo esa cara, vas a envejecer antes de tiempo —dijo mi padre.

Levanté la cabeza.

—Tengo cuatro años.

—Pues empezar tan pronto es todavía peor.

Gareth dejó su taza sobre la mesa.

—Tú tenías peor aspecto a su edad.

Mi padre levantó una ceja.

—¿Buscas pelea a estas horas de la mañana?

—No. Intento echarte de mi casa.

—Todavía no he terminado de desayunar.

—Para ti, el desayuno ya ha terminado.

Mi padre se metió en la boca el último trozo de carne que quedaba en su plato.

—Ahora sí.

Gareth me miró.

—Tienes que vivir con este hombre todos los días.

—Estoy intentando acostumbrarme.

—No lo hagas.

Mi padre nos miró alternativamente.

—Tengo la sensación de que aquí se está formando una alianza contra mí.

—Te has dado cuenta demasiado tarde —respondió Gareth.

Mi padre estaba a punto de contestar, pero Gareth se recostó ligeramente en la silla.

—Si Aren estuviera aquí, ya se habría puesto de nuestro lado.

El ambiente de la mesa cambió por un instante.

Pero esta vez, mencionar a Aren no provocó un silencio incómodo.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de mi padre.

—Aren elegía de qué lado ponerse dependiendo de quién tuviera la comida.

—Eso lo aprendió de ti.

—Calumnias.

Gareth se volvió hacia mí.

—Una vez nos encargaron encontrar unas cabras que se habían perdido. Tu padre aseguró que sabía seguir rastros.

Mi padre intervino inmediatamente.

—No lo aseguré. Lo sabía.

—Estuviste dos horas siguiendo nuestras propias huellas.

Mi padre guardó silencio unos segundos.

—Hacía mal tiempo.

—Estaba soleado.

—El terreno era complicado.

—Estábamos en una llanura.

Mi padre me miró.

—Gareth se está haciendo viejo. Últimamente recuerda demasiados detalles innecesarios.

Gareth se rio.

—Aren te llamó «el gran rastreador» durante dos horas.

—Por respeto.

—Desde luego que no era por respeto.

No pude evitar reírme.

Mi padre negó con la cabeza, aunque también estaba sonriendo.

Después de todo lo que había escuchado sobre Aren la noche anterior, resultaba extraño imaginármelo así.

Curioso, algo terco, obsesionado con la magia... pero también alguien normal, que se burlaba de sus amigos y discutía por el último trozo de pan.

Cuando se hablaba de alguien que había muerto, generalmente solo se contaba cómo había sucedido.

Gareth y mi padre, en cambio, me estaban mostrando cómo había vivido Aren.

Creo que eso era más importante.

Gareth contó otra anécdota. Esta vez habló de cuando Aren encontró una inscripción antigua en una cueva y se negó a levantarse, a pesar de llevar horas examinándola sin comprender absolutamente nada.

—Tres horas —dijo Gareth.

Mi padre negó con la cabeza.

—Dos.

—Tres.

—Dos y media.

—Tres.

—¿Y tú cómo sabes cuánto tiempo pasó?

—Porque estuve tres horas pasando hambre.

—Yo también tenía hambre.

Gareth entrecerró los ojos.

—Tú te comiste el último trozo de pan.

—Precisamente por eso tenía menos hambre.

Mi padre dijo aquello sin mostrar el menor arrepentimiento.

Mamá no puede enterarse de esta historia.

Aunque, pensándolo mejor...

Definitivamente tiene que enterarse.

Después de desayunar, mientras nos preparábamos para salir, Gareth estuvo hablando un rato con mi padre fuera de la casa.

No escuché lo que decían.

Tampoco intenté hacerlo.

Unos minutos después, mi padre se acercó a los caballos y Gareth salió detrás de él.

—Quédate con el libro —dijo Gareth.

Mi padre miró el ejemplar de Fundamentos de la magia — Volumen I que tenía en las manos.

—¿Estás seguro?

—El libro ya es tuyo.

—Me refiero al símbolo.

—Precisamente por eso quiero que lo conserves.

Gareth dirigió la mirada hacia mí.

—Lucas.

—¿Sí?

—No olvides lo que te dije ayer.

Sabía perfectamente a qué se refería.

—No utilizaré magia silenciosa.

—Ni siquiera intentarás hacerlo.

—De acuerdo.

Me observó durante unos segundos.

—Vaya. De verdad hace caso.

Mi padre gruñó mientras revisaba las correas de uno de los caballos.

—Eso lo ha heredado de mí.

La expresión de Gareth no cambió en absoluto.

—No.

—Podrías apoyarme al menos una vez.

—Respeto demasiado la verdad.

Mi padre me miró.

—No sé cómo he conseguido seguir siendo amigo de este hombre durante tantos años.

—Yo sí lo sé —respondió Gareth.

Mi padre se volvió hacia él.

—¿Cómo?

—Estaba Aren.

Mi padre se quedó quieto un instante.

Después se echó a reír.

Esta vez Gareth también rio.

Cuando nos marchamos, Gareth se quedó frente a la puerta de su casa.

Después de avanzar unos pasos, mi padre se volvió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.