Papá llegó para rescatarme

~12~

Abigail estaba jugando al solitario cuando alguien llamó a la puerta de su oficina. Así que, como la profesional que era, cerró la pestaña y se preparó para fingir que estaba terriblemente ocupada.

Antes, le echó un vistazo a Jacob, que estaba intentando encastrar un triángulo en un círculo.

Ese juguete era la mejor inversión. Al menos a él le encantaba y lo mantenía entretenido por más tiempo que cualquier otra cosa.

—¡Adelante!

Sebastian asomó la cabeza y sonrió.

—¿Estás ocupada?

—No, pasa —negó con la cabeza, un tanto confundida—. ¿Qué haces aquí?

—El plan era ir a hablar con mi primo Jonathan, pero le surgió una cirugía de urgencia y me derivó con Samuel —respondió, divertido—. Y no podía irme sin pasar a saludarte.

Abigail rio, se levantó del asiento y lo saludó con un ligero y rápido abrazo.

—Siéntate, por favor —le acercó una silla que él enseguida se apresuró a tomar—. ¿Estás apurado?

—Tengo que buscar a Charlotte al colegio en una hora. Hoy tiene…

Sebastian dejó de hablar cuando sintió algo en la pierna.

Ese “algo” era un alguien y era Jacob, que, con una velocidad sorprendente y ayudándose del cuerpo de Sebastian, se puso de pie y se abrazó a él.

—¡Mira qué rápido te pones de pie! —celebró Sebastian, alzándolo en brazos—. Un día de estos vendrás corriendo hacia mí.

Jacob soltó una risita, balbuceó y luego le tomó la nariz a Sebastian.

—Le encanta mi nariz —bromeó él.

Abigail rio y estiró los brazos.

—Ven aquí, bebé —lo llamó—. Deja a Sebastian sentarse.

Jacob la miró, luego a Sebastian y finalmente empezó a saludarla con la mano.

Abigail abrió la boca.

—No te vas a ninguna parte, así que no saludes —le advirtió.

Sebastian terminó riendo.

—¿A qué hora terminan aquí?

—En media hora —respondió Abigail.

—Bueno, entonces vamos a pasear si el bebé quiere eso —miró a Jacob con complicidad y, con voz tierna, le dijo—. ¿Vienes conmigo? Seguro que a Charlie le pondrá contenta si te ve al salir del colegio.

Jacob balbuceó un montón de cosas sin parar.

Abigail decidió intervenir porque, claramente, su hijo se estaba independizando muy rápido y empezaba a hacer planes como si no fuera un bebé.

—¿No estás cansado? —preguntó a Sebastian—. Quizá quieras descansar.

—Estoy bien, además me encanta pasar el rato con ustedes —dijo con una sonrisa mientras tomaba asiento—. Estuve mucho tiempo sin hacer nada porque a Charlie muchas cosas la agobiaban, pero ahora que está animándose a más, me gusta pasear.

Abigail rodeó el escritorio, resignada a que Jacob prefiriera estar en los brazos de Sebastian, y finalmente se sentó.

—Está bien, hagamos algo —sonrió—. Creo que es evidente que mi hijo ya decidió que quiere irse contigo.

—Eso sonó a que estás siendo obligada.

Abigail rio.

—No, también me encanta pasar el rato con ustedes —admitió.

—Me alegra escuchar eso porque tengo otra propuesta para ti.

—¿Y cuál es esa propuesta?

—El viernes por la noche acordé con Samuel ir a cenar a su casa para que Charlotte conozca a sus hijas —explicó—. Se acerca Navidad y quiero que empiece a familiarizarse con los Montgomery.

—Me parece bien. Además, las niñas de Samuel son adorables, seguro van a congeniar de inmediato.

—Sí, sé que sí, pero quería preguntarte si te gustaría ir con nosotros —dijo con cierto nerviosismo—. Charlotte se siente segura contigo y con Jacob. Con las niñas dudo que haya inconveniente, pero como los adultos la intimidan, me da un poco de miedo que la presencia de Jonathan y Samuel sea demasiado.

Abigail sonrió, enternecida.

—Con gusto iré a apoyar a Charlie —dijo sin pensarlo.

—Gracias.

—Y a ti, porque creo que estás muy agobiado.

Sebastian rio, nervioso.

—Pensé que lo estaba disimulando.

—Para nada.

—Yo creo que eres medio bruja. Yo soy bueno ocultando lo que me pasa —aseguró—. Lo hago a menudo en el trabajo cuando me tocan casos difíciles.

Abigail se encogió de hombros.

—A mí se me hace fácil leerte, pero no creo que sea bruja —meditó—. De lo contrario, mis poderes fallaron con Patrick.

Sebastian rio.

Jacob también.

Dios Santo, había hecho una buena imitación de la risa de Sebastian.

Tenían más química padre e hijo que con Patrick.

—Entonces tenemos una cita —dijo Sebastian, sacándola de sus pensamientos—. El viernes.




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