Papá llegó para rescatarme

~16~

Abigail sonrió satisfecha cuando Charlotte terminó con la tarea. Ella se había encargado de supervisarla y ayudarla cada vez que le surgía alguna duda mientras Sebastian lidiaba con Jacob que estaba particularmente inquieto.

Obviamente, quería la atención de Charlotte y también los cuadernos de Charlotte, pero Sebastian había demostrado ser un niñero de primera.

—Voy a guardar todo y ya podemos jugar, Jacob —le informó Charlotte.

Abigail miró a Sebastian y apretó los labios para no reír al notar que estaba despeinado.

—¿Estás bien?

—Sí, solo que hace tiempo un niño no me mantenía tan alerta —confesó. Luego, con una voz tierna y mirando a Jacob, añadió—: Es terrible este bebé.

—Sí, tiene sus días más rebeldes —dijo Abigail mientras sostenía la mochila para que Charlotte metiera sus útiles.

Cuando terminaron, cerró los cierres y colocó la mochila sobre el sofá.

—Ven, Jacob —lo llamó Charlotte con una sonrisa—. Juguemos al escondite.

Sebastian dejó a Jacob en el suelo y enseguida empezó a gatear detrás de Charlotte, que ya se había escondido detrás del sofá.

Unos momentos después, salió detrás de él dando un pequeño saltito y Jacob soltó una carcajada feliz.

Abigail los miró con una sonrisa. Por otra parte, Sebastian se sentó junto a ella y suspiró.

—Por suerte Charlotte es joven y puede seguirle el ritmo —bromeó.

Ella volvió a mirarlo y sonrió. Luego, de manera instintiva, alargó la mano y le acomodó el cabello. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, hizo una mueca.

—Perdón, es que tenías un poco alborotado el pelo y…

—Gracias —la interrumpió él con una sonrisa.

Abigail se la devolvió y luego comprobó que los niños siguieran jugando, completamente metidos en su propio mundo.

Fue fácil. Las risas llegaban de todas partes mientras Charlotte se movía para que Jacob la buscara. Cada vez que la encontraba, sus carcajadas rebotaban en las paredes.

Abigail aprovechó aquel momento de relativa calma para hablar de cosas de adultos.

—Ayer vino Patrick.

—¿Y qué tal estuvo todo?

—Su visita fue reveladora —dijo pensativa—. Últimamente siempre es así.

—¿Por qué?

—Porque la sensación de “¿por qué estuve con este tipo?” es cada vez más frecuente.

Sebastian soltó una carcajada.

—Eso me dice que su visita no fue muy grata.

—Es que estaba en modo víctima. Dijo que en Navidad se emborrachó y empezó a llorar por mí y que por eso nuestros amigos me hicieron a un lado —contó, todavía incrédula—. Es que, en serio, no puedo creer que todos sean igual de idiotas que él.

—¿Están casados?

—Sí. Sus esposas eran amigas mías, o eso creía —levantó las cejas—. Yo estuve para todas cuando pasaron malos momentos, pero cuando les tocó a ellas estar para mí, no sé qué pasó.

—Todos ellos se pierden de una buena amiga —dijo Sebastian con calma.

Abigail le sonrió.

—Gracias.

—Solo digo lo que veo. A mí apenas me conoces y vas a ir a apoyarme en la cena del viernes.

—Conozco a tu hermana y a tus primos. Tengo buenas referencias como para saber que eres un buen hombre y no dudar en ayudarte —le dijo, alargando una mano hacia su brazo y acercándose como si fuera a contarle un secreto—. ¿Sabes? Ayer, cuando respondiste “hermosa” a la foto que te envié de Charlie, Patrick pensó que me lo decías a mí.

—¿Estaba con tu teléfono?

—No, pero justo estaba enseñándole un video de Jacob caminando.

—¿Jacob caminó? —preguntó él, entusiasmado.

Abigail lo miró, divertida. Esa era exactamente la reacción que había esperado de Patrick.

—Sí, luego te enseño el vídeo.

—De acuerdo —rio—. Lo siento, me distraje, pero sigue contándome.

—Bueno, me empezó a preguntar quién eras y yo no aclaré lo de la foto. Lo dejé pensar que me estabas diciendo hermosa a mí —confesó, sintiéndose un poco tonta—. Así que, si algún día tienes la mala suerte de cruzártelo y te mira mal, es por eso. No le cayó muy bien saber que tengo un nuevo amigo que me dice hermosa.

Sebastian esbozó una sonrisa maliciosa.

—La próxima dame una señal y te escribo lo que quieras.

Abigail rio.

—¿Serías capaz?

—Me encanta molestar a la gente mala —se encogió de hombros—. En comparación con lo que te hizo, no es nada.

—Me caes tan bien —dijo ella con una sonrisa cómplice.

—Tú igual. Deberíamos haber hecho esto antes, aunque… bueno, yo estaba con todo el asunto de Charlie.

—Nos encontramos en el mejor momento —aseguró ella—. Yo adoro a Samuel, Brooke, Rebecca y Florence. Ellos sí que me han enseñado lo que es un grupo de amigos, pero tienen sus propias familias y sus tiempos, así que es bueno coincidir contigo.




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