Papá llegó para rescatarme

~19~

Abigail despertó con el sonido del timbre y bajó en pijama a toda prisa porque no quería que Jacob se despertara.

Cuando abrió la puerta, arrugó el ceño.

Patrick estaba frente a ella.

—¿Durmiendo a las diez de la mañana? —preguntó, elevando una ceja.

—Es sábado —respondió mientras se frotaba los ojos.

Patrick entró y observó alrededor.

—¿Estás sola?

—¿Con quién más estaría? —preguntó confundida mientras cerraba la puerta.

—No lo sé… con tu amigo Sebastian, quizá.

Abigail se frotó la sien. No había bebido y, aún así, tenía la sensación de tener resaca al escuchar a Patrick decir tonterías tan temprano.

Bueno, no era tan temprano, pero era sábado y a ella le gustaba quedarse en la cama un poco más. También le gustaba que Jacob hiciera lo mismo porque el pobrecito tenía la misma rutina que ella durante la semana.

—No entiendo por qué Sebastian estaría aquí.

—Estuviste anoche con él.

—Sí, fuimos a cenar con amigos —se encogió de hombros.

—No ibas a cenar conmigo y nuestros amigos —le reclamó.

Abigail rio y negó con la cabeza.

—Si viniste aquí para hacerme reclamos absurdos…

—No son reclamos, pero al menos me gustaría que no andes publicando fotos con el tipo ese —dijo de forma despectiva—. Mis amigos empezaron a bombardearme con mensajes preguntando si ya había visto tu Instagram.

Abigail arrugó el ceño. Ni siquiera había publicado nada. Simplemente había compartido una foto donde Samuel la había etiquetado. En ella aparecía con Sebastian, sí, pero no estaban ni cerca; simplemente se estaban mirando y riendo porque estaban jugando a la par de los niños.

También había compartido una foto abrazando a Samuel mientras él le besaba la mejilla, pero aparentemente eso no era tan grave como reírse con Sebastian.

—Dile a tus amigos que se metan en sus asuntos —respondió entonces, de mal humor—. Y si solo pasaste a buscar pelea, mejor vete.

Patrick la observó un momento, como si estuviera pensando si debía seguir con el tema o no.

Finalmente, preguntó:

—¿Dónde está Jacob?

—Durmiendo.

—Debes crearle buenos hábitos. No puede estar durmiendo a las diez de la mañana.

—Ay, por favor. Estás hablando de un bebé que cumple horario laboral conmigo de lunes a viernes —dijo con fastidio—. Si los sábados quiere dormir hasta el mediodía, que lo haga. Además, anoche estuvo despierto hasta tarde jugando con sus amigas.

—No debería salir de noche, pasa frío.

—Puedes estar tranquilo, sé cómo abrigar a mi hijo. Y si tanto te preocupa, podrías haber cedido el auto en el divorcio, pero no quisiste.

Patrick soltó un suspiro y miró al techo, como si estuviera demasiado agobiado.

—¿Podemos hablar de esto con calma?

—Fuiste tú el que llegó a mi casa sin avisar y con una mala actitud —le hizo ver—. No sé qué te pasa, pero no vuelvas a hacer eso. No puedes venir a controlar si pasé la noche con un hombre.

—No vine a controlarte a ti. Vine a asegurarme de que mi hijo está bien.

—Jacob está excelente.

Patrick asintió lentamente.

—¿Por qué no preparas el desayuno y hablamos con más calma? —insistió.

Abigail rio.

—No voy a prepararte el desayuno, Patrick. De hecho, me gustaría que te vayas y que, si quieres pasar el rato con Jacob, me avises con tiempo —pidió, intentando ser amable—. Así podré prepararte su bolso para que lo lleves a pasear.

—Podemos salir los tres.

—No. Tú tienes que pasar tiempo con él y no me necesitas ahí —aclaró.

—¿Por qué conmigo no quieres hacer planes?

—Patrick, ¿escuchas lo que dices?

—Perfectamente.

—Nos divorciamos. Además, ya te acepté un almuerzo para que vieras a Jacob y estuvo horrible.

Patrick rodó los ojos, pero antes de que pudiera decir algo, el timbre volvió a sonar.

¿Y ahora qué?

Abigail se acercó a la puerta y la abrió con la peor de las caras. Sin embargo, esbozó una sonrisa cuando vio a Sebastian y Charlotte.

—Buenos días —dijo, abrazando primero a Charlotte y luego a Sebastian—. Pasen.

Después de decirlo, Abigail recordó que dentro estaba Patrick. También cayó en la cuenta de que estaba en pijama, despeinada y que ni siquiera había tenido tiempo de lavarse los dientes.

—Ah, hola —saludó Sebastian al verlo.

Patrick esbozó una sonrisa un poco altiva.

—Hola. Debes ser Sebastian.

Sebastian asintió con una sonrisa mucho más simpática. Probablemente fingida, pero muy convincente.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.