Papá llegó para rescatarme

~17~

El viernes por la noche, Sebastian se llevó una sorpresa cuando Abigail apareció en su puerta completamente espléndida, cargando a Jacob, la silla para el auto y el bolso de tamaño considerable que usaba cada vez que salían.

—¿Qué hacen aquí? ¿Cómo llegaron? —preguntó, confundido—. Charlie y yo íbamos a ir a buscarlos.

—Taxi —respondió ella, resolutiva.

Sebastian salió de su estupor y la ayudó con la silla y el bolso. Después la dejó pasar y cerró la puerta.

—Vine porque pensé que ibas a necesitar apoyo desde temprano —añadió Abigail.

Jacob balbuceó y alargó los brazos hacia él. Entonces Sebastian cayó en la cuenta de que todavía no lo había saludado.

Lo alzó, le besó la mejilla y dijo:

—Hola, bebé. Estás muy bonito.

Jacob se acurrucó contra su hombro.

—¿Tienes sueño o solo estás cariñoso?

—Probablemente busca un aliado —dijo Abigail mientras revisaba el bolso hasta dar con un paquete—. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que se quitó las zapatillas y de los regaños que le di.

Sebastian la miró con diversión. Para ser una mamá que había estado lidiando con berrinches, se veía espectacular.

Llevaba el cabello suelto, pero pulcro, sin un solo mechón rebelde fuera de su sitio. Además, iba maquillada impecablemente y vestida como si fuera a posar para una revista. Jeans, camisa y lo que parecía ser un chaleco bajo su abrigo largo azul. Sencillamente, estaba preciosa.

Y, claro, como siempre, olía a vainilla.

Sebastian se sintió una piltrafa, pero en su defensa, solía dejar lista a Charlotte primero para luego ponerse decente.

Y hablando de Charlotte, apareció descalza, con las zapatillas en una mano, el cepillo de pelo en la otra y su conjunto deportivo celeste ya puesto.

—¡Abigail! —exclamó al verla.

Abigail abrió los brazos y la esperó para abrazarla.

—Me encanta cómo estás vestida —dijo luego de alejarse para verla mejor—. Estás preciosa.

—Papá me dijo que debo ir cómoda porque seguro voy a jugar mucho con mis primas.

—Es cierto. Jacob también vino cómodo para jugar.

Charlotte lo buscó con la mirada y luego fue a plantarle un beso en la mejilla, como ya era costumbre.

—¡Los dos vamos con ropa de deporte! —exclamó alegremente.

Jacob rio, contagiado por su entusiasmo.

—Charlie —la llamó Abigail—. Mira, esto es para ti.

Le entregó el paquete que había sacado del bolso y Charlotte lo abrió enseguida.

—¡Las botas! —celebró—. Mira, papá, ya tienen nuestros nombres.

—Ey, quedaron muy buenas —dijo Sebastian, genuinamente asombrado—. Las bordaste muy rápido.

—Es que fue terapéutico —bromeó ella.

Sebastian rio.

—¿Te ayudo con las zapatillas y el cabello? —le preguntó Abigail a Charlotte.

Charlotte asintió de inmediato.

Abigail lo miró enseguida.

—Tú ve a alistarte, yo me encargo de todo por aquí.

—¿Podrás con ambos? Porque no creo que Jacob quiera quedarse quieto.

Abigail lo tomó en brazos y lo sentó en el sofá.

—Vas a portarte bien, ¿verdad?

Jacob negó con la cabeza.

Charlotte rio.

—Debemos quedarnos quietos porque papá se tiene que poner bonito.

Jacob volvió a negar con la cabeza.

—Mamá nos va a regañar —insistió Charlotte.

Sebastian arrugó ligeramente las cejas. ¿Había usado “papá” y “mamá” como si fueran de ambos o era solo su imaginación?

Cuando Abigail lo observó, notó que ella también estaba pensando en lo mismo.

Aun así, ninguno dijo nada.

—Mejor me doy una ducha rápida, me alisto y bajo para vigilar a Jacob —propuso Sebastian—. De todas formas, es temprano.

—De acuerdo —dijo Abigail, agachándose para quedar a la altura de Jacob—. Estás muy rebelde.

Jacob volvió a negar con la cabeza (porque aparentemente quería presumir su nuevo gesto adquirido) y luego soltó una risita.

—Ma-má —balbuceó mientras le tomaba las mejillas.

Sebastian vio el momento exacto en el que Abigail perdió la batalla. También vio el rostro de Charlotte, un poco apagado junto a ellos.

No hacía falta que dijera nada. Él estaba ocupando el puesto de papá que el biológico había descuidado. Pero Charlotte también tenía una madre biológica que no era ni el uno por ciento de lo que era Abigail y probablemente estaba procesando esa diferencia.

Afortunadamente, Abigail notó el gesto triste de Charlotte antes de que pudiera intervenir y actuó primero.

—Di Charlie, bebé —le dijo a Jacob con una sonrisa, mientras le acariciaba la espalda a Charlotte.




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