Sekaiichi Hatsukoi: La última barrera

4. Prepararse para lo peor

4. Prepararse para lo peor

Apenas pude terminar la cena. Di un par de bocados más por obligación, pero el dolor que sentía en el estómago terminó por vencerme. Dejé lo que quedaba del sándwich, tomé el té y regresé hacia la habitación de Takano.

El hospital había cambiado. Los corredores que antes estaban llenos de pasos, voces y movimiento ahora parecían vacíos. Las luces permanecían encendidas, aunque con una intensidad más baja, y el silencio hacía que cada ruido pareciera más fuerte de lo normal.

Debía de ser cerca de medianoche. Caminé con cuidado. No quería llamar la atención de nadie. Después de todo, seguía allí gracias a una mentira bastante conveniente.

Su novio.

Todavía me costaba pensar en aquella palabra sin sentir algo extraño en el pecho.

Llegué hasta la habitación de Takano y levanté la mano hacia el picaporte.

—Disculpe.

Me detuve. Al otro extremo del corredor había un hombre con bata blanca.

Parecía joven para ser médico. Alto, de cabello negro y expresión tranquila. Había algo en su rostro que, por un instante, me recordó a Takano. Se acercó con una sonrisa amable.

—¿Es usted la pareja de Masamune Takano?

Sentí que me tensaba por completo.

—¿Eh?

La palabra volvió a caer sobre mí.

Pareja.

—Yo… esto…

Miré hacia la puerta.

—Sí.

Aún no sabía exactamente qué significaba aquello. Takano y yo nunca habíamos hablado de hacerlo oficial. Ni siquiera estaba seguro de que pudiéramos llamar relación a lo nuestro.

Pero en aquel momento no me importaba. Si decir que era su pareja me permitía permanecer a su lado, entonces lo sería.

—Soy el doctor Kusama Nowaki.

—Onodera Ritsu.

Hice una reverencia.

—¿Usted atiende a Takano-san?

—Sí. Normalmente trabajo en pediatría, pero este mes cubro turnos aquí y estoy siguiendo su caso.

Mi estómago volvió a cerrarse.

—¿Podemos hablar un momento?

Asentí.

El doctor se apartó de la puerta y caminó hacia una pequeña zona con máquinas de bebidas y algunos asientos. Yo preferí permanecer de pie.

Desde allí podía ver parte de la habitación a través del cristal. Podía ver a Takano. Los monitores. A Kisa, todavía sentado junto a la cama. Necesitaba mantenerlo a la vista.

El doctor lo notó, pero no dijo nada.

—Quería explicarle la situación de su pareja.

Sentí un nudo en la garganta.

—Como puede imaginar, el estado es grave.

—¿Qué tan grave?

Mi voz sonó demasiado rápida.

El médico respiró antes de responder.

—El trauma fue muy severo.

No aparté los ojos de él.

—Por lo que sabemos, el accidente fue bastante fuerte.

Hizo una pausa.

—No quiero engañarlo.

Sentí que el corazón comenzaba a golpearme con fuerza.

—Existe la posibilidad de que Takano-san no lo supere.

No escuché nada más durante unos segundos.

Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros.

No lo supere.

Sabía que algo así podía ocurrir. Lo había pensado. Lo había temido. Pero escucharlo de boca de un médico lo convertía en algo real.

Sentí un dolor agudo en el pecho. Después en el estómago.

—¿Qué…?

Me costó tragar.

—¿Qué es lo que más les preocupa?

El Doctor Nowaki mantuvo la voz serena.

—Las próximas horas son críticas.

Asentí, aunque apenas podía procesarlo.

—El golpe dañó varios órganos, pero ahora mismo nos preocupa especialmente el bazo.

—¿El bazo?

—Está muy comprometido.

El médico miró por un instante hacia la habitación.

—Existe el riesgo de que se rompa.

—¿Y eso…?

Mi voz se quebró.

—¿Eso es grave?

—Puede serlo.

No intentó suavizar la respuesta.

—En accidentes de este tipo puede ocurrir. Si se rompe, tendríamos que intervenir de inmediato para evitar una hemorragia interna masiva.

Sentí que me faltaba aire.




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