Sekaiichi Hatsukoi: La última barrera

17. Sin cambios por aquí

17. Sin cambios por aquí

Durante la semana siguiente, Takano mejoró bastante. Por desgracia, eso no consiguió que dejara de ser insoportable. Ya caminaba sin muletas. Podía moverse por el departamento sin ayuda. Las heridas habían mejorado. Y el médico nos había dado permiso para volver al trabajo al día siguiente.

Eso significaba dos cosas. La primera: por fin recuperaríamos algo parecido a nuestra rutina. La segunda… Nuestro trato terminaba ese mismo día.

Takano había cumplido su promesa. Durante toda la recuperación no había intentado nada. Nada serio, al menos. Provocaciones, sí. Comentarios indecentes, todos los que pudo. Pero había respetado el acuerdo.

Y ahora que su parte terminaba… yo estaba preocupado. Mucho. Porque Takano llevaba semanas sin tocarme.

Va a explotar.

No tenía ninguna duda. En cualquier momento iba a lanzarse sobre mí como un animal hambriento. El problema era otro. Cada día que pasaba…yo esperaba un poco más que lo hiciera.

No.

Sacudí la cabeza.

Eso no.

Tenía que concentrarme en cosas importantes. Como mi propia parte del trato.

Takano había cumplido. Así que yo debía hacer lo mismo.

Aquella tarde llamé al propietario de mi departamento. Le comuniqué que pensaba dejarlo cuanto antes. No me entusiasmaba la idea de otra mudanza. Cajas. Ropa. Libros. Papeles. Cambios de dirección. Pero esta vez al menos no tendría que ir demasiado lejos. Literalmente iba a trasladarme de una puerta a otra.

Cuando terminé la llamada, me quedé unos segundos mirando mi teléfono.

Voy a vivir con Takano-san.

La frase seguía sonando extraña. Aunque llevara semanas prácticamente haciéndolo. Suspiré. Ya está. No iba a echarme atrás.

Takano también tuvo cosas que resolver antes de regresar a la oficina. El auto había necesitado reparaciones después del accidente. Yokozawa nos ayudó con parte de las gestiones. También terminó de recuperar la movilidad suficiente para caminar con normalidad.

Así que, cuando llegó el momento de volver a Marukawa, parecía que todo estaba preparado.

O casi.

***

La mañana de nuestro regreso fuimos juntos en auto. Era la primera vez que Takano conducía desde el accidente. Y yo no conseguía relajarme. Lo observaba cada pocos segundos. Las manos sobre el volante. Los espejos. La carretera. La velocidad.

Takano terminó por notarlo.

—Deja de mirarme así.

—No te estoy mirando.

—Llevas diez minutos haciéndolo.

—Solo estoy comprobando que conduces bien.

—Entonces sí me estás mirando.

Fruncí el ceño.

—¿Estás seguro de querer volver hoy?

Takano aparcó. Apagó el motor.

—Estoy bien.

—Isaka-san dijo que podías tomarte un par de días más.

—No los necesito.

—No te fuerces.

Takano me miró.

—Ritsu.

—¿Qué?

—Eres pesado.

Sentí que se me hinchaba una vena.

—¡Solo intento preocuparme por ti!

—Ya lo sé.

Abrió la puerta.

—Y sigues siendo pesado.

Gruñí.

—Idiota.

Salimos del auto. Caminamos hacia la entrada principal. Takano llevaba su maletín sobre el hombro. Yo sostenía el mío delante del cuerpo con ambas manos.

Y miraba a todos lados. Cada empleado que pasaba. Cada saludo. Cada mirada. Lo saben.

No podía evitar pensarlo. Y, efectivamente, todos parecían comportarse raro. Demasiado amables. Demasiado sonrientes. Demasiado conscientes de que habíamos llegado juntos.

Una mujer de contabilidad nos saludó dos veces. Un chico de publicidad inclinó la cabeza con una sonrisa sospechosa. Otro empleado prácticamente se apartó para dejarnos pasar como si fuéramos una pareja de recién casados.

Voy a morir.

El trayecto hasta el ascensor fue corto. A mí me pareció eterno. Cuando por fin llegamos, apreté el botón.

—¿Por qué tuvimos que entrar juntos?

Takano me miró.

—Porque estamos saliendo.

Me giré.

—¿Eh?

—Lo que escuchaste.




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