
El cansancio terminó por vencerme. No sé en qué momento ocurrió. Seguía sentado junto a Takano, con una de sus manos entre las mías, cuando los párpados empezaron a pesarme. Intenté mantenerlos abiertos. Una vez. Otra. Los pitidos de los monitores fueron alejándose. El silencio de la habitación se volvió más profundo. Y al final, sin darme cuenta, me quedé dormido.
Todo desapareció. La habitación. Las luces. Los aparatos. Incluso la mano que sujetaba. Solo quedó oscuridad.
Después, poco a poco, una imagen empezó a formarse frente a mí. Ya la había visto antes. Una silueta alta. Cabello negro. Un maletín colgado del hombro.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
Senpai…
No.
Takano.
Acababa de descubrir que Saga-senpai y Takano Masamune eran la misma persona. Lo vi caminar hacia el ascensor y corrí detrás de él.
—¡Espera!
Él se volvió apenas. Seguro de sí mismo. Como siempre.
Entró en el ascensor.Las puertas comenzaron a cerrarse.
—Volveré a hacerte decir que me amas.
La imagen se deshizo. Todo volvió a oscurecerse. Pero su voz permaneció.
«Volveré a hacerte decir que me amas».
Quise responder. No pude. El eco de aquellas palabras siguió repitiéndose hasta que otra escena apareció frente a mí.
El departamento de Takano. Yo estaba en el suelo. Llorando.
Él se inclinaba sobre mí y me sujetaba por los hombros.
—¿Cuánto más tengo que amarte para que me dejes estar contigo?
Intenté tocarlo. Extendí una mano. Pero Takano empezó a alejarse.
—Espera.
Di un paso hacia él. La distancia aumentó.
—¡Takano-san!
Volví a intentarlo. Nada. Su imagen se desdibujaba cada vez más.
Solo quería alcanzarlo. Tocar su rostro. Sentir su piel. Comprobar que estaba consciente.
Que estaba vivo.
—¡No te vayas!
No pude llegar hasta él.
Su silueta desapareció.
Todo volvió a quedar en silencio. Oscuridad. Y entonces escuché su voz. Muy cerca.
—Ritsu…
Contuve el aliento.
—Te amo.
Abrí los ojos de golpe.
Me incorporé en el sillón. Durante unos segundos no supe dónde estaba. Respiraba demasiado rápido.
Miré alrededor. La luz tenue. Los monitores. La cama. Takano. Seguía allí. Inconsciente. Exactamente como antes de que me quedara dormido.
Me llevé una mano a la cara. Fue un sueño. Solo eso. Un sueño.
Pero había sido extraño. Había soñado con Takano muchas veces. Más de las que estaría dispuesto a reconocer. Aunque casi siempre aparecía el Senpai de la secundaria. El chico del que me enamoré entonces. Nunca el Takano de ahora. Nunca este hombre.
Lo miré.
¿Significa algo?
Me quedé perdido en aquel pensamiento hasta que noté movimiento al otro lado de la cama.
Di un pequeño salto. Había alguien allí.
Un hombre revisaba los aparatos conectados a Takano mientras tomaba notas en una carpeta.
—¡Doctor Nowaki!
Él levantó la cabeza.
—Disculpe. No quería despertarlo.
—No, está bien.
Me incorporé mejor y miré hacia Takano.
—¿Cómo está?
El médico revisó una última cifra en el monitor.
—Por ahora no hay cambios.
No sabía si aquello debía tranquilizarme o preocuparme.
—¿Y usted? —preguntó.
Parpadeé.
—¿Yo?
—¿Cómo se encuentra?
No esperaba la pregunta.
—Bueno…
Miré a Takano otra vez.
—Supongo que todo lo bien que puede encontrarse alguien en una situación así.
Nowaki asintió.
—Entiendo.
Anotó algo más. Después levantó la mirada hacia mí.
—Entonces su nombre de pila era Ritsu, ¿verdad?
—¿Eh?
No entendí por qué preguntaba eso. Seguramente también habría oído a Takano decirlo.
—Sí.
El Doctor bajó la vista hacia la carpeta.
—Ritsu…
Parecía pensar en algo.