Sekaiichi Hatsukoi: La última barrera

13. En ningún otro lugar

13. En ningún otro lugar

Habíamos regresado a la habitación hacía poco cuando el doctor Nowaki volvió a entrar. Parecía agotado. Tenía ojeras, el cabello un poco desordenado y la misma sonrisa tranquila de siempre, aunque esta vez se notaba el esfuerzo detrás de ella.

Los tres levantamos la mirada.

—Buenos días.

Nowaki cerró la puerta.

—Sé que tuvieron una noche bastante difícil, así que intentaré ser breve.

—No se preocupe, doctor.

Me incorporé en el sillón.

—Díganos.

Nowaki revisó una última vez sus notas.

—Como ya les adelanté, la transfusión funcionó y la intervención fue un éxito.

Sentí que algo dentro de mí volvía a relajarse.

—Las constantes de Takano-san están estables.

Miré hacia la cama.

—La medicación también está funcionando y, como pueden ver, la inflamación de las heridas y contusiones empezó a disminuir.

Era verdad.

Su rostro seguía lleno de vendajes y marcas, pero ya no se veía como aquella primera noche. Ahora sí podía reconocerlo.

—¿Cuándo despertará?

La pregunta salió antes de que pudiera evitarla. Nowaki sonrió.

—Es difícil saberlo con exactitud.

Sentí que se me encogía el estómago.

—Pero…

Levantó una mano.

—No se alarme.

Respiré.

—Si todo continúa así, es posible que despierte cuando termine de pasar el efecto de la anestesia.

Solté el aire.

—Por fin…

Yokozawa también pareció relajarse. Kirishima sonrió.

—Sin embargo —continuó Nowaki—, todavía tendremos que vigilarlo.

Volví a prestarle atención.

—Permanecerá ingresado durante un tiempo.

Asentí.

—Y cuando reciba el alta necesitará cuidados en casa durante varias semanas.

—Yo me ocuparé.

Lo dije sin pensarlo. Nowaki levantó ligeramente las cejas.

—Bien.

—Lo que necesite.

—Mucho reposo.

—Claro.

—Nada de trabajo.

—Por supuesto.

Yokozawa soltó una risa seca.

—Eso sí va a ser complicado.

Lo miré.

—No si depende de mí.

Nowaki continuó.

—También tendrá que seguir una dieta suave durante un tiempo, tomar la medicación según las indicaciones y evitar cualquier esfuerzo importante.

Asentí a cada cosa.

—Y nada de tabaco.

Yokozawa soltó un gruñido.

—Eso sí que será imposible.

Fruncí el ceño.

—No lo será.

Los dos me miraron.

—Voy a vigilarlo.

Yokozawa sonrió apenas.

—Buena suerte.

—No necesito suerte.

Miré hacia Takano.

—Solo necesito esconderle los cigarrillos.

Kirishima se rio. Nowaki también.

—Le dejaré todo por escrito mañana.

Cerró la carpeta.

—Ahora, si me disculpan, voy a retirarme.

Parpadeé.

—¿Ya?

—Mi turno terminó hace una hora.

Lo miré mejor. Una hora.

Había permanecido allí mucho más de lo que le correspondía.

—Doctor…

Me puse de pie.

—Muchas gracias.

Incliné ligeramente la cabeza.

—Por todo.

Nowaki sonrió.

—Es mi trabajo, Onodera-san.

—Aun así.

—Entonces aceptaré el agradecimiento.

Volvió a mirar a Takano.

—Nos vemos mañana.

—Descanse.

—Eso pienso hacer.

Se despidió de Yokozawa y Kirishima. Después salió.




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