Sekaiichi Hatsukoi: La última barrera

14. La última barrera

14. La última barrera

Pasamos buena parte de la noche hablando. De todo. De las visitas que había recibido. De Hatori, Kisa, Mino e Isaka. De Kirishima. Del doctor Nowaki. Y, por supuesto, de Yokozawa desmayándose antes de que la aguja llegara siquiera a tocarlo.

—No me lo creo.

Takano tenía una sonrisa débil, pero auténtica.

—Te juro que pasó.

—Yokozawa.

—Yokozawa.

—¿Se desmayó?

—Por completo.

Takano dejó escapar una risa que enseguida se convirtió en una pequeña mueca de dolor.

—¡No te rías!

Me acerqué.

—Todavía tienes puntos.

—Vale, vale.

Se acomodó otra vez.

—Pero habría pagado por verlo.

—Kirishima-san dijo algo parecido.

Por un momento, casi parecía una noche normal. Solo nosotros dos hablando.

Pero después la conversación regresó inevitablemente a todo lo demás. A las horas de espera. A la operación. A la sangre. Al miedo. Y cuanto más hablaba, más difícil se volvía mantener la voz firme.

Takano me observaba en silencio.

—Lo siento.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Que hayas tenido que pasar por todo eso.

—¡No seas idiota!

Respondí demasiado rápido.

—No fue tu culpa.

—Lo sé.

Takano levantó lentamente una mano.

—Pero aun así…

Sus dedos llegaron hasta mi mejilla de nuevo.

—No quiero que vuelvas a pasar por algo parecido.

Me quedé quieto.

—Ni que vuelvas a llorar así por mí.

Sentí calor en la cara.

Su mano seguía acariciándome. Y, en lugar de apartarme… me acerqué un poco más. Moví la cabeza para sentir mejor sus dedos.

Takano sonrió.

—¿Lo ves?

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—Puedes hacerlo.

—¿Hacer qué?

—Ser cariñoso conmigo.

Sentí que me ardían las orejas.

—Cállate.

—Ritsu…

—No lo arruines.

La sonrisa de Takano se hizo más amplia.

—Está bien.

Pero no retiró la mano.

Y yo tampoco me aparté.

***

Seguimos hablando. Me preguntó por la operación. Por la sangre. Por cuánto tiempo había estado inconsciente. Intenté explicárselo sin entrar demasiado en los detalles que todavía me ponían un nudo en el estómago.

Luego llegó al accidente. Ese tema sí intenté esquivarlo.

—No recuerdo demasiado —dijo.

—Mejor.

Takano me miró.

—¿Mejor?

—No necesitas recordarlo ahora.

—Ritsu…

—El doctor dijo que algunas cosas pueden volver poco a poco.

Me encogí de hombros.

—Así que no te esfuerces.

Takano guardó silencio unos segundos.

—Recuerdo salir de la oficina.

Sentí que el pecho se me tensaba.

—Después subí al auto.

Esperé.

—Y a partir de ahí…

Negó con suavidad.

—Nada.

—Entonces déjalo.

—Pero sí recuerdo otra cosa.

Lo miré.

—¿Qué?

Takano parecía estar buscando las palabras.

—No es exactamente un recuerdo.

—¿Entonces?

—Una sensación.

Fruncí el ceño.

—¿Qué clase de sensación?

Takano sonrió.

—Que estabas conmigo.

Me quedé callado.

—Ya empezamos…

—En serio.

—Takano-san.

—No sé cómo explicarlo.




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