Habían pasado casi dos horas desde que se llevaron a Takano al quirófano. Dos horas. Y seguíamos sin noticias.
Yokozawa salía al corredor cada cierto tiempo para fumar. Entraba. Miraba el teléfono. Volvía a salir. Kirishima permanecía cerca de mí, aunque fingiera no vigilarme. Yo estaba más tranquilo que antes. Al menos podía respirar con normalidad.
Pero la calma no había hecho desaparecer el miedo. Solo lo había convertido en otra cosa. Angustia.
La peor parte era no saber. No saber qué estaba ocurriendo. No saber si seguía estable. No saber si algo había salido mal. No saber si volvería a verlo.
Me levanté.
La habitación estaba demasiado cargada. Me acerqué a la ventana. No podía abrirse. Estaba bloqueada. Aun así, mirar hacia afuera me dio la sensación de poder respirar un poco mejor.
Era de madrugada. Las calles estaban casi vacías. Solo algunas luces seguían encendidas.
Entonces vi los árboles. Los cerezos. Habían florecido. Las ramas se movían suavemente con la brisa nocturna. Me quedé mirándolos.
Ya llegó esa época. La época del año que siempre parecía devolverme a Takano. A Senpai. A todo lo que había ocurrido entre nosotros. Las flores se veían hermosas. Demasiado hermosas para aquella noche.
Ojalá pudieras verlas conmigo. Sentí una presión en el pecho. Solo despierta.
Detrás de mí, Yokozawa se puso de pie. Parecía dispuesto a salir otra vez.
Entonces la puerta se abrió. El doctor Nowaki entró.
Me giré de inmediato.
No llevaba ropa de quirófano. Eso significaba que no estaba dentro de la operación.
Aun así, corrí hacia él.
—Doctor.
Nowaki levantó la mirada.
—¿Qué sabe?
Su expresión me inquietó antes incluso de que hablara.
—La situación no va bien.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Qué pasó?
Nowaki respiró hondo.
—Takano-san está teniendo una hemorragia importante.
Yokozawa dejó de moverse.
—¿No consiguieron detenerla?
—Todavía no.
El médico negó con la cabeza.
—Si el sangrado continúa, no podrá soportarlo mucho tiempo.
Cerré los ojos. Apreté los puños. Escuché un golpe seco.
Yokozawa había pateado la pared. Kirishima se levantó enseguida.
Nowaki nos miró a los tres.
—Necesito que me escuchen.
Abrí los ojos.
—¿Qué ocurre?
—Necesitamos sangre.
Sentí que el miedo cambiaba de forma otra vez.
—¿Sangre?
—Sí. Urgente.
—Entonces use la mía.
La respuesta salió antes de que pudiera pensar.
—La que necesite.
Nowaki bajó la mirada.
—El problema es el grupo sanguíneo de Takano-san.
—¿Cuál es?
—O negativo.
Yokozawa frunció el ceño.
—¿Y?
—Es poco frecuente.
Nowaki mantuvo la voz serena.
—El hospital no tiene reservas suficientes ahora mismo.
Sentí que me faltaba aire.
—¿No tienen?
—Solicitamos unidades a otros centros.
Hizo una pausa.
—Pero puede que no lleguen a tiempo.
—¿Entonces qué hacemos?
Yokozawa dio un paso hacia él.
Nowaki nos miró.
—¿Estarían dispuestos a hacerse una prueba de compatibilidad?
—Sí. ¡Claro que sí!
Respondí inmediatamente. Yokozawa también asintió.
—Claro.
Kirishima levantó una mano.
—Yo también.
Nowaki hizo un gesto hacia la puerta.
—Entonces acompáñenme.
Salimos.
Mientras avanzábamos por el corredor, me di cuenta de que Yokozawa y Kirishima se habían quedado un poco atrás.
No intenté escuchar. Pero los escuché.
—¿Estás bien, Takafumi?