Después de terminar de comer, pagué la cuenta y salí del restaurante con el cuaderno guardado en mi bolso, pero durante todo el camino hasta el auto no pude dejar de pensar en aquella última palabra que había alcanzado a leer.
La última.
No sabía exactamente qué significaba, pero algo dentro de mí me decía que no debía leer aquella respuesta en cualquier lugar.
Subí al auto, encendí el motor y, en lugar de dirigirme directamente al supermercado, conduje hasta un centro comercial cercano, entré al estacionamiento y busqué un lugar tranquilo donde pudiera quedarme un rato sin que nadie me interrumpiera.
Apagué el motor.
El estacionamiento estaba bastante tranquilo, apenas se escuchaban algunos autos pasando por los alrededores.
Tomé mi bolso del asiento del copiloto y saqué el cuaderno.
Lo abrí.
La página seguía ahí.
Y debajo de mi pregunta sobre aquella Navidad había comenzado a aparecer una respuesta mucho más larga.
Tragué saliva.
Y empecé a leer.
La última Navidad que pasamos juntos fue diferente.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
Seguí.
Tú ya tenías cinco años.
Ese año estabas obsesionada con las estrellas.
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
Siempre había tenido algo con las estrellas.
Incluso ahora.
Querías que todo tuviera estrellas, tu pijama, tus dibujos, tu habitación y hasta las galletas que mamá preparaba.
Solté una pequeña risa.
—Eso definitivamente suena como yo...
Pero la siguiente frase hizo que mi sonrisa desapareciera.
Yo sabía que aquella Navidad sería especial.
Me quedé quieta.
Por eso preparé algo para ti.
Pasé la página.
Había más.
Te hice una pequeña caja de madera.
Dentro puse fotografías de nosotros.
También puse algunos dibujos tuyos.
Y una pequeña estrella de papel.
Mis ojos comenzaron a humedecerse.
Quería que la guardaras para siempre.
Me llevé una mano a la boca.
Entonces apareció una frase que no esperaba.
Pero nunca pude entregártela.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Por qué...?
La tinta continuó apareciendo.
Porque después de esa Navidad las cosas comenzaron a cambiar.
Mi respiración se volvió más lenta.
Yo empecé a sentir que algo no estaba bien.
No sabía qué era.
Solo sabía que tenía que estar cerca de ti.
Pasé los dedos por la página.
Por eso, cuando te veía dormir, siempre revisaba que estuvieras bien.
Cuando salíamos, siempre iba contigo.
Y cuando tenías miedo, me quedaba contigo hasta que dejaras de llorar.
Una lágrima cayó sobre el papel.
Pero todavía faltaba algo.
La última parte de la respuesta apareció lentamente.
La caja todavía existe.
Mis ojos se abrieron.
Mamá nunca la tiró.
Está escondida entre tus cosas de infancia.
Sentí un escalofrío.
Miré hacia el asiento trasero del auto.
Ahí tenía algunas cajas que había recogido de la casa días atrás.
Si quieres encontrarla...
La tinta se detuvo.
Esperé.
Una nueva línea comenzó a aparecer.
Busca donde guardabas tus juguetes después de aquella Navidad.
Me quedé mirando la página.
—¿Mis juguetes...?
Entonces apareció una última frase.
Y cuando encuentres la caja, no la abras sola.
Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.
Miré alrededor del estacionamiento.
Todo seguía completamente normal.
Personas entrando y saliendo del centro comercial.
Autos estacionándose.
Una familia caminando con bolsas.
Nada extraño.
Volví a mirar el cuaderno.
Había una última línea.
Esta vez escrita con una letra mucho más pequeña.
Porque dentro está la respuesta que tus padres nunca quisieron contarte.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Cerré el cuaderno lentamente.
Ahora entendía que aquella caja no era simplemente un recuerdo de Navidad.
Podía contener la pieza que faltaba para entender qué había ocurrido con Jungkook...
y por qué mi familia había decidido ocultarme la verdad durante tantos años.
Hola chicos, como estan, ahora sí ya les traigo un nuevo capitulo perdon mi ausencia pero es que como ya de nuevo estamos en temporada del regreso a clases pues apenas y me da tiempo de publicarles un nuevo capitulo pero espero que lo disfruten bueno byeee :3