El sueño terminó con una voz susurrando junto a su oído y Yana abrió los ojos sobresaltada, todavía esperando encontrarse en alguno de los pasillos del hospital. Necesitó varios segundos para reconocer la cabaña, la lámpara que Novak había dejado encendida y las últimas brasas de la chimenea. Afuera había comenzado a llover y el agua golpeaba el techo con una intensidad constante que terminó por devolverla a la realidad.
Se incorporó lentamente y se pasó una mano por el rostro. Había sudado durante el sueño y todavía recordaba con demasiada claridad a la familia sin rostro sentada alrededor de la mesa, las cámaras apuntándole y, sobre todo, a Ailan vestido con aquella vieja bata de paciente. El hospital tampoco había sido una invención de su mente. Había recorrido parte del edificio junto a su hermano antes de viajar a Jujuy, cuando todavía estaban preparando el rodaje, y conocía varios de aquellos pasillos y habitaciones. Lo extraño era la manera en que el sueño había mezclado lugares reales con escenarios de La familia Masaru hasta convertirlos en algo completamente distinto.
Yana tomó el teléfono de la mesa para comprobar la hora y encontró una larga lista de notificaciones. Había mensajes, menciones, fotografías y publicaciones de lectores preguntando cuándo regresaría a las redes o intentando averiguar algo sobre la novela que todavía permanecía en edición. Desde que se había anunciado que una nueva adaptación estaba en producción, el interés había aumentado considerablemente, aunque Yana y Ailan se habían cuidado de revelar demasiado sobre la historia.
Entre las notificaciones encontró un mensaje de una cuenta sin nombre ni fotografía. Solo tenía como imagen un extraño símbolo formado por líneas negras entrelazadas y había enviado un video de nueve segundos.
Yana dudó antes de abrirlo. La grabación mostraba un bosque durante la noche. Alguien corría sosteniendo el teléfono mientras respiraba con dificultad y las ramas se quebraban bajo sus pasos, hasta que la cámara se detuvo repentinamente y enfocó los árboles. Entre ellos había una figura inmóvil utilizando una máscara blanca de conejo.
Yana sintió que el cuerpo volvía a tensarse. La máscara representaba a Tokki, y no era la primera vez que recibía algo parecido. Desde hacía meses sus lectores le enviaban disfraces, dibujos, fotografías y pequeños videos recreando escenas de sus libros. Al principio había disfrutado viendo hasta dónde llegaba la creatividad de algunos, pero otros habían comenzado a esforzarse demasiado por asustarla.
El problema era que aquel video había llegado precisamente esa noche. Volvió a reproducirlo y observó la figura con mayor atención. El disfraz no era idéntico al hombre que había visto en la reserva, aunque las coincidencias eran suficientes para devolverle la imagen de la sonrisa cosida entre los árboles. Revisó el perfil, no encontró ninguna publicación y terminó bloqueándolo. Podía tratarse de una coincidencia desagradable. Sus lectores no sabían que estaba en Jujuy y mucho menos lo que acababa de ocurrirle.
Continuó revisando las notificaciones hasta encontrar una transmisión de un canal de espectáculos que hablaba sobre el rodaje.
FENÓMENO YANA: EL TERROR SALE DE LOS LIBROS.
La periodista se encontraba frente al hospital de Córdoba y, detrás de ella, varias personas permanecían fuera del perímetro establecido por la producción. Algunas grababan el edificio con sus teléfonos mientras otras llevaban disfraces inspirados en personajes publicados de Yana. Reconoció dos máscaras de Tokki, un maquillaje exagerado de Jester y una chica que sostenía una réplica de Jikki contra el pecho.
—La expectativa por la nueva película de Yana continúa creciendo, a pesar de que la novela en la que estará basada todavía no llegó a las librerías —explicaba la periodista—. Hasta el momento se conocen muy pocos detalles sobre La familia Masaru, mientras la autora permanece alejada de las redes y su hermano, Ailan, continúa al frente del rodaje en Córdoba.
Los comentarios aparecían rápidamente debajo de la transmisión.
“Seguro Yana desapareció para promocionar la película.”
“¿Alguien sabe de qué trata La familia Masaru?”
“Dicen que no dejan entrar a nadie porque están escondiendo el final.”
“Anoche se escucharon gritos en el segundo piso.”
“Están filmando una película de terror. Obvio que se escuchan gritos JAJA.”
Yana sonrió apenas ante el último comentario, aunque la expresión desapareció cuando la periodista presentó un video que se había viralizado durante la madrugada.
—Estas imágenes fueron grabadas anoche por uno de los seguidores que permanece en las inmediaciones del hospital. En redes aseguran que puede verse a alguien en una de las ventanas, aunque desde la producción no hicieron comentarios al respecto.
La grabación estaba movida y tenía demasiado ruido digital. Varias personas hablaban detrás de la cámara mientras alguien intentaba enfocar el segundo piso.
—Ahí, ahí... ¿Lo ven?
Durante apenas unos segundos apareció una figura detrás de una ventana.
Yana se inclinó hacia la pantalla. No necesitaba que nadie le explicara qué sector del hospital estaba viendo. Había recorrido ese mismo piso con Ailan y recordaba perfectamente el pasillo detrás de aquellas ventanas. La figura permanecía inmóvil y la calidad impedía distinguir demasiados detalles, aunque su cabeza parecía demasiado grande y dos formas alargadas sobresalían a los costados.
Los comentarios explotaron inmediatamente.
“ES TOKKI.”
“Marketing puro.”
“Eso estaba mirando fijo.”
“Es un actor, gente.”
“Tokki ni siquiera pertenece a La Familia Masaru, ¿qué haría ahí?”
“Capaz están conectando las películas.”
“Ni loco entro a ese hospital.”