Han pasado tres meses desde el incidente en la mansión de la familia Lorax. Como es de esperarse, nada ha salido a la luz porque podría dejar a la casa noble en una situación vulnerable frente a enemigos y otras cosas.
Hiroshi se encargó de los preparativos para evitar que se filtre cualquier tipo de información sobre la operación de los chicos.
Como cada noche, Kaizer despierta en la medianoche debido a sus pesadillas producto del estrés de haber peleado contra enemigos tan feroces y sádicos. Un estrés postraumático que solo se acumula en su interior. Sus ojos cansados y dolor de cabeza lo obligan a salir de su habitación y dar recurrentes paseos nocturnos por los pasillos de la academia.
Se encamina hacia la cafetería para tomar un vaso de leche tibia. Los pasos son sigilosos para evitar despertar a los demás. Se oyen ronquidos fuertes y pisadas en otros lugares de asesinos que cuidan la institución tomándose turnos, incluyendo a los profesores más importantes.
Al llegar a la cafetería, se acerca a la nevera donde saca una leche encartonada y la sirve en una taza de madera. Bebe todo lo que puede y luego guarda la leche de regreso en la nevera. Tras esto, se sienta en una de las sillas de la cafetería para darse un respiro y pensar.
Contempla el silencio de su soledad.
Se da un momento para pensar acerca de todo lo que ha pasado últimamente. Muchas cosas son las que lo dejan sin poder conciliar el sueño, la violencia, la desolación, el miedo y la incertidumbre:
—Alexander. Un pasado que buscan ocultar a toda costa. Megumi…—al pensar en ella aprieta con fuerza sus puños. No desea volver a ver a su amada Megumi en peligro otra vez. Teme por ella y sus amigos.
Con el peso de sus pensamientos, llega un sentimiento de lamento tan profundo que se toma el pecho con fuerza y golpea fuertemente una de las columnas a su lado. El impacto se nota con una grieta importante y ligero temblor en su mano acompañado por un dolor leve.
—A pesar de todo lo malo, ella es lo único que hace darle valor a mi vida. —piensa Kaizer y la imagen de Megumi se hace presente en su mente.
Le da paz y una sonrisa en su rostro se prolonga por unos segundos. Luego se levanta de la silla, pero cuando toma su vaso de leche aún lleno, Kamata aparece con vaso de agua en su mano y la otra rasca su cabeza.
—Sabía que estarías aquí. —exclama Kamata.
—Kamata ¿Qué haces aquí? —pregunta Kaizer.
—No podía dormir así que vine a tomar un poco de agua y a pensar. ¿Tú igual? —pregunta el espadachín.
Kaizer asiente.
Kamata se sienta frente a él. Kaizer vuelve a sentarse y da unos sorbos a su vaso a medio terminar.
—Supongo que estamos preocupados por lo mismo ¿verdad? —pregunta Kamata.
—Cada vez nos enfrentamos a mayores peligros y no logramos hacernos más fuertes ¿crees que no tendríamos que preocuparnos? —pregunta Kaizer, cuestionando su propio crecimiento.
—No digo que no. Incluso decidí quedarme más tiempo en el dojo durante los días libres. Aún en nuestra mejor condición seguimos siendo inferiores en habilidades. No podemos ignorar ese hecho. —exclama Kamata.
—Tienes un buen punto. Lo del torneo de academias y lo que pasó en la casa de Lucian…—dice Kaizer.
Kaizer sonríe amargamente mientras sigue bebiendo en silencio.
—¿Cómo vas con el club de artes marciales? —pregunta el espadachín.
—Bien. A veces siento que puedo vencer a los mayores. Dios hasta debo bajar mi intensidad para no lastimarlos en combates amistosos de entrenamiento. —se lamenta Kaizer.
—Seguramente hayas encontrado tu techo con ellos. —se sincera Kamata.
—¿Mi techo? ¿eso crees? —pregunta Kaizer.
—Bueno, pienso que todo tiene su ciclo. Podrías hablar con Olympico y que te entrene él mismo. —propone Kamata. Se termina su vaso con agua y levanta de la silla. —Con todo lo que hemos vividos, no sé si nuestro nivel actual tenga que ser comparado con el de nuestros compañeros o superiores. Bueno, volveré a la cama. Nos vemos mañana—añade antes de retirarse.
—Si, que descanses. —responde Kaizer.
Espera un rato antes de irse de la cafetería. Las palabras de Kamata siembran dudas en él, puesto que la velocidad con la que avanza y se desarrolla como estudiante de la academia y futuro asesino es incierto. Enemigos más fuertes, y ya no puede medirse con compañeros u otros estudiantes. Él se encuentra, lentamente, avanzando a un nivel muy alto para su edad.
Después de terminar su vaso con leche, deja el objeto lavado y desinfectado junto con los demás y encara hacia el pasillo. Piensa en lo que Kamata le dijo, habiendo mejorado a tal punto ya no podría considerarse en el mismo nivel que los demás. Es más fuerte, más veloz, domina su habilidad y también manifestó otra clase de poder. Logró enfrentarse a criminales muchísimos más poderosos que él e incluso protegiendo la vida de su amada. No cualquiera hace eso.
En el camino empieza a sentirse extraño, como si un escalofrío recorriese su propio cuerpo junto con punzantes dolores de cabeza que llegan como imágenes a su mente. El origen de observación le pesa, aunque haya rasgado la superficie de esa habilidad gracias al entrenamiento de Hiroshi durante las vacaciones. Él es guiado hasta esa sensación que se acrecienta con un frio intenso en sus huesos hasta la puerta de la oficina de Doncaster. La puerta está cerrada pero no con llave.
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Editado: 20.09.2026