Cronos Nexus

Capitulo 16 El Templo de la Memoria

Primera parte — El camino hacia lo que olvidamos

«Viajar hacia el pasado no siempre significa retroceder en el tiempo. A veces significa caminar hacia un lugar donde una parte de nosotros sigue esperando.»

El amanecer

El sol apenas comenzaba a iluminar las montañas cuando los cuatro abandonaron el refugio.

Puebla quedaba detrás de ellos.

Por delante tenían un largo camino.

Chiapas.

El Templo de la Memoria.

Y posiblemente...

las respuestas que Iktan llevaba toda su vida buscando.

Kael caminaba en silencio.

Llevaba su mochila sobre el hombro y el reloj de bolsillo guardado cuidadosamente en el interior.

Ayato caminaba unos metros detrás.

Iktan iba junto a Ren.

Ninguno hablaba demasiado.

La noche anterior había cambiado algo.

Ya no eran simplemente tres jóvenes aprendiendo a controlar sus poderes.

Ahora sabían que sus habilidades estaban conectadas con una historia mucho más antigua.

Y que alguien...

Noah...

los estaba observando.

Ayato rompió el silencio.

—¿Cuánto falta?

Ren respondió:

—Mucho.

—Esa no es una medida.

—Es la respuesta que mereces.

Ayato suspiró.

—Excelente.

Kael sonrió.

Iktan también.

Por unos segundos...

la tensión desapareció.

El primer descanso

Después de varias horas de caminar, llegaron a una pequeña zona boscosa.

Ren levantó la mano.

—Descansamos aquí.

Ayato dejó caer su mochila.

—Finalmente.

Iktan se sentó junto a un árbol.

Kael se acercó.

—¿Cómo estás?

Iktan observó la piedra que llevaba alrededor del cuello.

—No lo sé.

—¿Sigues pensando en el mensaje de tu madre?

—Todo el tiempo.

Kael se sentó a su lado.

—Es normal.

Iktan negó.

—No.

No es normal escuchar la voz de alguien que creías perdido durante años.

Kael no respondió.

Iktan continuó:

—Y tampoco es normal descubrir que esa persona te ocultó cosas.

Kael miró hacia el bosque.

—Quizá lo hizo para protegerte.

—Eso dicen todos.

—¿Y tú qué piensas?

Iktan tardó en responder.

—Que quizá me protegió.

Pero también...

me dejó solo con preguntas.

Kael bajó la mirada.

—Lo entiendo.

Iktan lo miró.

—¿Tú también tienes cosas que no recuerdas?

Kael permaneció callado.

—Sí.

Iktan esperó.

Pero Kael no continuó.

—¿Qué?

Kael negó.

—Todavía no lo sé.

Una pregunta para Kael

Iktan insistió.

—Entonces ¿por qué nunca hablas de tu pasado?

Kael tomó una piedra pequeña del suelo.

La hizo girar entre sus dedos.

—Porque cada vez que intento recordarlo...

el Timeline interviene.

—¿Cómo?

—Me muestra cosas.

Iktan lo observó con atención.

—¿Cosas reales?

—No siempre.

—¿Entonces?

Kael miró el reloj.

—Posibilidades.

—¿Visiones del futuro?

—A veces.

—¿Del pasado?

—También.

Iktan frunció el ceño.

—Entonces...

¿cómo sabes qué es real?

Kael respondió:

—No lo sé.

Ese era precisamente el problema.

El entrenamiento en movimiento

Ren apareció detrás de ellos.

—Levántense.

Ayato se dejó caer de espaldas.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿Ni siquiera podemos comer?

Ren señaló un árbol.

—Tu entrenamiento comienza allí.

Ayato miró hacia arriba.

—¿Qué tengo que hacer?

—Subir.

—¿Eso es todo?

—Sin utilizar las manos.

Ayato quedó inmóvil.

—¿Qué?

Ren siguió caminando.

—El viento debería bastarte.

Ayato miró a Kael.

—Tu maestro está loco.

Kael respondió:

—No es mi maestro.

—Pues se comporta como uno.

Iktan soltó una carcajada.

Ayato lo señaló.

—Tú no te rías.

Ayato y el viento

Ayato se colocó frente al árbol.

Respiró.

Extendió las manos.

Una corriente comenzó a rodearlo.

Intentó elevarse.

Subió unos centímetros.

Después cayó.

—¡Auch!

Iktan se acercó.

—¿Estás bien?

—Perfectamente.

Ayato se levantó.

—Solo estaba probando.

Lo intentó nuevamente.

Esta vez logró subir un poco más.

Pero perdió el equilibrio.

Kael observaba.

—No estás usando el viento.

Ayato lo miró.

—¿Qué?

—Estás intentando obligarlo.

—¿Y qué se supone que haga?

Kael respondió:

—Escúchalo.

Ayato frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Tu poder no funciona como una cuerda.

No lo jalas.

Lo acompañas.

Ayato cerró los ojos.

Respiró.

La corriente cambió.

Ya no era violenta.

Se volvió constante.

Su cuerpo comenzó a elevarse.

Un metro.

Dos.

Tres.

Iktan abrió los ojos.

—Lo logró.

Ayato sonrió.

—¡Lo logré!

Entonces...

una rama golpeó su cara.

—¡AY!

Cayó al suelo.

Iktan comenzó a reír.

Kael también.

Ayato se levantó indignado.

—¡No tiene gracia!

Los otros dos se rieron todavía más.

El poder también puede ser divertido

Por unos minutos...

todo pareció normal.

No había Astrales.

No había Quinta Línea.

No había Noah.

Solo cuatro viajeros descansando bajo los árboles.

Ayato terminó sentado en el suelo.

—¿Saben algo?

Kael preguntó:

—¿Qué?

—Hace mucho que no me reía así.

Iktan lo miró.

—Yo tampoco.

Ren observó a los tres desde cierta distancia.

No dijo nada.

Pero sonrió ligeramente.

Porque sabía algo que ellos todavía no comprendían.

Los equipos que sobreviven no son necesariamente los más fuertes.

Son los que consiguen recordar...

por qué quieren permanecer juntos.

Una presencia desconocida

La caminata continuó.




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