Cronos Nexus

Capitulo 17 Las Heridas que no se ven

CRONOS NEXUSSAGA I — EL DESPERTAR DEL TIMELINECAPÍTULO 17LAS HERIDAS QUE NO SE VENPrimera parte — El regreso

«Hay heridas que no dejan sangre. Se esconden en los recuerdos, en las dudas y en las palabras que nunca nos atrevimos a decir.»

EL CAMINO DE REGRESO

La mañana llegó demasiado pronto.

El cielo sobre las montañas de Chiapas comenzaba a teñirse de naranja cuando Kael abrió los ojos.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

Después vio las cenizas de la fogata.

Las mochilas.

A Iktan dormido contra un árbol.

A Ayato completamente envuelto en una manta.

Y a Ren sentado a unos metros, observando el amanecer.

Kael llevó una mano al bolsillo.

El reloj seguía allí.

Lo sacó.

Las manecillas funcionaban con normalidad.

Pero había algo diferente.

En el cristal había aparecido una pequeña grieta.

Kael la observó.

La grieta tenía la forma de un cuervo.

—Así que tú también cambiaste —murmuró.

—¿Hablas con el reloj?

Kael levantó la mirada.

Ren lo observaba.

—No.

—Mentira.

Kael sonrió.

—Tal vez.

Ren se acercó.

—¿Dormiste?

—Un poco.

—¿Soñaste?

Kael guardó el reloj.

—Sí.

Ren esperó.

—¿Con tu padre?

Kael negó.

—Con nosotros.

Ren frunció el ceño.

—¿Qué viste?

Kael miró a Iktan y Ayato.

—Los vi en un lugar que no conozco.

—¿Y?

—Estaban peleando.

—¿Contra quién?

Kael tardó unos segundos en responder.

—Contra mí.

Ren se quedó callado.

—¿Crees que era una posibilidad?

Kael negó.

—No lo sé.

—Entonces no la conviertas en una verdad.

Kael lo miró.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

EL DESPERTAR DE AYATO

Un fuerte ruido interrumpió la conversación.

—¡AU!

Kael y Ren voltearon.

Ayato había intentado levantarse demasiado rápido y había tropezado con su mochila.

Iktan despertó sobresaltado.

—¿Qué pasó?

Ayato se incorporó.

—Nada.

Iktan lo miró.

—Te caíste.

—No me caí.

—Te vi.

—Fue una maniobra.

—¿Una maniobra?

—Sí.

Ayato señaló el suelo.

—Estaba comprobando la estabilidad del terreno.

Iktan comenzó a reír.

Kael también.

Ayato los miró indignado.

—No sé por qué sigo viajando con ustedes.

Ren se levantó.

—Porque nadie más te soportaría.

Ayato abrió la boca.

—Eso fue innecesario.

Ren comenzó a caminar.

—Vamos.

Ayato miró a Iktan.

—¿Siempre es así?

Iktan sonrió.

—Te acostumbras.

—Eso me preocupa más.

UNA ÚLTIMA MIRADA

Antes de abandonar el lugar, Iktan regresó frente a la montaña.

La entrada al templo había desaparecido.

No quedaba ninguna grieta.

Ninguna puerta.

Ningún símbolo.

Solo roca.

Iktan tocó la piedra.

—¿Crees que volveremos?

Kael se acercó.

—Sí.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque el templo no terminó contigo.

Iktan bajó la mirada.

—Eso no me tranquiliza.

—A mí tampoco.

Iktan sacó la pluma negra que había encontrado.

La observó.

El número 05 seguía grabado en ella.

—Noah dijo que no confiara en el primero.

Kael permaneció callado.

—¿Te preocupa que sea por ti?

Kael respondió:

—Sí.

Iktan lo miró.

—¿Y si tiene razón?

Kael sostuvo su mirada.

—Entonces tendremos que descubrir por qué.

Iktan asintió.

—Juntos.

Kael sonrió.

—Juntos.

A unos metros, Ayato gritó:

—¡SI TERMINARON DE TENER SU MOMENTO EMOCIONAL, TENEMOS QUE IRNOS!

Iktan gritó:

—¡YA VAMOS!

Kael comenzó a reír.

—Ese tipo tiene un talento especial para arruinar momentos.

—Sí.

—Pero...

—¿Qué?

Iktan sonrió.

—Hace que el silencio no pese tanto.

LA CARRETERA

El viaje de regreso fue largo.

Tomaron diferentes transportes hasta acercarse nuevamente a Puebla.

Durante horas no ocurrió nada extraordinario.

Y precisamente por eso...

fue importante.

Ayato descubrió que Iktan dormía con los ojos ligeramente abiertos.

Iktan descubrió que Ayato hablaba mientras dormía.

Kael descubrió que Ren odiaba los lugares demasiado concurridos.

Y Ren descubrió que los tres jóvenes podían convertir cualquier viaje tranquilo en un desastre.

—¿Cuánto falta? —preguntó Ayato.

—Tres horas.

Cinco minutos después:

—¿Cuánto falta?

Ren cerró los ojos.

—Dos horas y cincuenta y cinco minutos.

Diez minutos después:

—¿Y ahora?

Ren lo miró.

—Dos horas y cuarenta y cinco.

Iktan soltó una carcajada.

Kael observó por la ventana.

Las montañas iban quedando atrás.

Poco a poco...

el paisaje comenzaba a cambiar.

Pero algo seguía en su mente.

La fotografía.

Su padre.

Amara.

Aukan.

Noah.

Y la mujer cuyo rostro todavía no podía recordar.

LA FOTOGRAFÍA

Kael sacó nuevamente la fotografía.

La había guardado cuidadosamente.

Iktan la observó.

—¿Puedo verla?

Kael se la entregó.

Iktan miró a Amara.

Después a Aukan.

Después al padre de Kael.

Y finalmente a la mujer desconocida.

—Ella estaba ahí.

Kael asintió.

—Sí.

—¿La conociste?

—No que yo recuerde.

Iktan observó la fotografía durante varios segundos.

—Tiene algo.

—¿Qué?

—Mira su mano.

Kael acercó la fotografía.

La mujer llevaba un anillo.

Un círculo atravesado por una línea.

El mismo símbolo que aparecía en el reloj de Kael.

Kael quedó inmóvil.

—No.

Ayato se acercó.

—¿Qué encontraron?

Kael le mostró la fotografía.

Ayato observó.

—Ese símbolo...

Ren tomó la fotografía.




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