Cronos Nexus

Capítulo 19 La sangre del Timeline

El recuerdo que no pertenece al pasado

La noche había terminado.

Pero para Kael...

el día todavía no había comenzado.

Permanecía sentado en la azotea del refugio, mirando el horizonte.

El cielo comenzaba a cambiar lentamente.

Negro.

Azul oscuro.

Después, una pequeña línea naranja apareció sobre las montañas.

El amanecer.

Kael observó sus manos.

Todo parecía normal.

Sin embargo, desde la noche anterior podía sentir algo diferente.

Una especie de presencia.

No era exactamente una voz.

Tampoco era una energía.

Era como si alguien estuviera parado detrás de sus propios pensamientos.

Esperando.

Kael cerró los ojos.

Recordó la frase.

"Tu primer segundo."

Abrió los ojos inmediatamente.

—¿Qué significa eso...?

—Que llevas demasiado tiempo despierto.

Kael se sobresaltó.

Iktan estaba detrás de él.

—¿Desde cuándo estás ahí?

—Desde que empezaste a hablar solo.

Kael soltó una pequeña risa.

—No estaba hablando solo.

—Entonces estabas hablando con alguien invisible.

—Más o menos.

Iktan se sentó junto a él.

Durante algunos segundos ninguno habló.

El viento sopló suavemente.

Kael miró el cielo.

—¿Alguna vez has sentido que recuerdas algo que nunca viviste?

Iktan pensó.

—Sí.

Kael lo miró.

—¿Cuándo?

—Desde que despertó mi poder.

Iktan bajó la mirada.

—A veces recuerdo lugares donde nunca he estado.

Kael guardó silencio.

—¿Y personas?

Iktan asintió.

—También.

—¿Tu madre?

Iktan tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Kael lo observó.

—¿Qué recuerdas de ella?

Iktan respiró profundamente.

—Que tenía miedo.

—¿De qué?

—De algo que todavía no entiendo.

Kael volvió a mirar el horizonte.

—Quizá todos estamos recordando cosas que el tiempo nos quitó.

Iktan sonrió ligeramente.

—Eso sonó profundo.

—No era mi intención.

—Lo sé.

Ambos rieron.

Pero la tranquilidad duró poco.

Porque desde el interior del refugio se escuchó un fuerte golpe.

¡BOOM!

Kael e Iktan se levantaron inmediatamente.

—¡Ayato! —gritó Iktan.

Bajaron corriendo.

EL ENTRENAMIENTO INTERRUMPIDO

Cuando llegaron a la sala principal encontraron a Ayato sentado en el suelo.

Una mesa estaba completamente destrozada.

Ren permanecía de pie frente a él.

—Te dije que controlaras el viento —dijo Ren.

Ayato levantó ambas manos.

—¡Lo estaba intentando!

Kael miró el desastre.

—¿Qué pasó?

Ayato señaló a Ren.

—Él dijo que hiciera una corriente pequeña.

Ren respondió:

—Y creaste un tornado.

—¡Fue una corriente muy motivada!

Iktan comenzó a reír.

—¿Estás bien?

—Sí.

Ayato se levantó.

—Pero creo que la mesa no.

Kael observó los restos.

—Era nuestra única mesa.

Ayato sonrió.

—Ahora tenemos dos.

—¿Dos?

—La de arriba y la que está debajo de los pedazos.

Kael negó con la cabeza.

Ren suspiró.

—Tenemos problemas más importantes.

La expresión de todos cambió.

Ren colocó un pequeño dispositivo sobre la mesa restante.

Una imagen apareció.

Era un mapa de Puebla.

Tres zonas estaban marcadas.

—Durante las últimas seis horas aparecieron tres anomalías temporales.

Kael se acercó.

—¿Dónde?

Ren señaló.

—Aquí.

Una zona al norte.

—Aquí.

Otra al centro.

Y finalmente...

—Aquí.

Kael observó la tercera.

Su expresión cambió.

—El Barrio de Analco.

Ren asintió.

—La cámara donde estuvo Eira.

Iktan preguntó:

—¿Sabemos qué ocurrió?

—No.

—¿Y Eira?

Ren negó.

—Desapareció.

Kael dio un paso atrás.

—¿Desapareció?

—No sabemos dónde está.

Kael apretó los puños.

—Tenemos que encontrarla.

Ren lo miró.

—Eso es exactamente lo que alguien quiere que hagamos.

Kael respondió:

—No me importa.

—Debería.

—Eira está sola.

Ren guardó silencio.

Kael continuó:

—Si está en peligro, no voy a quedarme esperando.

Iktan se colocó a su lado.

—Yo voy contigo.

Ayato levantó la mano.

—Yo también.

Ren los observó.

Por un instante parecía que iba a discutir.

Pero finalmente tomó su arma.

—Entonces iremos los cuatro.

EL CAMINO A ANALCO

El trayecto fue silencioso.

Puebla había recuperado aparentemente su ritmo normal.

Los automóviles circulaban.

Los comercios comenzaban a abrir.

Las personas caminaban por las calles.

Pero Kael veía algo que los demás no podían.

Pequeñas líneas luminosas cruzaban algunas calles.

Como grietas extremadamente delgadas.

Algunas duraban un segundo.

Otras permanecían durante varios minutos.

—Ren.

—¿Sí?

Kael señaló una esquina.

—¿Ves eso?

Ren observó.

No vio nada.

—¿Qué?

—Una línea.

Ren comprendió.

—¿De tiempo?

Kael asintió.

—Sí.

Iktan preguntó:

—¿Eso es nuevo?

—Sí.

Ren se detuvo.

—Descríbela.

—Es azul.

—¿Brillante?

—Un poco.

—¿Se mueve?

Kael observó.

La línea desapareció.

—Ya no está.

Ren quedó pensativo.

—Eso significa que tu percepción está evolucionando.

Ayato sonrió.

—Genial.

Kael lo miró.

—¿Qué tiene de genial?

—Que ahora puedes ver cosas que nosotros no.

Ren respondió:

—También significa que Kael está empezando a percibir las capas del Timeline.

Kael frunció el ceño.

—¿Capas?

—El tiempo no es una sola línea.

Ren señaló el cielo.

—Es más parecido a un tejido.




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