«Cuando el pasado regresa, no siempre viene para darte respuestas. A veces vuelve para preguntarte si estás preparado para soportarlas.»
DESPUÉS DE EIRAEl silencio que quedó después de la desaparición de Eira parecía más pesado que cualquier batalla.
Kael permanecía frente al lugar donde ella había estado.
En su mano sostenía la pequeña pluma dorada.
06.
No podía dejar de mirar aquel número.
Había visto demasiados símbolos durante los últimos días.
Había visto el templo.
Las siete posiciones.
Los antiguos Guardianes.
La fotografía.
La Quinta Línea.
Y ahora...
Eira.
Una persona que parecía conocerlo desde antes de que él siquiera pudiera recordar su propio pasado.
—¿Kael?
La voz de Iktan lo hizo reaccionar.
Kael levantó la mirada.
—¿Sí?
—Tenemos que irnos.
Kael miró alrededor.
El antiguo observatorio había desaparecido.
Donde antes estaba la entrada ahora solo quedaba una pared vieja, cubierta de polvo.
Ayato estaba unos metros más adelante.
—No sé ustedes —dijo—, pero yo ya tuve suficiente de edificios que desaparecen, voces misteriosas y gente que aparece diciendo que alguien va a morir.
Iktan lo miró.
—Eso fue sorprendentemente sensato.
—Tengo momentos.
Kael guardó la pluma.
—Vamos.
Ren fue el último en moverse.
Antes de abandonar el lugar, miró una vez hacia la pared.
Su expresión era seria.
Kael lo notó.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
Kael se detuvo.
—No me vuelvas a decir eso.
Ren lo miró.
—¿Qué quieres que te diga?
—La verdad.
Ren respiró profundamente.
—Entonces escucha.
Señaló la pared.
—El observatorio no desapareció por completo.
Kael frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Una parte quedó atrapada en otra línea temporal.
Iktan preguntó:
—¿Y eso es malo?
Ren respondió:
—Depende.
Ayato cruzó los brazos.
—¿De qué?
—De quién pueda entrar ahí.
Kael miró nuevamente la pared.
—Eira.
Ren no respondió.
Pero su silencio fue suficiente.
EL CAMINO DE VUELTARegresaron al refugio cerca del mediodía.
Ninguno habló demasiado.
La ciudad seguía funcionando con aparente normalidad.
Personas caminando.
Automóviles.
Comercios.
Niños jugando.
Vendedores anunciando sus productos.
Todo parecía igual.
Pero Kael sentía que ya no podía mirar Puebla de la misma manera.
Cada reloj le llamaba la atención.
Cada sombra.
Cada edificio antiguo.
Cada persona que caminaba demasiado cerca.
Iktan caminaba junto a él.
—Estás pensando demasiado.
Kael lo miró.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque llevas diez minutos mirando el mismo semáforo.
Kael levantó la cabeza.
El semáforo estaba en rojo.
—Ah.
Iktan sonrió.
—¿Quieres hablar?
—No sé qué decir.
—Entonces empieza por lo que más miedo te da.
Kael guardó silencio.
Finalmente dijo:
—Eira.
Iktan asintió.
—A mí también.
—No.
Kael negó.
—No me refiero a que sea peligrosa.
—¿Entonces?
Kael sacó la pluma dorada.
—Me preocupa que diga la verdad.
Iktan observó el número.
—¿Que uno de nosotros tendrá que morir?
Kael asintió.
—Eso.
Iktan permaneció callado.
Después respondió:
—No pienso morir.
Kael lo miró.
Iktan sonrió.
—Al menos no todavía.
Kael soltó una pequeña risa.
—Idiota.
—Gracias.
Ambos continuaron caminando.
AYATO Y SU PROBLEMAUnos metros delante...
Ayato discutía con Ren.
—No entiendo.
—¿Qué no entiendes?
—¿Por qué siempre tenemos que caminar?
Ren lo miró.
—Porque necesitamos movernos.
—Tenemos vehículos.
—No siempre.
—Podemos conseguir uno.
—¿Con qué dinero?
Ayato señaló a Kael.
—Él tiene.
Kael escuchó.
—¡No tengo!
Ayato se volvió.
—¿Cómo que no?
—¿Cuándo me has visto con dinero?
—Pensé que los protagonistas siempre tenían dinero.
Iktan comenzó a reír.
—¿De dónde sacaste esa idea?
—De las historias.
Ren respondió:
—Esta no es una historia.
Ayato lo miró.
—Eso es exactamente lo que diría un personaje secundario.
Ren se detuvo.
Ayato también.
Durante unos segundos se miraron.
—No vuelvas a decir eso.
—¿Qué?
—Que soy un personaje secundario.
Ayato sonrió.
—Entonces sí eres uno.
Ren siguió caminando.
—Voy a dejarte aquí.
—¡Era una broma!
Kael e Iktan caminaron detrás de ellos riéndose.
Por unos minutos...
la tensión desapareció.
LA PLUMAAl llegar al refugio, Kael colocó la pluma sobre la mesa.
Los cuatro la observaron.
Ren no se acercó.
—No deberías tocarla.
Kael preguntó:
—¿Por qué?
—Porque no sabemos qué contiene.
Ayato respondió:
—Ya la tocó.
Ren lo miró.
—Eso no significa que debamos seguir haciéndolo.
Kael observó la pluma.
—Necesitamos saber qué significa.
Iktan preguntó:
—¿Y si es una trampa?
—Entonces aprenderemos qué tipo de trampa es.
Ren negó.
—No.
Kael lo miró.
—¿No?
—No puedes enfrentarte a algo que no comprendes.
—Entonces enséñame.
Ren permaneció callado.
Kael dio un paso.
—Dijiste que perteneciste a los Guardianes.
—Sí.
—Entonces sabes cómo funcionan estas insignias.
Ren finalmente tomó la pluma.
La giró.
—No es una insignia.
Kael frunció el ceño.
—¿Entonces qué es?
Ren señaló la base.
—Es una llave.
LA LLAVE DEL SEXTOIktan se acercó.