Irene

El Misterio de los Reyes Magos y la "caída de la higuera".

El misterio de los Reyes Magos y la "caída de la higuera"

En Uruguay, la tradición de los regalos está repartida: muchas familias celebran el 6 de enero con la llegada de los Reyes Magos, mientras que otras prefieren la Navidad y los obsequios de Papá Noel. La mía, en cambio, era sumamente generosa y observaba ambas tradiciones por igual, sin olvidar por supuesto las visitas del Ratón de los dientes, a quien mucho más tarde, por una popular canción de finales de los años ochenta, todos conoceríamos como el Ratón Pérez.

Recuerdo con total claridad un Día de Reyes de mi infancia. En casa ya habíamos recibido un montón de juguetes, pero más tarde llegaron Cuca, mi abuela paterna, y Lila, mi tía, cargando todavía más paquetes. Nos dijeron, muy convencidas, que los Reyes Magos los habían dejado olvidados en las casas de ellas. Mi mente infantil no lograba comprender la logística de los magos de Oriente: ¿por qué corno, si ya habían pasado por mi casa, se habían ido después a lo de mis tías a dejar más cosas? Aquello no tenía ningún sentido.

Descubriendo el secreto

El misterio se develó un tiempo después, cuando yo tendría unos seis o siete años. Mi hermana Irene vino a buscarme un día con los ojos abiertos como platos para contarme un secreto monumental: había visto a mis padres in fraganti acomodando los paquetes en la madrugada.

—¡Los Reyes son los padres! —me soltó, completamente asombrada.

Yo me quedé igual de estupefacta que ella. Irene siempre fue una niña sumamente inteligente, despierta y observadora. Yo, en cambio, era bastante más ingenua y "caída de la higuera". ¡Quién sabe a qué avanzada edad me habría terminado enterando de la verdad de no haber sido por la agudeza de mi hermana!

Mirando hacia atrás, este recuerdo me conecta directamente con una maravillosa publicación que vi en las redes y que guardé en mi memoria porque resume en pocas palabras cuánto les debemos a los que nos criaron:

«Una vez vi a los Reyes Magos. No eran 3, eran dos y realmente eran magos, porque se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos. Seguro que tú también los viste y sabes que son más magos que reyes.

¡Gracias por llenar de magia mi niñez!»

Eso fue exactamente lo que hicieron ellos por nosotras: fabricar magia de la nada en las calurosas noches de enero.



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En el texto hay: alta capacidad

Editado: 28.09.2026

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