Irene

El dilema del teléfono y la antesala de marzo de 1989

El primer retorno de Irene no fue por una razón agradable ni feliz.

Para comprender las razones de ese primer regreso de ella a nuestra tierra, es necesario empezar por uno de los momentosa más dolorosos de la familia: en marzo de 1989, la salud de nuestro padre falló. Ese evento nos confrontó con la distancia de la forma más cruda.

El colapso final se desató de golpe: él apareció en un taxi, o alguien lo trajo a la casa. Su llegada fue algo dramático para la familia, y mi madre llamó de inmediato a la Unidad Coronaria Móvil en medio del pánico de todos.

Cuando a mi padre lo internaron de urgencia en el sanatorio, la inmensidad de la distancia transatlántica se me vino encima y me vi confrontada a una pulseada mental terrible: si debía o no llamar a Irene, que estaba viviendo en Italia. No la quería alarmar a la distancia, pero tampoco quería llamarla días después para sentenciar fríamente: "Papá falleció", quitandole la posibilidad de verlo vivo.

Luego de pesnarlo un poco, decidí firmemente que era mejor que supiera que papá estaba internado por si acaso. Además, si ella quería llegar a verlo vivo, no había que perder tiempo en hacérselo saber.

La llamé, comunicándole que papá estaba en el sanatorio pero sin tratar de decirle con detalles lo grave que era. En parte, porque yo no lo sabía tampoco pero, siendo la primera noticia, no quería dársela demasiado dramáticamente. Sólo decirle algo sobre el tema que luego podía ir profundizando a medida que hubiera más información sobre la salud de papá.

Entonces ella me preguntó si iba a vivir. Irene no es el tipo de persoans que se anda por las ramas. Le contesté, con total honestidad, que no tenía una respuesta para esa pregunta. Ella me dijo que lo iba a pensar y luego me hacía saber lo que pensaba hacer.

Tras el llamado, Irene decidió viajar al Uruguay, pero la política de los vuelos de la época y la realidad se impuso: no lo haría de forma inmediata. Su arribo se concretaría unos pocos días después. Supongo, en retrospectiva, que no pudo conseguir pasaje aéreo para antes en las agencias o no le daba el tiempo material para dejar todo encaminado en su trabajo en el viejo continente, si es que ya lo tenía. Ya no recuerdo qué hacía ella en aquellos años en Italia.

Luego de cortar la comunicación con ella y colgar el teléfono, me vi confrontada a un nuevo e imponente problema psicológico: a mi padre había que decirle de alguna manera que Irene venía en viaje a verlo, pero debíamos hacerlo con sumo cuidado, sin afectarlo lo más mínimo.

El parte médico era rígido: no se le podían producir emociones fuertes de ninguna especie en su delicado estado coronario...




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