En 1975 fui a Europa en mi viaje de 15. Ese viaje lo pagaron mi padres y mi madre viajó conmigo.
En 1993, mi madre iba a Europa y me invitó a ir con ella. Ese año salimos a recorrer varios países en tren. Me daba un poco de vergüenza que mi madre pagara todo eso, pero creo que la hice ahorrar y al menos colaboré en eso.
Por ejemplo, ella quería tomarse un taxi desde la estación de tren o el aeropuerto hasta algún hotel, y yo le contestaba: «No, nos tomamos un tranvía». O quería pagar un hotel solo porque teníamos varias horas de espera en Venecia, y yo le respondía que esperáramos al tren en alguna plaza o estación. Además, la hacía comer sándwiches con pan y fiambre de una panadería en vez de ir a restaurantes.
Ella protestaba diciendo que no le gustaba estar "a campo", pero luego me hacía caso. Conseguí alojamiento por un par de días en lo de una amiga de la facultad y arreglamos para ir a lo de mi primo en Valdemossa, Mallorca.
Yo ya era grande, tenía a mis tres hijos, era buena organizando nuestras pequeñas excursiones y tenía mucha experiencia en vivir con poco dinero y en arreglármelas como mejor pudiera. Por el contrario, mi madre era de la generación bisagra donde primero mandaba el padre y luego el marido. En ese contexto histórico y respetuoso, los "caprichos" de tu madre (querer taxis u hoteles), no era soberbia, sino la inseguridad de una mujer a la que nunca la habían dejado decidir.
Eso ya había cambiado en la mía. A ella le resultaba difícil encargarse de muchas cosas ya que nunca había desarrollado esas estrategias. Así que me encargué de dirigir la batuta y de hacerla ahorrar todo lo que pude ya que ella había pagado el viaje.
A veces nos encontrábamos con mis otras dos hermanas, Mona e Isa, que en general iban por su cuenta, e íbamos las cuatro a algún lado.
Recuerdo que estuvimos varias horas esperando un vuelo que salía de noche rumbo a Mallorca y nos morimos de frío porque el aire acondicionado estaba muy fuerte; al ser de noche y haber poca gente, no estaba regulado correctamente. Todas habíamos llevado poca ropa. Yo tenía un saco de lana fino, un buzo poco abrigado pero que protegía la parte del pecho y una campera de esas que se doblan y entran en un bolsillo. Con todo eso puesto, más o menos podía abrigarme si me tocaba un día frío, y así no tenía que cargar tanto equipaje.
Pero no había contado con que nadie más, ni mi madre ni mis hermanas, había pensado que, aunque fuera verano, podía pasar que en algún lado se precisara algo más abrigado que una camiseta. En conclusión, tuve que repartir mis abrigos y morirme de frío yo. Recuerdo que había una máquina expendedora de bebidas y yo compraba tés en unos vasitos de apenas cinco centímetros que no eran nada baratos, pero precisábamos imperiosamente algo caliente para el cuerpo.
Ya de vuelta en Roma luego de ese viaje por Europa, supimos una noticia importante: Irene y Moh'd habían decidido separarse. Fue una ruptura muy civilizada; de hecho, ellos son amigos hasta el día de hoy y se han ayudado mutuamente a lo largo de toda la vida.
Unos años después, en 1996, me gané una beca para ir a estudiar alemán en Alemania. Ese año pagué una diferencia de tarifa, que era mínima con respecto al costo total del pasaje, y pude pasar unos días con Irene en Italia. Creo que tuve mucha suerte de poder viajar tanto a pesar de mis problemas económicos crónicos.
Lo curioso es que tanto el viaje de 1993 como el de 1996 coincidieron con cambios radicales en la vida de Irene..
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Editado: 06.11.2026