Irene

Yendo a Ostia Antica y el rezongo mayúsculo de Irene

Creo que fue en 1993 mi madre vendió uno de sus campos. Invitó a Isa, mi hermana menor, a ir con ella a Europa pero ella no quiso. Mona, la cuarta, ya estaba allá. Ella estuvo instalada varios meses en lo de Irene, pero mi madre no quería viajar sola. Yo tenía a mis hijos chicos, pero no me podía perder una oportunidad así.

Luego Isa cambió de idea y mamá terminó pagándole el viaje a ella también. Fuimos a lo de Irene y de ahí, a recorrer Europa. Retornamos a su casa y luego mi madre creo que se quedó allá. Yo retorné a Uruguay y a mi vida como esposa y madre de tres niños de corta edad.

En 1996 me gané una beca para estudiar alemán en Alemania, una oportunidad fantástica. Pagué una diferencia de tarifa, que realmente no fue mucho, algo que me sorprendió muy gratamente, y pude pasar unos días en Roma, con mi hermana.

No sé en cuál de esos viajes fue - me parece que en segundo porque en ese entonces yo hablaba alemán mucho mejor - que fuimos a Ostia Antica, un lugar que Irene nos recomendó.

Allí había un grupo de alemanes con un guía y yo me les acerqué. Escuchaba y le iba traduciendo a mi madre las explicaciones fantásticas del guía.

Al final del recorrido, me acerqué, me presenté, les agradecí, y conversé un poco con algunos de ellos. Uno de ellos me dijo: Yo estuve en Uruguay. Eso me sorprendió bastante, pero el muchacho continuó: En Paysandú.

Yo no podía creer que alguien siquiera supiera qué existía ese departamento nuestro. Menos, que hubiera estado ahí. Luego supe que hay una colonia importante de alemanes allá. Eso explicaba mucho...

Finalmente, ellos tuvieron la deferencia de llevarnos hasta la estación de tren en su ómnibus, algo que les agradezco mucho. Ya era bastante tarde y estaba oscureciendo cuando nos fuimos de Ostia Antica.

Al llegar a la estación vimos que el tren no pasaba como en una o dos horas y no nos quedó otra opción que esperar. Cuando por fin arribamos a lo de Irene, felices por un viaje y un lugar que habían resultado ser maravillosos y donde aprendimos tanto, nos esperaba una ducha de agua fría.

Irene se había empezado a preocupar porque no llegábamos. En ese entonces no teníamos celulares para avisarle. Siendo que nosotras apenas sabíamos movernos en Italia, ella pensó que nos habríamos perdido, ¡y nos dio flor de rezongo al entrar a su casa!

Nos fuimos al cuarto, medio compungidas por el rezongo y por haberla preocupado, algo en lo que realmente no habíamos pensado hasta ese momento.

Pero, de repente, yo me reí. Mi madre, lógicamente, me preguntó qué me causaba gracia. Y yo le contesté: Antes nos rezongabas vos a Irene y a mí por llegar tarde ¡y ahora ella nos rezonga a nosotras por la misma razón!

Esa ida a Ostia antica fue realmente una gra experiencia, y tal vez hable más de ella en algún otro momento.




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