Melanie Jenkins: la heredera de la oscuridad

Capitulo 11

Cassandra Miller supo que su tiempo en City Death había terminado el día que vio a su hermana Ariadna cruzar el umbral de la aldea con la misma gracia y autoridad con la que, de niñas, dictaba las reglas en casa y nadie se atrevía a contradecirla.

No hubo juicio ni defensa.
La acusación cayó como una sentencia y nadie, ni una sola voz, se alzó para cuestionarla.

-La menor de las Miller ha estado practicando hechicería prohibida -dijo Ariadna, de pie frente a la asamblea del pueblo. Sus ojos, se clavaron en los de su hermana menor-. Pone en peligro a todos los que habitamos aquí.

Cassandra guatdo silencia pues entendio que sería inútil. Las miradas a su alrededor no le ofrecían consuelo, solo juicio y decepción. Las mujeres jóvenes que siempre la miraban con recelo ahora lo hacían con una mezcla de satisfacción y horror fingido. Los ancianos de la aldea, a quienes había admirado siempre, le dieron la espalda como si nunca hubieran compartido una oración.

El apellido Miller la salvó del fuego.. Pero no del destierro.

-Por respeto a tu linaje, no arderás en la hoguera -sencencio el sacerdote, sin mirarla a los ojos-. Pero si alguna vez regresas, no habrá misericordia.

Le dieron una hora para abandonar su hogar, sus raíces. Y lo más doloroso: su fe en la humanidad.

Desde aquel día, la vida de Cassandra cambió radicalmente. Fue bienvenida a la casa de los Jenkis, lejos de los humanos pero al menos estaba cerca de Melanie. La niña se habia vuelto su responsabilidad, y mientras existiera una amenaza sobre su cabeza, la bruja blanca no se alejaría.

Pero las cosas estaban cambiando.

Las nubes sobre City Death llevaban días cubriendo el cielo sin soltar una sola gota de lluvia. Los pájaros ya no cantaban y el viento no soplaba. El mundo entero parecía en espera... de algo oscuro.

La presencia de Ariadna había sido la señal definitiva. Cassandra lo supo apenas la vio: las Oscuras estaban regresando.

-Escuché que planeas irte -dijo una voz a su espalda.

Cassandra no necesitó volverse para saber quién era. El aire a su alrededor se había vuelto más denso. Seutonio tenía una presencia que imponía respeto y amenaza al mismo tiempo.

-No irme, irnos... Este lugar ya no es seguro. Lo siento Seutonio se que viniste a mi por respuestas y yo solo te he dado más preguntas que soluciones

-No eres la primera bruja que me deja sin respuestas

Suspiro y se giro hacia él, notando cómo los ojos del vampiro se detenían unos segundos en el collar que colgaba de su cuello: una pieza antigua, de plata pura, reforzada con múltiples conjuros de protección. El metal brillaba débilmente, pulsando cada vez que el vampiro se acercaba demasiado.

-Debo llevarla lejos de aqui -respondió ella, mirando de soslayo a Melanie, que se preparaba para salir al bosque. Magnus la seguía de cerca, al igual que los hombres del séquito de Seutonio, como si temieran que la tierra misma se abriera bajo sus pies-. A un lugar seguro.

-¿Y qué lugar sería ese? -preguntó Seutonio con una ceja alzada-. Aquí está segura. Ninguna criatura sobrenatural osa pisar City Death. Todos le temen.

-Le temen a las Oscuras -dijo Cassandra en voz baja-. Pero si descubren que Melanie es la clave, no dudarán en venir por ella. Y esta vez, no habrá tregua.

El silencio se instaló entre ambos por un momento. Cassandra levantó la vista. Las nubes seguían allí, inmóviles. Recordaba bien ese cielo. Lo había visto antes en sueños. Era el mismo que cubrió el pueblo la noche de la última guerra sobrenatural.

-¿Esto ya pasó antes? -preguntó Seutonio, con curiosidad.

Cassandra titubeó. Sabía que no debía decir demasiado. Seutonio no podía conocer aún la verdad que ella custodiaba, la historia que se transmitía solo a las herederas de la sangre blanca. Si hablaba de más, si revelaba la alianza secreta entre criaturas que se unieron bajo el manto de Dios para vencer al infierno... Se desataría una tormenta que todavía no estaban preparados para enfrentar. Solo le revelará lo justo y necesario.

-Pasó hace mucho -respondió con un suspiro-. En esa época, City Death era un refugio. Vampiros, licántropos, brujos... Todos convivían por una noche, bajo la luna sangrienta. Las Oscuras no participaron de esa unión. Se mantuvieron aparte. Invocaron al ejército del infierno y la guerra comenzó.

-Y fueron vencidos -dijo él.

-No. Solo fueron devueltos a su mundo... por un tiempo. Y nada fue igual desde entonces.

Sacó del bolsillo de su abrigo un dije de metal, con la forma de una luna cruzada por tres garras. Seutonio lo reconoció al instante.

-¿La manada Lunaroja?

-Debes encontrarlos. Si ellos se unen a nosotros, las demás manadas también lo harán. Juntos podremos resistir lo que viene.

El vampiro asintió lentamente, aunque no estaba del todo convencido. Había muchas piezas faltantes en ese tablero. Y Cassandra se cuidaba demasiado de contarle lo esencial.

-¿Por qué crees que escucharán a un vampiro?

-Solían hacerlo -dijo simplemente-. No puedo revelarte más de lo que ahora sabes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.