Melanie Jenkins: la heredera de la oscuridad

Capitulo 14

Seutonio ojeaba las gruesas y polvorientas páginas del libro que la extraña bruja le había dejado. Aún recordaba sus palabras: "Cuando sea el momento, la verdad te será revelada."

¿Cuánto más tendría que esperar para ese momento?

Al final, no terminó siendo de mucha ayuda. Fue en busca de respuestas y ella solo le entregó aquel viejo tomo sobre la fundación del pueblo de City Death.

City Death. Qué nombre tan preciso. Como un presagio.

Cada año, personas, animales y criaturas sobrenaturales desaparecían sin dejar rastro. La tasa de mortalidad superaba por mucho a la natalidad, y aun así la ciudad parecía mantenerse en un equilibrio tenso, como si algo más poderoso velara por su estabilidad. Pero Seutonio lo sentía: algo estaba a punto de romperse.

-¿Qué es lo que tanto lees?

La voz de Cassandra lo sobresaltó. Había aparecido detrás de él sin hacer ruido y le arrebató el libro de las manos.

Ella observó la portada con asombro. Sus ojos se abrieron de par en par.

-¿Dónde encontraste esto?

-¿Lo conocés?

-Este libro... este libro no debería estar aquí. Es el libro sobre la fundación de City Death. Pero también es algo más -murmuró, con una mezcla de temor y respeto-. Se creía perdido desde hace generaciones. Mi familia lo resguardó por años... hasta que desapareció.

-¿Y ahora lo tiene un vampiro? -ironizó él, alzando una ceja.

-No es coincidencia -susurró Cassandra, más para sí misma-. Nada en este pueblo lo es. Ese libro le pertenecía a Dolores Jenkins, una de las fundadoras.

-¿La antepasada de Melanie? ¿Ella fundó el pueblo y escribió un libro sobre el proceso?

-No es un libro de historia. Es un grimonio, y para leerlo se debe pagar un precio -dijo Cassandra con voz grave, acariciando la tapa como si temiera que la mordiera.

Recordaba las historias de su madre, sobre cómo su antepasada Harmony Miller fue consumida por su deseo de desvelar sus secretos... y cómo, por obtenerlos, sacrificó a su propia hija menor.

-Muchos se han perdido por intentar comprender lo que estas páginas ocultan.

Seutonio frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir?

-Sabemos que Melanie es una bruja... pero su antepasada no fue solo eso.

Con lentitud, Cassandra dio vuelta el libro y señaló un símbolo oculto en el cuero desgastado de la contratapa. Era una esvástica antigua, usada en ocultismo ancestral. No era un símbolo de poder: era una advertencia.

-Dolores Jenkins fue una bruja Oscura. Y este libro... este libro oculta un secreto que solo una persona puede abrir sin morir en el intento.

-Melanie, ¿no? -murmuró él, sintiendo un escalofrío-. ¿Por eso las Oscuras la buscan?

-Ella es quien debe terminar lo que Dolores comenzó.

-¿Qué cosa, Cassandra? ¡Ya basta de secretos, necesito saberlo!

Ella lo miró con tristeza, con una carga pesada que no quería compartir.

-Todavía no es el momento. La verdad... aún no debe revelarse.

Curiosamente, eran las mismas palabras que la vieja bruja le había dicho cuando le dio el libro. Un deja vu inquietante.

Cassandra sostuvo el tomo con firmeza. Por ahora, lo protegería. Aunque no estaba segura de cuánto tiempo podría contener la tormenta que se avecinaba. Todo era más de lo que podía manejar. Ella era la última de los Miller, y ahora todo el peso de ese legado caía sobre sus hombros.

Bosque Oscuro - 2:00 am

-¿Así que errs una bruja... y tu familia son vampiros? Vaya sorpresa -dijo Dimitrius, con una media sonrisa torcida y una chispa oscura en los ojos.

Melanie notó cómo el reflejo de la luna se recortaba en su mirada, como si ocultara tormentas bajo esa calma fingida. El tono burlón no bastaba para ocultar su curiosidad genuina... ni su incomodidad.

-Vengo de un linaje de brujas muy fuertes -respondió ella, bajando la mirada al suelo húmedo-. O eso me dijo mi mentora.

Un silencio tenso se coló entre los árboles. El viento agitaba las copas como si el bosque escuchara, y el crujir de las ramas bajo sus pies parecía acentuar la distancia entre ellos.

-Cassandra... era mi amiga -dijo Dimitrius de pronto, sin mirarla-. Me duele que me haya ocultado algo así.

Melanie levantó la vista. En su voz había un rastro de decepción tan profundo, que casi la hizo retroceder un paso. Sintió un extraño nudo en el pecho. Lo conocía poco, pero lo suficiente como para saber que no le confiaba ese tipo de emociones a cualquiera.

-Sé cómo se siente... -murmuró, avanzando un paso hacia él-. Que no confíen en uno. Que te excluyan de todo. Que te hagan sentir como un error...

Él giró lentamente el rostro hacia ella. Por un momento, sus miradas se encontraron. Melanie sintió un leve temblor en el pecho.

-¿Tu... nunca me mentirías, no? -preguntó en voz baja.

-Eres mi amigo -dijo ella con una firmeza inesperada-. Nunca lo haría. ¿Para ti también lo soy?




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