Melanie Jenkins: la heredera de la oscuridad

Capitulo 13

La brisa nocturna acariciaba suavemente el rostro de Melanie mientras permanecía sentada sobre una roca cubierta de musgo, observando el reflejo de la luna en un pequeño estanque cercano. El bosque que rodeaba el refugio de los Jenkins susurraba secretos entre las hojas, como si el mismo tiempo se detuviera en ese rincón escondido del mundo. El aire estaba impregnado con el aroma de tierra húmeda, pino y la magia latente que protegía aquellas tierras.

-No debería estar afuera sola -comentó una voz grave pero serena.

Melanie giró la cabeza y vio a Luka acercándose con pasos silenciosos, propios de alguien que ya no necesitaba respirar. El vampiro se sentó junto a ella, dejando que la distancia entre ambos hablara de su respeto. Era la primera vez que intercambiaban palabras. Aunque nunca habían conversado antes, ahora que le habían asignado cuidar de la pelirroja, Luka sabía que debía al menos intentar llevarse bien con ella. Estarían junto a la familia Jenkins por un largo tiempo.

Y, para su sorpresa, no le disgustaba. Le resultaba incluso entretenido. Valaquia había sido monótona durante siglos.

-¿Se siente bien, señorita? -preguntó, su tono suave, casi fraternal.

-Sí... solo estoy cansada de entrenar sin saber por qué ni para qué debo hacerlo -respondió ella, bajando la mirada con un suspiro cargado de frustración.

Luka asintió con comprensión. Él tampoco sabía mucho sobre la guerra que se avecinaba. Su jefe había revelado apenas lo justo y necesario. De momento, todo parecía tranquilo: las brujas Oscuras habían desaparecido, sin dejar rastro, pero Cassandra había advertido que no tardarían en regresar. Y no solo ellas: la actividad sobrenatural creciente en City Death había atraído a criaturas de todo tipo... y a los cazadores.

Ahora todos debían extremar las precauciones. La sección del bosque en la que residía la familia Jenkins estaba protegida por hechizos ancestrales, capaces de desviar la atención de los humanos. Pero no sería suficiente si el conflicto estallaba.

-Escuché que está entrenando con Cassandra. Eso le hará bien -dijo Luka tras unos segundos de silencio.

-Aún no entiendo cómo puedo ser una bruja -admitió Melanie con voz baja.

-Bueno... está en su sangre, ¿no?

Ella asintió, aunque aún confundida. Todo había empezado con un accidente. Durante un entrenamiento entre Kenneth y Misha, un golpe había arrojado al segundo contra un árbol, rompiendo un nido de hornero que cayó al suelo. Melanie se sintio mal al ver esto, y se dedicó a reconstruir el nido. Nadie le dio importancia en su momento, pero desde entonces comenzaron a notar algo extraño: ella podía comunicarse con los animales. Sentía sus emociones, sus pensamientos más básicos. Tenía una conexión con la naturaleza imposible de ignorar.

Solo los druidas y las brujas poseían ese don.

Cassandra lo supo desde el primer momento, aunque tardó en confesarlo. Cuando por fin se lo reveló a la familia Jenkins, hubo incredulidad. Pandora no tenía habilidades mágicas, ni ella misma sabía que venía de un linaje de brujas. Su madre biológica había muerto cuando era apenas una niña, y fue criada por una nodriza. Magnus y Pandora habían adoptado su apellido simplemente porque sonaba bien, sin imaginar que en realidad escondía un legado ancestral. Pandora no heredó la magia... pero su hija sí.

Melanie era la reencarnación de Dolores Jenkins. Solo Cassandra lo sabía. Pero aún no era tiempo de revelar quién fue realmente Dolores.

Por eso, decidió entrenarla. No había alternativa. Ese era el destino de Melanie.

-¿Y cómo lo lleva? -preguntó Luka, sacándola de sus pensamientos.

-Es difícil... -admitió ella, acariciando con los dedos un helecho cercano- pero al menos ahora sé cómo usar la energía de la naturaleza para curar heridas pequeñas.

Luka sonrió, complacido. La había observado entrenar, sabía que aún no dominaba sus dones, pero lo haría. Lo que más admiraba de la joven Jenkins era su perseverancia, esa obstinación feroz que la hacía levantarse una y otra vez.

-Solo quiero saber más sobre mi linaje -murmuró ella, con un dejo de amargura.

-Puede preguntarle a Cassandra, a Seutonio... o incluso a su padre -sugirió Luka, aunque ambos sabían que lo había intentado mil veces. Siempre recibía la misma evasiva: "no debes preocuparte por eso, solo entrena".

¿Cómo no preocuparse? Era su vida la que estaba en juego.

-No dirán nada -repitió ella con resignación.

Dirigió una última mirada a la luna. Sabía que debía irse. Su amigo la esperaba en el claro del bosque. Nadie sabía sobre sus escapadas nocturnas para encontrarse con aquel joven de la aldea. Y no quería que lo supieran. No deseaba ser encerrada de nuevo. Guardaría el secreto un tiempo más. ¿Qué daño podría causar una amistad con otro humano como ella?

-Creí que saldrías a cazar con los demás -comentó ella, intentando desviar la conversación.

-Tenemos reservas suficientes. Es mejor no arriesgarse por ahora. Últimamente se han visto sobrenaturales cerca de City Death... y cazadores tras ellos.

-¿Es cierto que el alcalde mandó cazadores para atrapar a Cassandra por brujería?

-Sí, pero a ellos eso no les importa. Solo cazan vampiros. Es curioso... los humanos matan animales para sobrevivir, y nadie los llama monstruos. Nosotros hacemos lo mismo, pero nos llaman hijos del Diablo. Nos odian por lo que somos.




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