Decir que estaba asustada era poco. Sentía que el miedo le crecía como espinas bajo la piel, pero aun así avanzaba. No sabía si confiar en aquella bruja, pero ¿qué otra opción tenía?
Quería ayudar a Dimitrius. Quería darle lo que deseaba. Y más allá de todo razonamiento, más allá del bien o del mal, no podía permitir que lo alejaran de ella.
Dimitrius la hacía sentir… como su igual. No le hablaba con condescendencia, no temía a su oscuridad ni la juzgaba. Y aunque su familia jamás aprobaría su cercanía con él —ni tampoco lo comprenderían—, Melanie estaba decidida. Era su deseo.
Solo necesitaba una cosa: el libro de City Death.
Ya lo había visto. Sabía que lo tenía Cassandra. No entendía por qué era tan importante, pero si eso era lo que la bruja Oscura requería, entonces se lo llevaría. Lo haría todo por él.
Pero en el fondo sabía que no era solo por ayudarlo.
Dimitrius despertaba algo en ella que nadie más conseguía. No era compasión… tampoco simple deseo.
Era una atracción peligrosa, magnética.
Como si sus destinos hubieran estado enredados mucho antes de que se conocieran.
Y cuanto más intentaba convencerse de que era un error… más imposible le resultaba alejarse de él.
—¿Por qué tan ansiosa? —La voz rasposa y excéntrica de Misha la sobresaltó—. Controla tus latidos, mis tímpanos están a punto de estallar.
—¡Oye! ¡Tú me asustaste!
—Ajá. Pero no respondiste mi pregunta… ¿Qué ocultas?
Melanie no contestó. Su respiración se aceleró mientras se escabullía hacia la habitación de Cassandra en busca del libro. Pero el estante estaba vacío.
—Oh… así que buscas el libro de City Death —murmuró Misha desde el marco de la puerta.
Melanie se giró, mirándolo con frustración.
—¿Tú sabes dónde lo guarda?
Misha negó lentamente, con una sonrisa ladeada que irritó a la chica aún más.
—Cassandra sabía que lo buscarías. Se lo llevó con ella.
Maldita sea. La bruja blanca había adivinado sus intenciones. Siempre un paso adelante.
Cassandra temía que las brujas oscuras pudieran engañar a Melanie. Pero había sido la misma Melanie quien acudió a Adriana por voluntad propia.
Melanie estaba cruzando límites y tomando decisiones imprudentes, dispuesta a pactar con el enemigo.
Todo por Dimitrius. Aun si ese mismo muchacho, por quien se sentía tan intensamente atraída, pudiera ser su mayor pecado.
—¿Dónde fue Cassandra? Es importante. Necesito hablar con ella.
—A la aldea.
—¡Pero la están buscando! ¡Pueden matarla!
—Tranquila. Usó un hechizo de ilusión. Nadie la reconocerá. Espera a que vuelva…
—No es a ella a quien quiero…
Misha frunció el ceño, pero no dijo nada. Melanie ya había salido corriendo, con el corazón apretado. Sabía que esa noche no dormiría. Y tampoco lo haría su conciencia.
Mientras caminaba por el bosque, los primeros indicios del alba comenzaban a teñir el cielo de un gris azulado. Las sombras aún se aferraban a los árboles y el silencio era profundo, casi antinatural.
De pronto, algo cambió en el bosque.
Los pájaros callaron.
El viento dejó de moverse entre las ramas. Y entonces llegó el rugido. No fue solo un sonido. Fue una presencia. Una fuerza salvaje que hizo vibrar el aire.
Antes de que Melanie pudiera reaccionar, una sombra blanca salió disparada desde los arbustos y la derribó con brutalidad contra el suelo.
Cuando levantó la mirada, con el cuerpo aún temblando, sus ojos se encontraron con una criatura tan majestuosa como aterradora.
Un lobo de pelaje blanco puro, enorme, de casi dos metros de largo, la observaba con sus ojos azules. Solo la miraba… como si la reconociera.
—¿Q-qué…?
El lobo dio un paso hacia ella, y su forma comenzó a mutar. La carne crujió, los huesos se reacomodaron. En segundos, donde antes había una bestia, ahora había un hombre desnudo, de complexión fuerte y porte imponente. Su cabello canoso caía desordenado sobre los hombros, y sus ojos —idénticos a los del lobo— brillaban con intensidad.
—Estás en mi territorio —dijo con voz grave y pausada.
Melanie se incorporó con dificultad, apartando la vista al notar su desnudez. Pero el hombre no parecía afectado por ello.
—Lo siento… no sabía… —tartamudeó.
—Los de tu especie no suelen saber nada —respondió sin hostilidad, pero con dureza—. No esperábamos ver a una Jenkins vagando sola, tan cerca del corazón del bosque.
Melanie se tensó. ¿Cómo sabía quién era?
—¿Quién eres tú?
—Mi nombre es Robert. Líder de la manada Lunaroja. Fundadores de City Death y protectores de los vivos.
—Ya veo… Cuando llegamos no había nadie aquí.
—Nos tuvimos que ir por los cazadores. Pero hemos regresado… y recuperaremos lo que nos pertenece.
Melanie se tensó. No quería verse metida en un enfrentamiento entre lobos y vampiros cuando ya existían problemas mucho más grandes.
#1081 en Fantasía
#614 en Personajes sobrenaturales
lilith, brujas y seressobrenaturales, brujas hombreslobo vampiros
Editado: 23.09.2026