Mi madre

Los Murguiondo-Aldama

LOS ALDAMA

La política les interesaba muchísimo. Eran tiempos muy convulsionados. Uno de mis abuelos, Miguel Aldama, que estaba escondido por motivos políticos, salió disfrazado de mujer con ropa de las hermanas, tomo un coche y se fue a donde estaban guerreando ferozmente. El iba a dirigirlos. Era coronel de Aparicio

Sobre Miguel Aldama hay una pequeña reseña en el libro La Estancia.

LOS MURGUIONDO

Pedro Murguiondo y Florinda Arroyal

Mi madre me contó que ella atendía partos y pequeñas dolencias de los niños que vivían en la zona. Con su experiencia de madre, había aprendido a curarlas. Su esposo la veneraba y cuando ella falleció, él quedó desconsolado. Ella muy católica y él se había interesado para aprender. Después de la muerte de ella, él se pasaba el día rezando. Los hijos le hicieron un reclinatorio porque les daba lastima verlo de rodillas en el piso a pesar de estar viejito, enfermo y quebrado por el dolor.

La muerte de Pedro

El siempre se ponia en la portera del camino por donde pasaba su hijo Jos´E, galopando cada mañana. Ese día le pidió que parara pero José, muy apurado, le hizo señas de que venia a visitarlo a la vuelta. Cuando volvió, Pedro ya había muerto. José quedó con ese pesar de por vida. Se lo contó a tu abuelo

LOS MURGUIONDO-ALDAMA

Yo no los conocí a todos. Algunos ya habían muerto cuando yo nací. Los varones estudiaron. Las mujeres se dedicaban a la casa y eran buenas anfitrionas. Aprendían idiomas e iban a un colegio de hermanas alemanas. Allí daban una buena educación y, en esa época, estaban de moda sus conceptos sobre las tareas femeninas en el hogar.

El colegio de las Hermanas Alemanas

Cuando la famiia aun no se había venido de Durazno, mi mama y sus amigas, iba como internas al colegio luego de haber terminado la escuela. Por ejemplo, la madre de Olga Escaróon era compañera suya.

Cuando mamá vino a Montevideo, se anotó en un pensionado de esas hermanos. Como exalumna del colegio, le hicieron un lugar.

Quedó con buenos recuerdos aunque criticaba todo. Por ejemplo, la escasez de comida. Sus quejas, sin embargo, era sutiles. Habia chicas con mucho sentido del humor que empezaban a hacer alusión a que la comida era escasa para todas ellas. Le daban de postre dulce de membrillo y una de ellas lo levantaba y decía: "Ay, veo a fulana a través del dulce".

Eso era una forma de decir que fulana cortaba el dulce de membrillo en rodajas muy finitas. Era época de guerra y la situación no daría para más.

Las monjas no eran todas tan encantadoras. Habia celos y criticas veladas por las dificultades para vivir y adaptarse a las nuevas economías. Decían que eran muy severas con los horarios y los muchachos brillaban por la ausencia.

Eran épocas criticas de búsqueda de un cambio importante y al final marcaron cambios en la estructura de la sociedad. Algunas colgaban el habito y ya quedaban mal miradas, otras se casaban y vivían felices con sus maridos.

MIS ABUELOS, SEGÚN MI MADRE

Mi padre era el mayor de 17 hermanos. Vino a trabajar a Montevideo. Había conseguido un trabajo en la Ford donde aprendió mucho de autos y pudo costear la carrera de médico del hermano que le seguía en edad, Heraclio.

Mi abuelo materno, ya viudo, había venido a Montevideo con sus hijas solteras aun. Mamá er muy coqueta y siempre estaba a la moda. Era petisita y a veces engordaba y luego adelgazaba. La gordura no la ayudaba, pero la llevaba con mucho garbo, comprando ropa adecuado a su físico.

Mis padres se conocieron en una reunion familiar en Montevideo. Se enamoraron y se casaron en 8 meses. Teniendo mi madre un establecimiento que había heredado en el campo, pasábamos períodos allá. En Montevideo teníamos un apartamento alquilado.

Un recuerdo muy antiguo de mi madre

Mi madre fue a la peluquería y se tiñó el pelo. Yo era chiquita, de brazos, y estaba con la empleada. Mamá llegó muy agitada de la peluquería porque había tardado más de lo esperado y era en el centro, en la ciudad vieja. Cuando llegó yo la veía toda peinada pero no sabía decirle: “Quedaste linda”.

Era pequeñita pero tenia un corazón que no le cabía en el pecho. Ayudaba a los minusválidos y aconsejaba sabiamente. Era intuitiva, diligente, generosa. Tomó a su cargo 3 sobrinas, 3 niñas pequeñas de 7, 5 y 3 años, que pasaron a ser mis hermanas. Di gracias por ese regalo de la vida. Ellas fueron mis mejores amigas y quisieron a mi madre como propia.




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